La dictadura que se vislumbra en el horizonte

29 de mayo del 2018

Si algo quedó comprobado este pasado domingo es que el miedo y la memoria selectiva son el complemento perfecto a la pereza de leer de los colombianos. El que dijo Uribe quedó a un paso de llegar a la Casa de Nariño para tomar las riendas de este país. Su falta de experiencia en lo […]

La dictadura que se vislumbra en el horizonte

Si algo quedó comprobado este pasado domingo es que el miedo y la memoria selectiva son el complemento perfecto a la pereza de leer de los colombianos. El que dijo Uribe quedó a un paso de llegar a la Casa de Nariño para tomar las riendas de este país.

Su falta de experiencia en lo público es justificada por los uribistas en que esa es su mayor cualidad, pues no está lleno de vicios. Lo extraño de todo es que muchos de quienes afirman esto son ricos hacendados e industriales que no contratarían en sus empresas ni en sus fincas gente que no tenga experiencia laboral, irónico, ¿no?

Pero a pesar de su inocultable falta de experiencia, la ayuda de su mentor en decir que el país iba para otra Venezuela, si no era él el elegido, funcionó como el más fino de los relojes suizos. Esa vieja táctica de hacer política usando el miedo y el nacionalismo ha sido efectiva en todo el planeta a través de la historia y funcionó especialmente bien en la Alemania Nazi, en el Chile de Pinochet, en la Argentina de Videla y la Cuba de Fidel Castro.

Joseph Goebbels, el jefe de propaganda de Hitler, solía decir que “una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad”. Tal cual pasó en Colombia donde esa máxima del jefe Nazi acomodada a la situación del hermano país y adaptada para Colombia dejó sin posibilidades a un Sergio Fajardo en su misma ciudad natal. Aquella donde fue condecorado como el mejor alcalde y luego como uno de los mejores gobernadores del país.

Lo que si les faltó a quienes salieron a elegir por el ungido de Uribe fue memoria. Es increíble pensar que una persona que tiene mas de 250 investigaciones en varias de las altas cortes, entre las que se cuentan algunas por violación a los Derechos Humanos, pueda poner candidato para la más alta posición en el gobierno.

Pero lo anterior es diametralmente igual a la pereza de leer de los colombianos, de indagar. Hoy, con tan solo oprimir unas cuantas teclas en la aplicación de Google es posible encontrar desde la receta de cómo hacer un buen arroz blanco hasta las investigaciones que tiene Uribe en las cortes.

Muchos de esos documentos son de dominio público y están al alcance de todos para que se sepa la realidad del ex presidente y de qué se le acusa. Pero la pereza de leer y de creer todo cuanto se publica en redes sociales sumado al músculo financiero de Uribe para pagar y promover todo lo que se le antoje hace que el colombiano promedio sea presa fácil de las falsas noticias.

Todo lo anterior hace que se olvide algo que en teoría política se conoce como el antecedente histórico. Y es que el proyecto de reforma a la Constitución Política de Colombia para que Álvaro Uribe se reeligiera en el 2006 fue aprobado en el 2004 por el Congreso de la época; el famoso “articulito” quedó hecho a su talla y medida. Pasó a revisión de la Corte Constitucional que le dio vía libre en el 2005 y Uribe Vélez se posesionó, en agosto 7 de 2006, como Presidente reelecto de Colombia.

Pero no contento con haber modificado la carta magna, que prohibía la reelección presidencial, y dos periodos como presidente, nuevamente en el 2009 presentó al congreso, mediante su amigo el Senador Jorge Visbal y con el respaldo de 20 congresistas un nuevo acto legislativo que lo habilitaba para gobernar un tercer periodo.

El articulo primero de dicho acto decía: “nadie podrá ser elegido para ocupar la presidencia de la República por más de tres periodos consecutivos” y que modificaba el articulo 197 de la constitución. Todo estaba listo, preparado y cocinado en el Senado para que Uribe se presentará a una segunda reelección bajo la batuta del entonces Senador Fabio Valencia Cossio.

Afortunadamente la Corte Constitucional, contra todo pronostico, tumbó las pretensiones del ahora Senador Uribe el 26 de febrero del 2010. Pero entonces, al igual que ahora, el ex presidente no contento con el fallo de la corte pensó que podría gobernar en cuerpo ajeno y ungió, entonces, a Juan Manuel Santos. ¿Suena parecida la película? Para nada.

Ahora, 8 años después, con el agravante que el escogido no es un político curtido que se le pueda “voltear” como pasó con Santos está a punto de cumplir su sueño de manejar las riendas del país a través de alguien más. Iván Duque es el perfecto personaje para su cometido.

Así, pues, si Duque llega a la Casa de Nariño el 7 de agosto de este año le quedará en bandeja el futuro del país, pues Uribe seguramente será nombrado como Presidente del Senado donde manejará las agenda de este cuerpo legislativo y además es mayoría.

En la cámara baja el Centro Democrático tendrá 32 congresistas siendo el segundo partido mas votado en los recientes comicios después del partido Liberal. Si se une a estos y a los partidos conservador, Cambio Radical y el partido de la U el Uribismo controlará a sus anchas este apéndice del Congreso.

Y ya controlando el ejecutivo y el legislativo, Uribe tendrá al país servido en bandeja de plata para propinarle su golpe de muerte al poder judicial. Es de conocimiento publico que Uribe, y ratificado por Iván Duque en el reciente debate en la Universidad de Columbia en Nueva York, desea cerrar la Corte Suprema de Justicia, la Corte Constitucional, el Consejo de Estado, el Consejo Superior de la Judicatura, la Jurisdicción Especial para la Paz y el Consejo Nacional Electoral para, supuestamente, crear un sola super poderosa corte.

Logrado esto le quedará fácil deshacerse de las más de 250 investigaciones que se tramitan en su contra y de tener que, posiblemente, algún día comparecer ante la JEP. A esto hay que sumarle la posibilidad de tumbar la prohibición de la reelección y así, en el 2022, volver a ser candidato presidencial y perpetuarse en el poder.

Y así, de esta forma, mediante una jugada política disfrazada de democracia, Colombia entrará al pozo profundo, oscuro y difícil de salir de las dictaduras de Latinoamérica. Y cómo él mismo lo predice nos volveremos como Venezuela, pero por su propio puño y letra.

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