Isaac Holton, el aventurero de los Andes

Isaac Holton, el aventurero de los Andes

13 de octubre del 2016

En 1853 la Nueva Granada contaba con 2.240.000 habitantes, era prácticamente un conjunto de aldeas, pueblos y rancherías, y una república sumida en la pobreza y la violencia política.

Por esa época arribó Isaac Holton, un profesor de química, botánica e historia natural del Middlebury College en Vermont, Estados Unidos, quien dejó plasmadas sus memorias en un libro titulado veinte meses en los andes, dando cuenta allí del clima, la geografía, las costumbres de la gente, la fauna y la flora.

En sus correrías, vio aldeas en que los curas estaban dedicados a procrear en exceso; lugares habitados por niños con barrigas de gran tamaño (que sus padres atribuían a la ingesta de tierra); hombres que trabajaban duro como bogas, para luego gastarse la plata obtenida en vicios; vio que la tierra aquí es tan prolífica, que una persona podría vivir de ella sin trabajar; vio algunos habitantes proclives a la violencia; vio un orfanato (con un torno para entregar a los niños abandonados, con la mayor discreción); vio que la pena de muerte se aplicaba por estrangulamiento, con un anillo en el cuello, por ser supuestamente más humana; registró una conversación interesante entre dos miembros que habían participado en la expedición botánica y que tenían posiciones ideológicas antagónicas (uno era conservador; el otro, liberal radical); vio el cementerio de los pobres (cubierto de chulos y calaveras expuestas); vio hospitales y cárceles en estado lamentable; vio que las corridas de toros estaban prohibidas en Bogotá, por el número de heridos y muertos que dejaban; vio que los campesinos dormían sobre cueros, y con la ropa puesta; vio que los textos de enseñanza que usaban los niños, eran para adultos; vio que había mucha burocracia; vio funcionarios que presumían de sus apellidos; vio un río Bogotá ya contaminado, por el paso de sus aguas a través de rocas de esquisto en descomposición y sobre bancos carboníferos; vio que los presos construían caminos; sintió que los Granadinos lo recibían con mucha efusividad “tan extraña a nosotros”; vio un ataúd público y muchas otras cosas más.

De todo iba sacando conclusiones y haciendo diagnósticos. Llama la atención, por su vigencia, algunas de sus sentencias: “Lo único que le falta (a la nueva granada) para ser una de las mejores razas de la tierra es educación adecuada” “hay un partido conservador, pero se desconoce el espíritu conservador” “la profesión de maestro no tiene ningún prestigio” “hay muy poca afición por la investigación” “todo el aprendizaje es de memoria y a los alumnos no los enseñan a pensar” “la lectura de la biblia podría prevenir el hurto de cercas”; y cuando se internaba en largas caminatas y expediciones por la naturaleza, en actitud contemplativa, esta otra reflexión le surgió: “en la nueva granada aprecian poco lo sublime, quizá por tenerlo en tanta abundancia”.

También resulta curiosa una explicación científica, a manera de hipótesis, sobre el origen de los pisos térmicos: “la superficie esta mucho más lejos del fuego interno de la tierra…”

Lo cierto es que nadie como un extranjero aprecia la riqueza y diversidad de estas tierras; y nadie como un extranjero y su ojo crítico de viajero, aun con ciertos sesgos culturales, nos hacen ver los errores que cometemos como sociedad.

@amvela
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