El mal de amor de un huevo podrido

13 de junio del 2013

Con él aprendí miles de cosas interesantes. En cuestiones de música, conocí entre otros artistas, a su gran ídolo Siouxsie Sioux.

Se llama John.  Con mi amiga Verónica lo bautizamos ¨Huevo Revuelto¨ luego de un accidente que tuvo y después del cual quedó con una cara totalmente distinta.  Según ella, el es satánico.  Yo se que esta mal burlarse de una cosa tan grave como lo que le pasó, pero hay muchas razones por las cuales lo hago.  Tal vez la mayor, es que hasta el día de hoy, John ha sido el único amor de mi vida.  Y uno tiene derecho a ser rabón.

La historia comenzó hace muchos, muchos años, cuando llegué a Nueva York.  En esa fase inicial de querer experimentarlo todo, de descubrir sitios, sabores y placeres, me dio un día por salir a un bar gay de Long Island en su noche ¨gótica¨.  Luego de indagar qué podía usar como atuendo para que no me sacaran a patadas por desentonar, opté por unos jeans y una camiseta negra.  Simple.  Al entrar a ¨Silver Lining¨ quede en shock, porque sentí como si estuviera entrando al mundo de Tim Burton.  Los hombres casi todos, tal vez por la época, imitaban el look de Johnny Deep en Edward Scissorhands y las mujeres parecían morir de asfixia dentro de unos vestidos ajustadísimos en hule y cuero.  Pero él no:  John llego igual a mí, todo de negro, sin maquillaje y con su amiga Jen.  Se sentaron a mi lado, y yo le hable a ella, luego a el.  Dos semanas después de esa noche, ya éramos pareja.

Con él aprendí miles de cosas interesantes.  En cuestiones de música, conocí entre otros artistas, a su gran ídolo Siouxsie Sioux, Dead Can Dance, Klaus Nomi, y oí a Nina Hagen muchas veces hasta las 3 de la mañana.  Su música era en cierto modo, tan oscura como su corazón.  Pero yo no veía eso, y me parecía fantástico que usara botas negras con plataforma de 15 centímetros, que odiara a todo el mundo de su mundo y de mi mundo, y que se enfrascara en discusiones acaloradas con cuanta mesera, funcionario de banco, taxista, o administrador de bar se cruzara en su camino.  Como yo estaba enamorado, veía sus reacciones como la manifestación de la ira y de un dolor profundo, causados por la reciente muerte de la abuela que lo había criado.  La mamá siempre había tenido que trabajar, porque al papá de John lo mataron a palos por un negocio turbio de drogas cuando ella estaba embarazada.

Después de tres años de verlo todo bajo ese engañoso velo del enamoramiento, poco a poco fui descubriendo que esa energía me envolvía mas allá de lo que yo creía permitir.  Resulté solísimo, alejado de todo el mundo.  Él dejó de esforzarse por ocultar sus monstruos así que los dejo a todos por fuera y lo viví cínico, cruel, violento y realmente malvado.  Así que, con el dolor del alma, agarré mis cosas y me fui.  Y volví.  Y me volví a ir.  Y regresÉ.  Pero finalmente fue él quien decidió que no más y ahí mi corazón se rompió en diez mil pedazos.  Y estuve mal por años.

Mientras tanto Él se enamoró de un hombre de Filadelfia, enmarihuanados se estrellaron y John sufrió tantas fracturas en la cara y cráneo que tuvieron que remplazarle con metal desde la nariz y casi hasta la nuca lo que antes era hueso.  Y se recuperó pero quedÓ adicto a las medicinas para el dolor, la ansiedad, y todo lo que, relacionado con sus órganos internos, dejo de funcionar como era debido.

Luego, la mamá se enfermó de cáncer.  Y nos reunió una vez más en su lecho de muerte.  Uno a cada lado de ella, agarramos sus manos mientras se le apagaba la vida.

Años mas tarde, una nueva tragedia: manejando carro ajeno, borracho, con un grupo de amigos luego de salir de un bar, se estrello contra un camión en una autopista de Long Island.  Salió ileso, pero a la cárcel, porque detrás de él iba su eterna amiga Jen, y de ese accidente ella no salió viva.

Como se trata de un personaje que acumula odios a los largo de la vida, nadie quiso dar un peso por el.  Por una coincidencia me enteré y fui el único que lo visitó en la cárcel.  Le ayudé, recibí sus llamadas y logré finalmente entender que la vida pasa porque y como tiene que pasar.  No hay nada que podamos hacer para cambiarla.  John y yo somos amigos hoy, no es algo que quiera evitar.  El quiere que nos demos una oportunidad, pero yo le dije que me gasté mucho tiempo aprendiendo a no amarlo mas y que de allí no hay regreso.

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