“Incendies” o de cómo hacer una buena versión de “Edipo”

12 de enero del 2012

“Edipo” es, para Aristóteles, la tragedia por excelencia. Tan es así que muchos de los preceptos y análisis que emplea en su afamada “Poética” sólo se pueden aplicar a la obra de Sófocles. Recordemos. Edipo, rey de Tebas, se entera que debe castigar la muerte de su antecesor para terminar con la plaga que azota […]

“Edipo” es, para Aristóteles, la tragedia por excelencia. Tan es así que muchos de los preceptos y análisis que emplea en su afamada “Poética” sólo se pueden aplicar a la obra de Sófocles. Recordemos. Edipo, rey de Tebas, se entera que debe castigar la muerte de su antecesor para terminar con la plaga que azota a su reino. De modo que comienza la búsqueda de tal criminal para terminar con ésta. Se entera al final que él mismo fue el asesino, pero más que esto, que al que había matado era su padre y que al llegar a Tebas y casarse con la reina se había casado, y acostado, con su madre. La tragedia consiste en que Edipo, a pesar de ser un buen hombre, es llevado por fuerzas ajenas a él a cometer actos contra natura. Edipo, una vez se entera de lo ocurrido, se saca él mismo los ojos y se destierra. Es una tragedia horrible cuyo éxito literario está en la identificación que siente el lector con Edipo y la certeza que éste, el lector, siente de la inocencia del personaje y de la posibilidad de que a él mismo le ocurra. Obviamente usted o yo, como lectores contemporáneos, no llegaremos a un grado de identificación tan completo. Usted y yo, por ejemplo, no somos reyes griegos. Sin embargo, está la sensación de que uno, haciendo lo mejor que está en sus manos, puede ser llevado a la desgracia sin siquiera merecerlo o proponérselo. Ahí está el éxito de la tragedia griega y de “Edipo” en especial.

Que Aristóteles haya hablado tanto de la obra de Sófocles ayuda a su fama. Sin embargo la obra se sostiene por sí misma. De modo que las versiones que ésta ha tenido a lo largo de la historia de la literatura no son pocas. Versiones directas o versiones cuyo rasgo contextual se puede rastrear. El cine, siendo un arte que nace anexo a la literatura, no podía ser ajeno a esta influencia. Versiones de las tragedias griegas se han hecho por montones, pero pocas con éxito real. O se hacen adaptación literales y aburridísimas o se hacen malas adaptación que desconocen el contexto actual. García Márquez, quien sabe de sobra la importancia de los griegos, trató de hacer una adaptación del mismo Edipo con “Edipo, alcalde” y no fue, precisamente, ovacionada por la crítica.

Sí, “Edipo” es perfecto, pero no hay que leer a Aristóteles al dedillo. Hay que emular lo hecho por Sófocles, pero no plagiarlo, como casi se siguiere en la “Poética”. Una buena adaptación comprende aquello. “Incidies”, de Denis Villeneuve, lo hace a la perfección. Toma los elementos esenciales de la obra (el acto contra natura, la inocencia del personaje y su trágico conocimiento mucho después de que haya ocurrido el hecho) y los pone de manera impecable en una historia contemporánea y plausible. Tomando toda la fuerza de la tragedia y trasportándola a estos años convulsos que no han estado exentos de guerra. Y, para resaltar de intertextualidad que el espectador que haya leído a Sófocles agradecerá, el personaje es marcado desde la primera escena en uno de sus talones, tal como el mismo Edipo fue marcado (y de donde recibe su nombre).

Es un placer ver películas que puedan retomar de forma impecable los mitos griegos, pues éstos no son clásicos por puro capricho occidental, sino por razones que, si usted va a ver la película, entenderá.

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