La trasescena de la música

21 de mayo del 2013

Sobra decir que mi casa era un estudio de grabación en el que entraban y salían músicos y música de todas las especies, por lo tanto, por allí escuché los primeros acordes de discos como Pombo Musical de la mano de Carlos Iván Y Carlos Vives, las noches me invadieron con las primeras ideas para el disco Porro Nuevo…

Hoy es uno de esos días en los que me enfrento a la famosa y temida pantalla en blanco… y me paro frente al balcón desde donde la ciudad entera me saluda y en una especie de ruego delirante, desesperada de pedirle al cielo alguna idea inteligente, sin quererlo sale de mis labios una frase: “Bogotá, inspírame”…¡que vaina tan cliché!… pero, a pesar de esto, la oración a Bogotá continua: “cuéntame, de por dios, alguna de esas historias que ocultas entre tus calles por las que camina el pasado imbuido en fantasmas y el presente se trenza en miles de rostros desconocidos” ¡que frase desesperada para atrapar lectores!… pero lo bueno es que finalmente y como para variar, es la música la que llega a mi rescate…

 De pronto me vi trasladada a un instante de mí misma, sentada frente a un escenario… creo que eso ha cambiado un poco, como verán ¡ahora me siento frente a una pantalla en blanco! …  En fin…. Para no aburrirlos mas, esa imagen que me transporta llega a mi mente porque de repente, en ese parlante que suena tratando de inspirarme aparece una batería que reconozco inmediatamente. .. Einar Escaf baterista de Distrito Especial, interpretando en este momento de baja iluminación “Siloe” de Compañía Ilimitada …”juega a hacerse viento y de papel, tiene nombre de mujer Siloe, sisisisiloe” … Siloe tal vez habla de otra ciudad, pero yo pensé en Bogotá porque Compañía Ilimitada es de Bogotá….pensé en la Bogotá que es música desde siempre, la ciudad que durante muchos años tuve el privilegio de vivir intensamente en medio de pianos, baterías, músicos y sueños de café … esa ciudad bohemia que parece esconderse de muchos bogotanos  y que ahora, en este instante, me dispongo a compartir.

 Einar Escaf durante algún tiempo acompañó a Compañía Ilimitada, pero uno de sus grandes aportes a la música fue “Distrito Especial” grupo bogotano de comienzos de los noventas, inspiración absoluta de “Carlos Vives y la Provincia”, Distrito Especial eran Einar, Carlos Iván Medina, actual pianista de la Provincia y Bernardo Velasco, grandes músicos, grandes amigos con los cuales viví una época significativa de mi vida…  a ellos este pequeño texto:

 La cosa empieza así, “Dónde estas Bogotá, dónde vas….”

Este no es un texto en el que voy a hablarles de la música en términos académicos, intelectuales o técnicos… voy a hablarles de la trasescena de la música, de esa que no se cuenta, de esa desconocida, de esa que se oculta en la intimidad de la casa, detrás de la tarima… de esta que cuento desde la mirada femenina de una mujer que acompaña a un músico y su música.

 La vida de los artistas está impregnada de símbolos, de intensidad, de laberintos nocturnos, oscuros o claros que se disuelven en las noches de esta ciudad… la vida de los artistas solo es conocida por el público desde el escenario, desde las revistas del Jet set que intentan descubrir la trasescena sin acercarse si quiera a ese universo tan rico y dual a la vez… de eso voy a hablarles, de ese mundo y de un pedazo de lo que fue mi vida de invitada entre la música y los músicos.

 Hace un tiempo, aunque a muchos les parezca extraño, yo sabía que amanecía a eso de las seis de la tarde…  una hora en la que, no solo suena el himno nacional, sino en la que yo sabía, había que encontrarse con la música que, entre otras cosas, habitaba en mi casa. Yo estaba casada, en ese entonces, con Carlos Iván Medina, pianista de Carlos Vives, fundador de Distrito Especial…. Y cuando estas casada con ese alguien que es música la vida empieza de noche. Aclaro que no me voy a detener en la vida de casada con el hombre, sino en la vida de casada con la música.

