La trampa del alcalde Gustavo Petro

19 de marzo del 2015

En 2012 bajo la discusión del Plan de Desarrollo el Concejo de Bogotá rechazó la intención del alcalde Gustavo Petro, de  crear o adquirir por parte del Distrito, un banco de primer piso y una entidad fiduciaria para apoyar la economía popular. Fiel a su estilo de imponer sus iniciativas, así estas pasen por encima […]

En 2012 bajo la discusión del Plan de Desarrollo el Concejo de Bogotá rechazó la intención del alcalde Gustavo Petro, de  crear o adquirir por parte del Distrito, un banco de primer piso y una entidad fiduciaria para apoyar la economía popular. Fiel a su estilo de imponer sus iniciativas, así estas pasen por encima de la ley, el alcalde creó su llamado Banco Muisca a la sombra. A través de la figura de convenios de asociación, muy comunes para esta administración para saltarse la ley 80,  Empezaron a mover recursos para dar créditos.

Aquí quiero hacer un paréntesis para dejar claro que no estoy en contra de incentivar los proyectos productivos de las poblaciones vulnerables, ni tampoco rechazo apoyar los sectores de la economía informal, lo que es cuestionable es que se disfrace la creación de un banco de primer nivel con convenios para otorgar créditos que terminan siendo la misma cosa. Este concejo rechazó la creación del banco Muisca no por capricho sino por ser inconveniente y para la ciudad y alcalde

Ante la negativa del concejo, la administración distrital canalizó30 mil 400 millones de pesos,  en créditos de dudosa recuperación porque se dieron con requisitos muy laxos, para proyectos muy etéreos y donde el distrito pagó de sus propios recursos  las pólizas de seguro,  porque de entrada se sabia que la cartera era difícilmente recuperable. Más de 30 mil millones de pesos

El Banco Agrario, la Corporación Minuto de Dios, la Corporación Financiera Confiar y Asomerck sirvieron de paraguas para dar vida a este nuevo capricho del alcalde.

Desde el Concejo de Bogotá llamamos a este entuerto el Agro Ingreso Seguro de Petro, porque lo que se vendió como prestamos terminaron siendo subsidios, que los vendedores ambulantes usaron para pagar deudas personales y diversificar su negocio pero nunca abandonaron la calle como estaba previsto en el proyecto.

El objetivo era capacitarlos, hacer un sondeo de mercado a una idea de negocios y darles capital semilla para que crearan su propia empresa y formalizaran su alterativa laboral.

Testimonios de personas beneficiadas con los créditos y que nos piden proteger su identidad,  nos aseguran que a las distintas localidades llegó personal de la Corporación Minuto de Dios acompañados de funcionarios del IPES, a censar a los vendedores ambulantes, luego les llenaron un formato con su información personal, una idea en la cual les gustaría invertir y cuanto necesitarían para cristalizar esa idea.

Así de fácil, piense en algo que pueda funcionar, dígame cuanto necesita para hacerlo y yo se lo presto. No fue un proyecto productivo pensado, planificado, con estudio de mercado, factibilidad y demás; no, llene este formato y listo.

Por esa vía salieron recursos para financiar clases de parranda vallenata, ventas de chorizos, y hasta fabricación de cajas pero con una gran irregularidad terminaron financiando proyectos de personas ajenas a Bogotá y que ni residen en la ciudad.

Una vez más fiel a su espíritu improvisador e impositivo, Petro terminó embarcando al distrito en otra aventura donde las grandes damnificadas son las finanzas de la ciudad.

@javiermpalacio

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