La coca de la televisión

La coca de la televisión

24 de julio del 2018

Es un mentiroso quien asegure que nunca en su vida ha sufrido un chasco (palabra de mamá bogotana). Los escenarios para los tropiezos son múltiples, al igual que las situaciones y los involucrados. Pero este desliz es ‘más destacado’ cuando quien lo sufre es un famoso.

Recordemos algunos:

¿Qué tal el de los escoltas de Barack Obama, ‘echados al agua’ por haber tenido una ‘nochecita de fiesta’ en Cartagena con la voluptuosa prepago Dania Londoño? En vísperas de la VI Cumbre de las Américas, año 2012, varios agentes se alzaron la bata en compañía de la susodicha y uno de ellos tuvo relaciones sexuales con ella.

Tras quedarse dormido, y al mejor estilo colombiano, el hombre le hizo ‘conejo’ con la cuenta. Por 800 dólares el chisme salió a flote y empantanó, de un solo tiro, al servicio secreto norteamericano, a Obama y a la Cumbre.

En la misma Cumbre, Shakira destacó la libertad ‘de Ublime’ mientras cantaba el himno de Colombia; y en 2016, se tomó una foto en la que, además de estar pintándose las uñas de los pies se veía un vibrador de color fucsia.

Y qué me dicen de la metida de pata del ‘Community Manager’ del diario El Tiempo, en 2010, cuando lleno de euforia, me imagino, preguntó a través de la cuenta de Twitter del diario “¿cómo están celebrando en sus oficinas o donde se encuentren, la muerte de Jojoy?”. En este caso, podríamos decir que el famoso es el periódico; y el personaje en cuestión, seguramente, será famoso entre sus amigos.

Pues el turno llegó, en 2018, para Vanessa de La Torre, la presentadora del informativo del medio día en el Canal Caracol. Tras un error técnico y con la ayuda de los ligeros dedos de un personaje que se encarga de colocar las imágenes de las cámaras, en directo, De La Torre apareció apoltronada en su silla de presentación, con un recipiente en su mano izquierda, repleto de verduras; y en su mano derecha, su celular.

Al ser advertida por el productor de la emisión, a través de su intercomunicador, Vanessa dio un salto, o mejor, ‘pegó un brinco’ al estilo de Michael Jordan y con agilidad sobrenatural escondió el teléfono y camufló ‘la coca del almuerzo’ entre su cintura y el computador portátil que la acompaña en la jornada laboral. Su experticia dejó en el aire que esta no ha sido su primera sacada de cuerpo a los yerros, en vivo y en directo.

Dar ‘palo’ es fácil; criticar está a la orden del día; reflexionar sobre lo sucedido es aún más complicado; aceptar el error es espinoso; manejar el chasco: de valientes. Fue tal el impacto del infortunio de Vanessa que muchos se atrevieron a sugerir la rotunda cancelación de los especiales de inocentes, que seguramente serán emitidos el 28 de diciembre, porque con lo sucedido el nivel quedó ‘por lo alto’ y no hay como superarlo.

En mi concepto, los fatídicos y eternos 12 segundos del momento, acompañados del cachete colorado de la comunicadora, dejan varias reflexiones:

  1. Somos humanos y ‘metemos la pata’ sin querer.
  2. Las verduras dentro del cántaro no se veían tan atractivas.
  3. Si esa porción era ‘todo el almuerzo’, no creo en la saciedad del hambre.
  4. Las sillas de presentación de ese set son bien cómodas.
  5. El celular estaba con poca batería; el cable se notó.
  6. ¿Cómo hace para soltar la vasija y no botar ninguna de las habichuelas?
  7. ¿El almuerzo estaba compuesto por habichuelas?
  8. ¿Con quién estaba hablando?
  9. ¿Qué le estarían contando?
  10. ¿El cubierto dentro del receptáculo era cuchara o tenedor?
  11. ¿En dónde quedó la servilleta?
  12. Nótese la habilidad para esconder el envase y tomar el esfero.
  13. La silla estaba bien aceitada porque el giro fue ‘a mil’.

Y tal vez, para mí, la más importante reflexión que ha dejado este momento y algunos años de experiencia en medios, es la siguiente:

¡Está prohibido comer en un set de presentación de noticias! Precisamente, para que no sucedan este tipo de situaciones. O si no pregúntenle a Jessica de La Peña, la presentadora de RCN que fue ‘ponchada al aire’ masticando una galleta polvorosa, digna del horneado de una abuela. Ella leyó lo que le tocaba, con la boca llena. Además, su virtud para masticar y explicar, al mismo tiempo, es sorprendente.

Pero como bien lo dijo el sabio Daddie Yankie: lo que pasó, pasó. La valentía y experiencia de la comunicadora en los sets de televisión permitieron que el desacierto se difuminara entre la lectura del teleprompter y el paso al corresponsal de Barranquilla.

Y que, consiente de su descuido, le diera la vuelta al discurso y aceptara, en el infierno de las redes sociales, que ella también hace parte del ‘Cartel de la Coca’: una frase acuñada por quienes para bajar barriga, tratar de comer sano o ahorrar plata, llevamos el almuerzo a la oficina en un aguamanil de plástico o vidrio, fácil de lavar y de transportar.

Desde ahora propongo que Vanessa sea la líder de esta organización; que se encargue de enaltecer, con su imagen y a través de la televisión, los buenos hábitos alimenticios tan necesarios; y que siga demostrando, a carta cabal, que ‘indio con hambre, no trabaja’.

¡Siempre adelante. Ni un paso atrás!

@HernanLopezAya

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