Las bellas entre las bestias

15 de agosto del 2012

Afiche promocional de Marilyn Monroe.

La semana anterior andaba buscando un tema para esta columna. No podía quejarme por las opciones: la recaída de Petro, en su salud y en las encuestas, algunos dicen que la culpable es su boina, aconsejada por el médico que atiende al burgomaestre capitalino, cuyo criterio en cuestión de moda es similar al Pilar Castaño en cultura aborigen o teoría política.

Por estos días anda indignada con el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, porque él decidió –asesorado por su esposa Ana Lucrecia- expedir el decreto que prohíbe los reinados en los colegios del departamento. Y claro, se preguntaba Pilar: “¿Qué harán las niñas de la tierra de mujeres más hermosas?”, “¿cómo hacemos ahora para subirle el autoestima a las adolescentes?” A qué se dedicarán ahora los salones de belleza, los confeccionistas, las clínicas de cirugía estética, todos los que de una u otra forma viven del negocio de los reinados. Porque alcanzar de nuevo la cúspide de “hombre con hombre, mujer con mujer”, no se logra de la noche a la mañana, no señores, es fruto de toda una escuela, del esfuerzo y tesón de años de aprendizaje.

¿O hablar de los Olímpicos?, cuando “Richie” Orrego con su paradito de pingüino veraniego nos mantenía al tanto de lo que pasaba, es decir, de sus chascos con la noche londinense, o sus escapadas a la zona del Soho con alguna medallista a tomarse una cerveza o un trago en algo que parecía un Pub bogotano, buscando una nueva versión de la canción de los arrieros cafeteros. Pero se encontró con que la gente en Londres no le canta a la tierrita, y no son huraños con los visitantes. O entrometidos, como Cesar Augusto Londoño. Y un escenario peor: encontrarme al mediodía a Luis Carlos -diga sí o no- Vélez, que tenía hastiadas a la arreglista y las maquilladoras de Caracol porque no le cuadraban su peinado de lambido de vaca sagrada, de una Holstein, como las que en Bogotá viven esperándolo en Andrés DC, que no acaba de sacarle la leche a sus trabajadores. No, sólo le faltaban al nuevo director las tirantes masculinas y los pantalones cortos para parecer –como a don Carlos Antonio le gusta- todo un namby pamby del periodismo: malcriado con los débiles, y juicioso ante los poderosos.

Pero lo que llamó mi atención fue la celebración de los cincuenta años de fallecida de Marilyn Monroe. La diva por excelencia estadounidense. En todo el mundo los homenajes estuvieron a la orden día: en la mansión de Play Boy en Los Ángeles, con un Hugh Hefner inapetente, tomando un trago abrazado a dos de sus rubias novias (o ex, no sé) como un harapo viejo colgado de un gancho, relataba cómo conoció y contrató a Marilyn Monroe para su primera portada en 1953 “no le coloqué fecha a la revista, porque creí que no iba a haber una segunda edición…”. En Bogotá se hicieron diversos eventos, algunos centros comerciales contrataron modelos que simulaban ser la diva para la foto con los visitantes. En los noticieros la cosa fue parecida, en CM& Andreína lució un vestido blanco a la usanza de los cincuenta, y una sonrisa aún más fingida de lo que estamos acostumbrados, casi tanto como Eva Rey, cuando la farándula era lo suyo, hoy anda en las mismas, fingiendo de políticamente incorrecta, remplazando a Vicky Dávila en RCN.

Andreína fue invitada por un selecto grupo de bogotanos admiradores de Marilyn Monroe. La reunión que incluía libros, cuadros, revistas, posters, y una buena botella de whisky, convocó a lo más granado de la juventud conservadora de los cincuenta: Carlos Holguín Sardi, el poeta nadaísta Jota Mario Arbeláez, y otros admiradores. Cualquier invitado despistado se hubiera confundido con un hogar geriátrico o una liga de masones nostálgicos. Me pregunto ahora que veo una foto enmarcada de Marilyn sentada coquetamente, fumando su cigarrillo de forma delicada, que presenta a la cámara Carlos Holguín Sardi, cuál de los dos es el que aún vive, o quién lleva cincuenta años en las mismas: ella provocando elogios y pasiones, o él, cavilando las formas para regenerar al país. Me imagino que pasaría si retrocedemos cincuenta años: estamos en 1962, ella acaba de salir de algún sesión de fotografía, con la sonrisa pilla a la espera de uno de los Kennedy en su auto privado; en tanto Holguín Sardi, que por azar de la vida o defecto de mi ensoñación parece cincuenta años más viejo, aparece con su vestido de traje y corbata en el Jockey Club, agazapado tras la sombra de los dinosaurios conservadores.

Pero pensé, si ella quiere escuchar a alguien que la enamore, y no que la espante, o le pida que le suelte el ruedo a su falda, pues quién mejor que los nadaístas, esa generación de ávidos lectores y desocupados escritores. Y en la cámara apareció Jota Mario Arbeláez declamando “El profeta en su casa” mientras se acomodaba su pañoleta bendecida para las sociales de Kien y Ke, pues ya lo conocen los fotógrafos de farándula y hasta le tienen sus mentecatos para la instantánea, como los meseros en los cocteles del Gun Club o las galerías de El Chicó. Pues con Ana Marta de Pizarro y él no dan abasto. Están peor que Jairo Dueñas en Cromos, cuya línea editorial es la fotografía: la de fotografiarse a sí mismo.

Andreína entrevistaba a Jota Mario y él le declamaba unas breves palabras. La reunión fue amena, creo que quién más disfrutó fue Marilyn y el tipo de la cámara, que por sus tomas parece que se acabó la botella de Buchanans él solo.

Y Andreína, con la sonrisa fabricada por Marlon Becerra posaba como Marilyn: delicada, coqueta frente a la cámara, para no perder la noción del tiempo, porque pensaba que no se celebraban cincuenta años del fallecimiento de la diva de Hollywood, sino de una reunión secreta para decretar el rumbo del país para el nuevo siglo XX: cuya mejor idea fue la que expuso Carlos Holguín “que las muchachas no puedan mostrar sus encantos sino en una atmósfera de recogimiento”. No sé si se refería a la habitación matrimonial suya o a los reinados que Fajardo prohibió. Debería comentarle la idea a Pilar Castaño, quizás la entienda y finja que va por buen camino.

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