La felicidad es una decisión inaplazable

21 de noviembre del 2018

Muchos tienen la concepción de que la felicidad está hecha sólo de momentos y que cuando estos momentos llegan, hay que disfrutarlos porque se acaban. Quienes suponen esto, tienen legítimamente asociado en su cabeza el concepto relacionado con la alegría, ya que asumen que sólo se es feliz cuando uno está contento. La felicidad no […]

La felicidad es una decisión inaplazable

Muchos tienen la concepción de que la felicidad está hecha sólo de momentos y que cuando estos momentos llegan, hay que disfrutarlos porque se acaban. Quienes suponen esto, tienen legítimamente asociado en su cabeza el concepto relacionado con la alegría, ya que asumen que sólo se es feliz cuando uno está contento.

La felicidad no siempre tiene que ver con la alegría. Se puede ser feliz permanentemente en la medida en que se encuentre razón o sentido a lo que se hace. Nadie puede estar contento todo el tiempo.

Existen tres condiciones que se necesitan para ser feliz:

– La primera: ser feliz es una decisión. Esto parece indicar que la felicidad no dependería de las cosas que pasan, sino más bien de la actitud con la que se enfrenta lo que ocurre. La felicidad para algunos es algo que se anhela, que se busca, sin tener en cuenta que, como decía John Lennon, ‘es justo lo que ocurre mientras uno está haciendo otros planes’. Parece que no es suficiente estar vivos, tener afecto, trabajo; siempre se espera que ocurra algo especial para poder conectarse con esa decisión.

– La segunda: nadie puede ser feliz, si no es agradecido. No sólo con la evidente ventaja que tiene el dar constantemente las gracias por todo, sino también al nivel de percepción que una persona debe tener para ver lo cotidiano con una postura de reverencia, de asombro, de aprendizaje y de gratitud permanente. En esta tierra estamos para: aprender a amar lo que más se pueda; intentar dejar una huella para ser recordados por algo bueno; y ser felices, lo que no es un derecho, sino una obligación. Estas razones deberían ser el centro del agradecimiento diario. Agradecer lo simple, lo cotidiano.

– La tercera: centrarse en lo que se tiene y no en lo que falta. Las personas que tienen la capacidad de centrarse en lo que viven y tienen, experimentan mayores sensaciones de bienestar, de placer y de agradecimiento que los que no lo hacen. No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita. Somos responsables de los resultados conseguidos a través de nuestra existencia debido al buen o mal uso de la fuerza de voluntad. Generalmente el sentimiento de infelicidad aparece cuando la vida no es como se desea.

Se cree que la felicidad llegará cuando se den una serie de circunstancias preestablecidas en la mente. Y mientras no llegan esas condiciones no hay permiso para ser felices. Siempre se espera en un estado de infelicidad a que las condiciones sean perfectas. Pero la vida nunca es perfecta. Por naturaleza presenta momentos y situaciones agradables y otros que no lo son. De manera que si se condiciona la felicidad a que se den unos resultados, se corre el riesgo de que nunca llegue.

La felicidad es una opción personal. Uno decide ser feliz a lo largo del camino, independientemente de cuáles sean los resultados. Llega cuando hay una sana actitud ante la vida. Cuando se es capaz de poner las cosas en perspectiva. Cuando se siente bendecido por todo lo que sale bien y se enfrentan los desafíos que la vida presenta con una sana actitud.

La felicidad no es un destino. No es algo que llegará cuando “todas las piezas encajen”. Porque con esa filosofía se desaprovecha la oportunidad de ser feliz en el único instante que importa, ¡AHORA MISMO! No es cosa del futuro, sino del presente. Puede elegirse tratar de ser feliz en todos y cada uno de los instantes de la vida. No se debe restringir. Olvidemos expectativas utópicas para darnos el permiso de ser felices.

Así se empieza a comprender que la auténtica felicidad está en todas partes y en todos los momentos. En cada pequeña cosa de la vida. En el simple hecho de estar vivos. En la sonrisa de un niño. En las maravillas que la naturaleza ofrece. En la capacidad de cambiar y mejorar. En la posibilidad de poner todo esfuerzo para hacer de este mundo un mejor lugar.

Jaime Valdivieso C.

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