La izquierda colombiana, entre las balas y los votos

22 de septiembre del 2013

El engendro, convertido en partido político, mal llamado Polo o Progresistas, no deja más que desear la muerte por minoría mucho más que por votos..

Muchos de nosotros, en aquella década de los 80, cuando éramos totalmente ilusos y cuando creíamos en procesos utópicos de revolución y cambio, creíamos que llegando a gobernar cualquier ciudad de Colombia, lograríamos una verdadera transformación social y que la pobreza, la delincuencia, la corrupción, la desigualdad social terminaría en un eventual gobierno nuestro.  Esos momentos que jamás volverán, esos momentos que por más que luchemos no podemos cambiar, ni siquiera retrocediendo el tiempo, fueron pasando desapercibidos y se fueron esfumando en cada década que pasaba. Esos fueron los años 80, los años en que el M19 representaba una cara oculta de la burguesía capitalina y que arrastraba los burgueses de las provincias vecinas y aledañas.

Recuerdo también que algunos profesores hablaban de Jaime Bateman, José Antequera, Navarro Wolf y uno que otro hablaba de un tal Tirofijo, pero a éste jamás le escuche propuestas de cambio, bueno, al menos no dentro de mi entorno estudiantil. El M19 era para nosotros, los de los barrios de las Comunas de Medellin y de algunos de las comunas de Laureles y Belen unos líderes dignos de ser seguidos e imitados, en cambio ahora, dan vergüenza.

Pero ¿qué pasó con este proyecto de vida? ¿Qué pasó con nuestra ilusión de un país sin pobreza y desigualdad? ¿Qué le pasó al M19? Ahora, 33 años después nos dimos cuenta más tarde que nunca que los sueños del tal Bateman, Pizarro, Toledo, Almarales entre otros quedó sumido en la fosa más podrida de la política capitalina. La capital de la República hundió hasta el cuello los sueños de muchos ilusos que como yo, nos entregamos en algunos momentos, más efímeros que eternos, a una supuesta lucha de ideales. Hoy 33 años después y con la cabeza casi gacha de vergüenza asistimos a una debacle política donde los sobrevivientes de ese idealismo se entregaron a la más corrupta fuerza política de la capital, hoy asistimos con vergüenza a mirar a los ojos a los políticos que en otrora decían que a Colombia había que cambiarla.

Palacio de justicia Bogota

El engendro, convertido en partido político, mal llamado Polo o Progresistas, no deja más que desear la muerte por minoría mucho más que por votos. La encarnación falsa de esos ideales de los 80 se centra hoy en un juicio por corrupción, donde ya no se habla de Pizarro o Bateman sino de Moreno y Petro, quienes desdibujaron por completo el ideario de un puñado de ilusos escolares que dejaron el discurso de ayer para señalar a los politiqueros de hoy.

Petro, ilustrísimo Alcalde de Bogotá, aquella misma ciudad que le entregó  en sus manos la vida de más de 10 Magistrados de las altas cortes, lo señala hoy como el peor Alcalde que haya tenido la Capital y que haya arrojado la revolución. Su arrogancia y soberbia jamás vista en montes y pueblos, son el fruto de esa fuerza politiquera que lo arropó y que le dió la oportunidad de darse a conocer dentro del ámbito parlamentario. Allí, en Congreso o Cámara se untó de lo que criticaba, se rodeó de los que acusaba y compartió manteles con aquellos que perseguía. Hoy la Capital de la República, aquella ciudad que lo acogió después que bajó del monte está hundida en el más absoluto desorden, pues llegó sin saber, sin conocer, pues  jamás había tenido a su mando como comandante a una tropa de 8 millones de habitantes, lo más que tuvo fueron 2 escoltas y un perro.

Bogotá está hoy como está, con el peor Alcalde según los colombianos  y el mejor  según las ONG mexicanas y no es porque Bogotá  no tenga buenos dirigentes, no porque no haya dineros para obras, no porque no haya personas honorables para dirigirla, no porque le haya faltado apoyo, no porque no haya ganas de transformación y progreso sino porque les llegó un iluso que se quedó en sueños y que dentro de sus logros no alcanzó más que una trinchera. No es lo mismo gobernar desde el monte a hacerlo desde ruedo político.

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