De la felicidad a la depresión

De la felicidad a la depresión

3 de marzo del 2017

Cuando en el 2016 salió el reporte del Barómetro Global de Felicidad y Esperanza en la Economía, ubicando a Colombia como el país mas feliz del mundo, la expresión de la gran mayoría de compatriotas era mas de asombro que de felicidad en si, principalmente por la percepción que existía en el país, de un fenómeno de desesperanza aprendida, heredada en gran parte por algunos sectores que se aprovechan de dicha desesperanza para “vender” una ilusión de tranquilidad y felicidad, sin embargo, las cifras no mentían, un importante porcentaje de Colombianos se reconocían felices, aunque en contraste, la esperanza y el optimismo se encontraban muy por debajo del promedio mundial.

¿Es posible ser feliz y poco optimista a la vez?; los colombianos hemos comprobado que si es posible, la felicidad sin optimismo hacia el futuro puede estar asociado a un fenómeno psicológico de conformismo, que en este país, se vuelve una característica casi inherente a la condición de ser colombiano, se nos enseña desde niños a que todo ocurre por una razón, que si algo malo nos pasa, es por una razón poderosa, “eso por algo será” y eso hace que se frustre cualquier intento de lucha, cualquier posibilidad de mejora nos hace pensar de entrada que no es posible, que es mejor aceptar con resignación el futuro que nos tocó, sin embargo, son varios los admirables casos de rebeldía hacia ese futuro ya marcado por la suerte de lo que implica nacer en estas tierras de la credulidad. Nuestra capacidad de asombro, se ha visto frenada, por que en este país de la realidad mágica, cualquier cosa es posible.

Pero esto tiene efectos mucho mas profundos y preocupantes que la sola producción literaria de nuestro ya fallecido nobel, esa desesperanza disfrazada de felicidad ha venido haciendo mella en nuestra salud mental individual y colectiva, acumulando un historial importante de afectaciones asociadas.

Ya anteriormente, científicos sociales e investigadores mundialmente reconocidos como Asch o Milgram y otros, han hablado acerca de respuestas sociales como la conformidad o la obediencia, en los que las personas finalmente ajustan sus respuestas sociales, su comportamiento y hasta su pensamiento al grupo (y a las condiciones de ese grupo), como una manera de adaptación, sin embargo, esto no necesariamente lleva a que las personas se sientan cómodas con dicho cambio, sino que por el contrario, las frustraciones aumentan y se profundizan, generando graves afecciones mentales altamente incapacitantes.

Según la OMS en su ultimo informe, los trastornos depresivos en general, afecta al 4,7% de los colombianos, lo cual es una cifra importante, si se tiene en cuenta que existen muchos casos sin diagnostico, debido a la poca demanda que hay de atención especializada, en ocasionados generada por los prejuicios que existen aun hacia las profesiones de la salud mental y hacia la atención mental clínica especializada.

La situación ademas, es mucho mas preocupante para ciertos grupos sociales, como por ejemplo, aquellos que históricamente han sido excluidos o marginados, en los que con seguridad, el porcentaje de afectación es mayor.

Con este panorama, se requiere entonces en nuestro país, políticas publicas mucho mas serias y eficaces orientadas a sensibilizar acerca de la importancia de mejorar nuestra salud mental, concentrarnos en mejorar las condiciones de vida de los mas vulnerables, pero principalmente que seamos, protectores de las actuales y nuevas generaciones, en conclusión, que seamos todos y todas generadores de bienestar colectivo con sueños de futuro.

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