¿Importa el acento?

¿Importa el acento?

14 de marzo del 2019

Navegando por las aguas turbias de las redes sociales, en las que flotan por estos días las denuncias de acoso sexual  y laboral de nuestras futbolistas profesionales, de los árbitros; las contradicciones con la JEP; el paro indígena; Electricaribe; los robos de bicicletas y las absurdas burlas al estado de salud del profesor Mockus, me encontré con un debate que tocó fibras y me hizo reflexionar sobre un tema que, para mí, es banal pero que por muchos años ha sido la tarima de enfrentamientos y disputas a golpes de ego: ¿en realidad importa el acento?

El debate comenzó cuando un tuitero o tuitera se atrevió a afirmar que ‘los rolos tenemos acento’. ¿Esto es cierto? ¿Desde cuándo? ¿Luego no somos el tonillo neutro de Latinoamérica? Pues para los que siempre creímos esto, nos acabamos de dar un ‘totazo’ contra el mundo. Siempre hemos escuchado, en ‘Rololandia’, diferentes dialectos dignos de análisis, interpretación y virtud de entendimiento.

La lengua española (suena como a plato de restaurante) “es una familia de cincuenta y ocho lenguas o variedades, que constituyen una cadena de solidaridad gramática, con eslabones contiguos o eslabones más separados”, según la lingüística. Además, es la más hablada en el mundo por el número de personas que la tienen como ‘materna’.

Leyeron bien… 58 variedades. Entonces, ¿desde cuándo los bogotanos, nacidos en Bogotá, creímos que nuestro dialecto es único, irrepetible e inconfundible? Debo aceptar que hice parte del grupo de incautos que creía en la unanimidad de mi habla; y debo agachar la cabeza y admitir que los rolos también tenemos nuestros ‘dimes y diretes’ a la hora de expresar las ideas.

La persona que dio inicio al debate, en microsegundos, fue apoyada por un montón de paisas y costeños de los dos océanos que, literalmente, ‘se juagaron los pies’ en sendos comentarios y aprovecharon para ‘mamarle gallo’ a cuanto rolo indignado se atravesó por sus pantallas.

El o la artífice de esta divertida tertulia es @_copelia__ . Por su foto, demás bonita, intuyo que es una mujer; no tiene explicación en su perfil y el retrato es el de uno de sus ojos. Dice que es de Medellín y que se unió a Twitter en febrero de este año; es decir, me atrevo a intuir, una ‘millennial’ que en mes y medio consiguió 778 seguidores y 4.392 ‘me gusta’ para sus publicaciones. O puede ser una ‘viejennial’, que se las tira de jovencita y que, hasta hace 45 días, se lanzó a este mar de oportunidades y desdichas.

Según Copelia, “los rolos nos la pasamos preguntando cosas, a la hora de hablar”. Acá les dejó la evidencia del texto con el que fue abierta esta jovial confrontación:

Al terminar de leer el mensaje, me pregunté: ¿será que es costumbre cuestionar todo? Creería que sí porque eso hace parte de mi oficio. Pero traté de recordar alguna conversación que no tuviera que ver con mi trabajo y escudriñé en las neuronas del recuerdo.

Un frio vago, con sudor de temperatura similar, pasó por mi cuerpo y me sacudió. Además, el estómago se me revolvió y los disparadores del mal genio y ‘la rabonada’ hicieron clic. Me acordé de que en muchas ocasiones, cuando estoy dando explicaciones, remato con la pregunta ¿me hago entender? Después aparecieron: ¿cierto? ¿sí o no? ¿Y qué más? Y lo más fuerte llegó a mi cabeza minutos después: me di cuenta de que tendemos a subir la entonación en los finales de cada palabra. ¿Más pruebas? Seseamos constantemente; decimos ‘o sea’ y ‘es decir’, en casi todas las frases; y las finalizamos con una palabra de grueso calibre, por lo general.

¡Claro que tenemos acento!

Y, a partir de ahora, me comprometo a llevarlo dignamente y a presentárselo a cuanto criticón se me atraviese, así como hice cuando me puse medias y tenis en la playa y cargué, colgado al cuello, un tarro lleno de monedas para comprar gafas, sombreros y una que otra jaiba (aclaro que ya no lo hago).

Si se toman la molestia de ir al debate al que he hecho referencia, se encontrarán con todo tipo de comentarios en pro y en contra de la cadencia ‘rola’. Acá están los que, en mi humilde opinión, son los más divertidos:

No obstante, debo aclarar que el ‘rolo’ no es el único sonsonete que utilizamos los bogotanos.

Lo que ha llegado desde innumerables zonas colombianas a la capital, en materia de frases y expresiones, es un compendio de armas lingüísticas que sirven para diferentes objetivos. Y que, bien adaptadas, generan grandes resultados. Pero esto es ‘harina de otra columna’.

También, debo admitir que le he dado palo a los acentos de otras regiones, y que frases tales como “más bueno que un costalao de gomitas”; “más aburrido que un pescao en un tetero”; “cule fiesta jopo, no joda”; “calmáte y manejá los tiempos”; “habláme, ve”; “no ombe, que va”; “chámbilo”; “aguanta el burro”; “a descrestar calentanos”; y la concebida pero nunca bien ponderada “eso vale mondá” me han alegrado la vida.

Los invito a la reflexión y a “tomarla suave”. No hay que pelear por el acento; con todos se puede fregar la vida. Y lo mejor de todo es que, en Bogotá, abundan.

¿Me hice entender?

@HernanLopezAya

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