Las nuevas religiones

Las nuevas religiones

22 de noviembre del 2016

Ya sabemos que el cristianismo fue una religión oriental como otras tantas que se habían infiltrado en el imperio romano.

Recuerdo que en alguna ocasión una amiga me presentó una especie de chamán que le estaba tratando una enfermedad. Presentación que se hizo porque había en mí una insistente curiosidad por saber quién era el sujeto en cuestión. Cuando conocí al chamán me comenzó a contar una variedad de casos de pacientes que habían pasado por su consultorio, a quienes les había salvado la vida, gracias a la física cuántica, y con esto de física cuántica quedé estupefacta. Nunca imaginé que el chamán pronunciaría la expresión “física cuántica”, pensé que diría que sus remedios son debidos a la naturaleza o a la sabiduría ancestral propia de los pueblos indígenas; pero no, no eran ni la sábila en las mañanas, ni el agua de limón, ni el bicarbonato de sodio inyectado, ni cualquier receta de esas que abundan en los consultorios naturistas o se pasean por la red. Nada menos que la física cuántica, y me habló de la telepatía, de los universos paralelos, de crear la realidad con la mente y de la muerte como una ficción, y de otras cosas más que corroboraba con libros escritos por unos científicos a los que había leído.

Menos mal que en mi biblioteca tengo unos cuantos libros de Mario Bunge, un filósofo de la ciencia nacido en Argentina, que habla de los fraudes pseudocientíficos, personificados por quienes dicen ser científicos y hablan de temas que no tienen asidero en la realidad, más propios de la imaginación, o fruto de sus miedos; y de eso abunda en las academias y, como diríamos coloquialmente, por ahí. En palabras de Mario Bunge, no es más que “fantasía desenfrenada por la ciencia” (Pseudociencia e Ideología, pag. 13)

El caso del chamán no es aislado. Con demasiada frecuencia podemos observar que se   comparte en la red abundante información sobre este tipo de fenómenos que tienen de todo, menos de física cuántica.

Pero, estos “delincuentes culturales” como les llama Mario Bunge, comercian con la ignorancia de las personas, además de que le hacen un grave a daño a la sociedad porque obstruyen los caminos de la ciencia. No es fácil descubrirlos, pues para eso hay que tener un conocimiento genuino, en este caso sobre la física cuántica, y la mayoría de los mortales -por variadas razones- no tenemos un conocimiento importante sobre esto. No es fácil descubrir a los embaucadores que venden sus especies con un rótulo de “científico” o que hacen pasar por ciencia –con el rigor que ésta implica- lo que no lo es.

Al parecer, el miedo a la muerte no nos abandona y en tiempos de crisis, cuando una religión ya no es capaz de resolver las inquietudes de las personas, se forman otras; aunque no es mucha la diferencia, es un salto minúsculo dejar de creer en que Jesús fue concebido por una virgen a creer que la salvación está en otro yo que habita en otro universo y de ahí al infinito, o que la pobreza, las guerras y la vida en sí, obedecen a la capacidad imaginativa de nuestra mente, y que solo hay que pensar en la riqueza para acabar con la pobreza, hay que pensar en la paz para acabar con la guerra…pero no es así de fácil.

Unos de los sucesos que también acompañó la caída del imperio romano -además de la invasión de los pueblos bárbaros, el periodo de anarquía militar, la crisis económica, política, y social-  fue una profunda crisis espiritual. Los antiguos dioses y la vieja fe romana se anquilosaban y eran incapaces de recoger las nuevas inquietudes de un imperio convulsionado. La vida después de la muerte adquirió más importancia que la gloria terrenal; de este modo la religión cristiana empezó a recibir adhesiones de grandes conglomerados de gente hasta llegar a influir en los esquemas del estado romano.

Así de sencillo,  el cristianismo fue una religión oriental como otras tantas que se habían infiltrado en el imperio romano.

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