La tiranía de la ‘niña linda’

5 de noviembre del 2013

Lo que no es blanco, lo que no es delgado, lo que no corresponde a la imagen de ‘perfección, es desechado en un país multiracial.

En Colombia, ‘estar buena’ es lo bueno, y es lo moralmente aceptable. Esta premisa se ve reflejada en la ‘niña linda’. Niña (no mujer)  que por lo general no puede pasar de talla 12 de pantalón. Que  por regla debe tener el cabello largo, con rayitos, y  mostrar cuerpo,  ‘porque para eso se tiene’. Mostrarlo y hacerlo no solo para establecer una declaración ante las miradas femeninas, sino para establecer la más importante: Soy deseable y soy lo que busca el sexo masculino, que sigue detentando el  poder. Así, y solo así, puedo ascender socialmente.

Hace dos años  critiqué a la revista ‘Vice’ por haber confundido la moda  colombiana con la imagen de la mujer ligada al narcotráfico, pero en un punto no dejé de hallarles la razón: En un país donde las oportunidades que brinda la educación son escasas, y sobre todo en un mercado laboral cerrado, la opción de muchas mujeres promedio -que vienen  también de un contexto donde el dinero fácil y agradar al hombre  es aún ley-  es usar la belleza para poder ascender socialmente.  Esa niña linda rubia, delgada, tan construida desde los mitos estadounidenses de belleza de los 90 (en la época de los grandes carteles), tan mezclada con su propia voluptuosidad. Paradójicamente, también un ideal en contextos de élite, donde impera el prototipo europeo de cero curvas, vistas estas como descuido, exuberancia y descontrol sobre el cuerpo.

Por esta razón, lo que no es blanco, lo que no es delgado, lo que no corresponde a esa imagen de ‘perfección’ hecha para satisfacer deseos de conquista social a través de la imagen, es desechado o ridiculizado en un país paradójicamente multiracial.

Esa niña sonriente, callada, no puede ser gorda, porque se burlarán de ella en chistes flojos y sin imaginación, y en las novelas (nuestro relato de nación)  le darán papeles de tonta, bruja o chismosa, casi siempre adicta a la comida. No puede ser de cabello corto, o la tildarán de ‘chirreta’ o ‘lesbiana’ . No puede ser negra, o morena, a pesar de los intentos políticamente correctos por mostrar ‘la belleza de su raza’, como hizo Soho en 2003 y  el año pasado[1].

Esa ‘niña linda’, que desde tiempos coloniales debía blanquearse, que en guerras civiles debía quedarse callada o jamás se casaría[2], y que en el siglo veinte debía  broncearse y ‘cuidarse’ porque así demuestra que se ama[3] , lastimosamente se ha confundido con la moda.

Ella debe mostrar porque mostrar es vender,  y vender es obtener. Entonces, en las publicidades de moda (sobre todo en marcas  nacionales) , siempre es la misma imagen aburrida: Mostrar atributo, extensiones, sonrisa, brillo de labios, taconazos y blusitas. No hay imaginación, no hay historias para construir, ni en la publicidad, ni en la vitrina ni en la calle. Puede que las grandes marcas internacionales  y la web hayan traído al país otras maneras de mirar y de ser mirado, pero esto se da en contextos cosmopolitas, urbanos, donde lo foráneo y su asimilación son una regla, y asimismo,  donde  se han construido  otras imágenes de mujer[4]. En el resto de Colombia , lo que narro no es solo una realidad, es una ley.

Por eso no es raro que estrellas de la televisión sean confundidas con íconos de moda, ya  ellas son niñas lindas. Por eso no es raro  que nadie cuestione si tienen el gusto, el background suficiente para producir y vender moda, con todo lo que ello conlleva.  Y por eso no es raro que todavía las imágenes de la mujer estén condicionadas por los hombres, y que en este país los concursos de belleza sean una institución, sin importar de qué condición sean.

La niña linda merece más que sonrisas de complacencia, y sí más bien una reflexión seria de nuestra propia imagen, esa que construimos no en las miradas ajenas, sino en la propia. Merece que se vea cómo  ha condenado a la imagen de la  moda nacional, en un gran porcentaje, a la eterna aburrición. Paradójicamente, también, en el mundo, solamente provoca una reflexión ante nuestro propio cuerpo, y ante esa doble mirada ajena que nos juzga por no tener belleza, o tenerla, y que nos fuerza a conservarla o a adquirirla. Porque admitámoslo, del corsé a los pies de las niñas chinas, y de la burka a la báscula, no hay mucho trecho. Qué tirana es la niña linda.

 *Nota de la autora: No critico a quienes eligen tener cierto tipo de belleza, incluido el de la ‘niña linda’. Critico lo que ello representa en la sociedad, cuando se impone como único modelo.


[1] Soho fue severamente criticado en 2003 por sacar a una mujer indígena como ejemplo negativo de belleza. Nueve años después, ante el escándalo racista de la Revista Hola, decidieron ‘reivindicar’ a la mujer negra, con las modelos de esta raza en portada. Paradójicamente, desde ahí,  no ha posado una sola mujer de esta raza en la portada, aunque es rescatable su edición 135.

[2]  En el siglo XIX la mujer que opinaba y  era demasiado pensante, estaba condenada a la soltería, según retrataban periódicos de la época (1845).

[3] Este mensaje de ‘ámate y te amarán’ es todo un precepto moral que ha tenido nefastas consecuencias en la sociedad occidental: Desde la anorexia, hasta el ‘fat shaming’, y los mensajes equívocos e irresponsables de los medios de comunicación dedicados al lifestyle, hasta la reprobación moral por no querer ser lo que se ‘debe ser’. Si no te amas, no tienes disciplina ni control sobre tu cuerpo, por ende, eres moralmente reprobable.

[4] Bogotá y Medellín son ejemplos, con sus nuevas generaciones de moda en cuanto a editoriales y publicaciones, de estos cambios.

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