Je suis…

9 de febrero del 2015

Ya es, al parecer costumbre, ver en los medios de comunicación noticias dolorosas, tristes, atroces y a veces inimaginables de lo que sucede en nuestro país.  Y pareciera que eso precisamente hubiera pasado recientemente con los cuatro niños que asesinaron en Caquetá con tiros a poca distancia, con tiros en sus cabezas. No quiero imaginar […]

Ya es, al parecer costumbre, ver en los medios de comunicación noticias dolorosas, tristes, atroces y a veces inimaginables de lo que sucede en nuestro país.  Y pareciera que eso precisamente hubiera pasado recientemente con los cuatro niños que asesinaron en Caquetá con tiros a poca distancia, con tiros en sus cabezas.

No quiero imaginar lo que sintieron esos niños y niñas en el mismo instante en el que vieron ingresar a su humilde casa a personas armadas, cuando alcanzaron a ver esas armas cerca a sus rostros, a sus cabezas, cuando los otros tres vieron como asesinaban al primero, los otros dos al segundo y cómo el ultimo ya en medio del terror y la tristeza de ver a sus hermanitos muertos, sabía que él o ella era quien seguía y sabía qué le “iba a esperar” –si es que así hubiera sucedido- y cuando intento hacerlo, situarme en esa situación, en ese momento, siento un vacío en el estómago.

Aún recuerdo la indignación que vivió el mundo entero, incluyendo a Colombia, cuando sucedió el ataque en París a Charlie Hebdo. Pero esa misma indignación no sucedió está vez con el caso de estos 4 niños, o con el aberrante caso de los 4 niños abusados y torturados en Ciudad Bolívar el pasado mes de Diciembre por una supuesta secta satánica, ni tampoco recuerdo indignación alguna por los 11.333 casos de violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes según datos recolectados hasta 2013 y de los que aún falte conocer por parte de Medicina Legal del año 2014. Tampoco hay indignación por los 2155 casos de niños y niñas que han sido asesinados en los últimos dos años, según datos de la Defensoría del Pueblo.

Mientras esto pasaba en las noticias y a algunos nos movía fibras, la gente regresaba a sus burbujas y se interesaba por criticar o burlarse del nombre del segundo hijo de Shakira – Sasha – o se interesaba por lo que había pasado con el quinto metatarso o mejor dicho con el dedo chiquito del pie de James.

Pero finalmente, eso es lo que pasa en nuestro país. La gente se indigna por dos o tres días – a lo sumo- y solamente por redes sociales. Pero cuando se proponen consultas populares, actividades o participar en organizaciones sociales para construir y luchar por un país diferente, la gente vuelve de nuevo a su burbuja. Esa, que no niego, quisiera tener un alfiler para rompérsela a todos y que aterrizaran en este mundo real, donde las violaciones, las muertes, los asesinatos, la desnutrición, el despojo, el hambre, las enfermedades y todas las injusticias son el pan de cada día.

Así que yo hoy oficialmente digo #JeSuisLesEnfantsDeCaqueta, sólo como forma de solidaridad con mi país, como símbolo de muestra al mundo de que aquí también vivimos cosas atroces, injustas. Muy dolorosas. Como grito en medio de una sociedad que cada día parece más sorda con sus hermanos y hermanas. Como invitación a ¡romper burbujas!

@AnaRizoD

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