Las víctimas en Colombia somos todos

22 de julio del 2014

Ya que el tema está incluido en las conversaciones con los petulantes de las FARC, a ambos, gobierno y energúmenos, hay que hacerle la aclaración de que todos los colombianos, donde quiera que vivamos, hemos sido golpeados por este trágico episodio en la vida moderna de patria boba. Es más, me estoy quedando corto al […]

Ya que el tema está incluido en las conversaciones con los petulantes de las FARC, a ambos, gobierno y energúmenos, hay que hacerle la aclaración de que todos los colombianos, donde quiera que vivamos, hemos sido golpeados por este trágico episodio en la vida moderna de patria boba.

Es más, me estoy quedando corto al solamente incluir los que actualmente vivimos; pero el brazo de la violencia se tiene que extender por lo menos a dos generaciones venideras más. Aún así firmen o acuerden lo que entiendan que se debe hacer, la historia no está terminada por escribir. Sería un momento histórico llegar allí, pero conociendo lo poco por las actuaciones anteriores de esta estirpe, FARC, hasta que no llegue ese final, no se les puede creer. (Créanme que estoy tratando de ser decente al referirme a ellos, pero las palabras que recorren mis células cerebrales, son las más fuertes y poderosamente groseras; imagínenselas, porque eso es lo que los quiero llamar.)

Y a los señores (títulos indecentes) de las FARC, analicen los cambios que han sucedido en la región; si una persona como Maduro pudo ser elegido presidente de una nación como Venezuela, o Evo Morales en Bolivia, sin necesidad de un arma y con el simple poder del voto popular, muestra claramente que ninguno de ustedes tiene la capacidad de enfrentar esta realidad. Las armas, guerras, secuestros de niños para convertirlos en sus soldados o niñas en sus prostitutas, da algún resultado. Si no lo han logrado en estos 50 años, no van a lograr nunca lo que en sus pesadillas creen que es lo que necesitamos en el país.

Las guerras no mejoran la economía que hace emerger a una nación; lo que forma es una economía de mercado negro que no influye en el crecimiento normal establecido; ustedes fracasaron, la gran mayoría de los colombianos los rechazamos, sus peroratas no nos interesan; ¿qué más quieren oír de nosotros la gran mayoría de los colombianos? ¿Quieren robar como los políticos? ¡Háganse elegir! Si es que encuentran los votos…

Y ya que de paso estoy hablando de beligerancias, le voy a dar su rebanada al otro guerrista, el Senador Uribe. Yo no tengo miedo de llamarlo así, y no voy a retirarle este título como lo hizo el cura Luis Augusto Castro, Sr. Uribe (a usted en mi mente le tengo también su buen número de títulos y ninguno es decente, imagíneselos.) Primero, usted se verá como se quiera ver, como redentor, mesías, o como lo quieran ver sus seguidores; pero muchos los vemos exactamente como el significado de la palabra lo define a usted, ¡guerrerista!

Permítame decirle que en 8 años, usted no pudo acabar a las FARC ni con las ELN. Y para expandir el análisis sobre los conflictos en las últimas décadas en el mundo, le doy el ejemplo de una nación que se siente militarmente poderosa, Estados Unidos. Desde la guerra de Vietnam, no ha ganado ninguna contienda bélica. ¡Ah, perdón! En Panamá contra Noriega, y en Granada. ¿Contra quién peleaban? Contra nadie, como lo que sucede actualmente en Gaza con los israelitas, tanques contra piedras; mísiles caseros contra una de las fuerzas aéreas más poderosas del mundo. Es la única manera de ganar guerras. Y nuestra nación ni los criminales de las FARC o ELN tienen las facultades para logran un triunfo. Por eso es que ha durado más de 50 años.

Usted no pudo, ni lo podrán los gobiernos venideros. No porque la guerrilla sea invencible, porque se le puede vencer, pero al mismo nivel de ellos. El problema es que los gobiernistas están tratando con criminales, y ellos los ven a ustedes, como de su misma calaña. La guerra, como el divorcio, no es una solución a los problemas. Al contrario, engrandece el mal evitando el desarrollo de una nación, en un escenario, y en el otro, a la familia.

Las víctimas somos todos, el conteo no ha parado, y si la mesa de negociaciones necesita incluir víctimas en sus conversaciones, inclúyannos a los 48 millones de habitantes que les decimos a ambos, ¡niños, dejen de pelear!

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