 Tengo que empezar por decir que teníamos una colección de música que necesitaba habitación propia, dos equipos de sonido, tres computadores conectados a unos potentes Cambridge y/o Bose que dejaban sonar nítidamente los bajos de “A song for Jeffrey” de Jetro Tull, canción que me encanta, entre otras tantas… Teníamos además un piano, dos teclados, un acordeón, un llamador, un par de gaitas y un instrumento extrañísimo de origen japonés al que se le bautizo “La maderimbula” porque emitía un sonido parecido al de la marimba de chonta del Pacifico colombiano… y dos perros que de tanto escuchar música ya aullaban, bastante afinaditos, cuando sonaba el piano.

 Sobra decir que mi casa era un estudio de grabación en el que entraban y salían músicos y música de todas las especies, por lo tanto, por allí escuché los primeros acordes de discos como Pombo Musical de la mano de Carlos Iván Y Carlos Vives, las noches me invadieron con las primeras ideas para el disco Porro Nuevo de Adriana Lucia, en esas paredes de mi casa nació Borrón y Cuenta Nueva, me encontré de tanto en tanto con Jhon Paul Ospina cuando no era presentador famoso de E!, sino soñaba con sacar un disco y cantar, cantar y cantar y compuso una canción maravillosa que hasta hoy es material inédito y desconocido… la casa era una sola emanación de pianos y sonidos que se mezclaban con el olor a cigarrillo y café… Era una casa, claro, porque unos meses antes, los vecinos de nuestro apartamento en un sector exclusivo y silencioso de la ciudad nos habían sacado a coscorrones del edificio porque: “¡Que era toda esa indiamenta despelucada hippie-criolla haciendo bulla de día y de noche y vaya uno a saber qué otras cosas más! ¡El diablo ahí metido quizás!”.  Los músicos no pueden vivir en cualquier lugar, porque la música es invasiva ¡hasta con los vecinos!

 Las noches se sabían vivir en la ciudad, él tocaba en otros grupos, con otros ritmos, y en las pausas de la banda, la niña aquí presente hacía las veces de DJ… se tocaba, se ponía música, se fumaba, se tomaba mucho y de tanto en tanto la niña aquí presente alargaba el brazo para espantar alguna fan enamorada colgada del cuello del marido… Bogotá era un libro ebrio de historias nocturnas que se cantaban, se contaban, se encontraban, se disfrutaban para disolverse en el alba y no volverse a encontrar jamás.  La salsa, protagonista, no siempre, pero sí muchas veces, se enquistaba en los pies con covers de la Fanía “lluvia con Nieve” y hasta con “Chamaleon” de Herbie Hancock transformado en ritmo de salsa-funky.  Era escuchar y “sollarse” uno de esos grupos origen de la salsa bogotana, Rioson, inspiración absoluta de la 33… noches de esas, noches de esas que ahora se pierden en el humo de mi cigarrillo…

 De los recuerdos más entrañables que puedo compartir con mis lectores son las noches con el cabello suelto y el sudor en la piel, en medio de conciertos y conciertos, las canciones dedicadas desde la tarima, los chistes en el camerino, en ese camerino en donde la vida se pasa y uno, que además es músico frustrado, tiene la posibilidad de sentarse a departir un rato con aquellos que, en medio de su sencillez, saldrán en un momento al escenario a enloquecer a un público expectante. Recuerdo las giras, el cansancio en el bus, los hoteles, las trasnochadas en las pocas oportunidades que tuve la oportunidad de acompañar a la banda, y la vista gloriosa a un lado de la tarima de miles de personas despojadas de los odios y los dolores de la guerra, en sintonía absoluta con ese lenguaje universal, universal, ¡porque hasta el universo mismo es música!

 Todo en la vida tiene un ciclo… y no podía una mujer como yo, que no es músico y tiene otras búsquedas por hacer, pasar la vida persiguiendo a su rockstar… Así que todo eso me quedó impregnado en el alma, lo agradezco, porque todo eso me ha permitido ver la vida de otra manera…  Y ser de otra manera que, luego de cerrar la puerta e irme de aquella casa para encontrar mi propio camino, se ha ido construyendo en la mitad, en la mitad de la vida que  me volvió música y el trajín de una ciudad distinta que se despierta en el día para ser simplemente Bogotá…

@weneardi

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