Mujeres y juventud: víctimas del trabajo precario

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Mujeres y juventud: víctimas del trabajo precario

15 de noviembre del 2017

La Escuela Nacional Sindical publicó el pasado 7 de noviembre un informe sobre el trabajo decente en Colombia. Tras evaluar la última década reafirma que el desempleo, la desigualdad de ingresos y el rebusque son males que están lejos de ser superados. Su gravedad es mayor si se trata de mujeres y jóvenes.

Cada vez son menos las personas que reciben salario por su trabajo. En 2007 por cada 100 trabajadores, 54 recibían un salario, pero hoy son 49 de cada 100 trabajadores. 22 millones de colombianos trabajan, pero dos terceras partes lo hacen de manera informal.

Hoy 11 millones de trabajadores no cuentan con cobertura pensional y solo el 57 por ciento de la población económicamente activa cotiza a pensiones. En las actuales condiciones solo uno de cada 10 jóvenes que trabajan tendrán una pensión para el año 2050.

Para la ENS, la “baja cobertura en seguridad social es consecuencia de las características del empleo en Colombia, donde el trabajo generado durante los últimos años es de mala calidad, precario y donde el desempleo hace que los trabajadores cesantes suspendan los aportes al sistema”.

Beethoven Herrera, coautor de Pikkety y los economistas colombianos, señaló un punto de referencia respecto a la desigualdad de ingresos. La participación de los propietarios del capital en el ingreso nacional creció.

Sus rentas y ganancias pasaron entre 2004 y 2012 del 44,5 al 47,5 por ciento. Menor es la participación de los salarios en el Producto Interno Bruto: 26,3 por ciento. El 21 por ciento de los ingresos y el 40 por ciento de la riqueza está concentrada en el 1 por ciento más rico de Colombia.

Así como aumentan los no asalariados, también lo hacen quienes se rebuscan algún ingreso o sacan adelante negocios familiares. Su raíz se encuentra en la pérdida de puestos de trabajo tras la eliminación de unidades productivas y el retroceso de la industria manufacturera. El modelo que se implantó en los noventa desplazó a las aceras y al “puerta a puerta” a muchos de quienes tenían empleo y salario fijos. Las dotes de la apertura económica.

Hoy son más los hogares con necesidades básicas insatisfechas. Al 32 por ciento no le alcanza para cubrir sus necesidades mínimas de alimentación, transporte, aseo o vestido. ¿Qué otra cosa puede pasar cuando la mitad de los ocupados en Colombia reciben menos de un salario mínimo al mes?

Todo lo anterior afecta con mayor dureza a las mujeres. Si usted es una de ellas es probable que reciba una quinta parte menos de lo que gana un hombre ejerciendo su mismo oficio.

De cada 10 mil pesos que los hombres ganan, las mujeres ganan ocho mil. Esto pasa mientras el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, realizado en un 80 por ciento por mujeres, representa el 20% del Producto Interno Bruto del país. Sí, es discriminación de género.

De todos los colombianos en edad de trabajar, 57 de cada 100 son jóvenes entre los 14 y los 28 años, pero el 21% ni estudian, ni trabajan ni se capacitan. Peor es para las mujeres: 29% son ‘ninis’.

Pensemos por un momento que hacen millones de jóvenes que no gastan su tiempo en su formación académica ni pueden aportar su mano de obra a la producción nacional. ¿Qué puede hacer un joven con un diploma de bachiller que no accede a la universidad ni al mercado laboral?

A la desigualdad de ingresos, la mala remuneración y una legislación laxa en la materia para favorecer a monopolios y multinacionales se han opuesto muy dignas resistencias. Es fundamental para el futuro del país una transformación radical de la visión con que se han venido manejando los asuntos laborales. Le toca al trabajo nacional, a las mujeres y a los jóvenes.

@AmauryNG

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