La universidad pública y su rol social

3 de noviembre del 2018

Por: Andrés Boscán.

Universidad

Unimedios

Se avivó un debate en Colombia, uno que no dio tregua al ascenso del nuevo gobierno y que pone de manifiesto que, sea neoliberalismo o socialismo, las universidades públicas cumplen un rol primigenio para las naciones.

Mucho se ha hablado del financiamiento, de las inversiones en materia salarial o de cómo las universidades privadas han acaparado la matrícula y los recursos del Estado, pero no es a lo que quiero apuntar.

Tal vez la comparación que haga se ingenua, sustentada en mis creencias éticas y una mera caracterización del profesionalismo con el que me codeo. Soy creyente de que la universidad pública tiene una filosofía de servicio, -y me explico-.
A los hemos estudiado en universidades públicas nos han sembrado como principio de vocación el encontrar soluciones a los problemas de nuestras sociedades, de retribuir al país lo que aprendimos, de devolver lo que invirtió en nosotros como individuos, de poner a prueba todo el conocimiento adquirido y de esta forma mejorar los niveles sociales y el desarrollo de una nación.

La función de las universidades no es sólo egresar profesionales, sino abrir el pensamiento crítico, expandir el conocimiento, generar espacios de diversidad y construir la razón en base a la lógica y la investigación.

Es imposible despreciar la calidad de la educación superior privada -se podrían enumerar algunas razones-, no en este país cuando son una inmensa mayoría y ha privilegiado a un alto índice de jóvenes a través de becas del programa Ser Pilo Paga. Sin embargo, la filosofía de estas instituciones es otra, se concibe el desarrollo del individuo sin responsabilidad dentro de lo colectivo, no hay deuda moral ni social, se fomenta el ideal de: «como yo pago me deben aprobar».
Es tal el efecto, que se siembra como propósito de vida un espíritu mercantilista, la premisa de «puedes llegar a ser tu jefe y abrir un negocio propio», conceptos que posiblemente el sector público no desarrolla.

Enmarcando el sentido de lo que planteo, me pregunto ¿Cuan valedera es esta premisa en Colombia y qué les hace falta a las universidades públicas para ser instituciones predilectas entre la juventud con aspiraciones? Probablemente durante la campaña presidencial este punto me dejaba claro quién debía asumir las riendas del país.
Las casas de estudios tienen como prioridad la profundización del conocimiento en base a métodos científicos, en pocas palabras al desarrollo de la investigación como espacio de la razón y la resolución de problemas.

La verdad es que en este aspecto tengo muchas dudas del sistema educativo colombiano pues, no veo que exista la estimulación ni los incentivos para realizar investigaciones, simplemente evaluando los programas de estudios y la oferta de carrera se puede llegar a la conclusión que no se brinda mérito al desarrollo de facultades en beneficio de las potencialidades de las regiones y territorios del país.

Debo mencionar que los métodos de selección del personal y las bolsas de empleo se limitan a evaluar competencias sin darle la importancia que merecen los reconocimientos, publicaciones o funciones desempeñadas en un cargo.

En ese sentido, creo que el conflicto universitario tiene mucha tela que cortar y que no bastará con el 1,1 billón de peso que estima el presidente Iván Duque invertir durante su gestión. Me temo que la solución no es destinar recursos para el mantenimiento del sector universitario.

Aún hay que trabajar por alcanzar el acceso del 48% de la población con aspiraciones a la educación superior. Posiblemente estemos presenciando la transformación de un paradigma y que los estudios universitarios estén al alcance de todos, pues sería la cantera para aliviar tanta desigualdad y desasistencia de este país.

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