Las zonas de desconcentración en Colombia

Las zonas de desconcentración en Colombia

24 de Febrero del 2017

Con el acuerdo de La Habana se hicieron famosas las zonas de concentración a donde llegarían los guerrilleros de las FARC y donde tendrían un entorno de desarrollo preparado para su reinserción a la vida civil, unas zonas que nadie sabe cómo van a funcionar, a controlar y a garantizar la paz.

Ante la incertidumbre que siente la población civil cercana a estas zonas en todo el país, que se preguntan cómo va a ser esa convivencia, qué reglas se impondrán? quién usara la fuerza? quién tendrá el control?, cómo será la circulación de territorios? Se responde con el gran esfuerzo del gobierno en preparar los predios, buscar la aplicación de los protocolos de la ONU, llevar la fuerza pública pero no responder a las preguntas de la población civil que duerme con la angustia de convivir con quienes hasta hace pocos días los extorsionaban, secuestraban, asesinaban y violentaban.

Esto sin contar con la preocupación de alcaldes y gobernadores que no saben cómo adaptarán su plan de desarrollo y sus políticas públicas para tener una gestión eficiente con el doble de población, con los mismos recursos o menos, con una mayor demanda de servicios de educación, salud, vivienda, etc.

Ni que decir de las oleadas de inseguridad ciudadana por las células disidentes de las FARC, cómo distinguir entre aquellos que tienen la conciencia y convicción de reinsertarse a la vida civil y aquellos que quieren seguir delinquiendo y viviendo del jugoso negocio del narcotráfico y la criminalidad.

Con la firma del acuerdo de paz de La Habana gran parte de los colombianos quedaron confiados en que la implementación de los acuerdos estaría preparada y prevista en todo sentido por parte del gobierno nacional para que de manera efectiva y eficiente los guerrilleros llegaran a estas zonas e iniciara la tan esperada etapa del posconflicto.

Pero ¡oh sorpresa! los guerrilleros fueron llegando y no estaba todo preparado como se esperaba, casas sin terminar, mujeres embarazadas y niños inesperados sin atender, sin baterías sanitarias ni acueductos, durmiendo a la intemperie y sin asistencia médica. ¿Como es posible que después de suscribir el acuerdo no se ejecuten las condiciones territoriales y de desarrollo humano para estas personas, será que solo era un show mediático sin pensar en los seres humanos? Y la ONU afirmando que no se ha cumplido con lo pactado.

Ante tal catástrofe, el Presidente Santos plantea que la meta es construir 3.000 km de vías terciarias para 51 municipios en 15 departamentos ubicados cerca de las zonas veredales, que buena idea, pero si no s pudo levantar unas casas dignas en corto tiempo podrán lograr la construcción de carreteras que implica una voluntad política y recursos económicos ciertos. Además de lograr que sean proyectos prioritarios por encima de muchos otros que llevan largos años de espera en los municipios y departamentos.

También se dijo que la primera infancia será prioritaria, salas de lactancia y atención integral gracias al programa cuidarte. Perfecto, y como se van a desarrollar esos niños en un ambiente sano y digno, también se tienen pensados los cupos escolares, los profesores adicionales, los materiales que se requerirán para garantizarles el derecho a la educación a estos niños?, ¿o solo con las bibliotecas virtuales que mostraron en los medios televisivos se cubren las metas de una educación formal?. No se ve el plan a futuro ni la proyección cierta.

Mientras tanto, los niños Wayuu de la Guajira claman por atención real, efectiva, políticos que no desaparezcan los recursos, que se vea así sea la intención mínima del gobierno de actuar, donde las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos humanos se cumplan, ojalá se afirmara con la misma certeza que la Guajira es una prioridad para el país, que la primera infancia que habita en la Guajira también fuera destinataria de tan alta atención por el Presidente de la República.

Por otro lado, se publica que se tienen 15.000 hombres de la fuerza pública cuidando las zonas veredales, que interesante anillo de control, mientras tanto sufrimos actos de terrorismo en Bogotá que incapacita policías, entendiendo esto claro como un “incidente”, ya nada es grave durante la época del posconflicto.

Estamos frente a un país que ha perdido el norte y la concentración, hay zonas de desconcentración, porque nadie se preparó para afrontar estas nuevas situaciones, bastaba solo con firmar el acuerdo e ir pensando en el camino que se iba a hacer con víctimas y victimarios. La paz no solo se firma, se construye y para ello hay que ejecutar pero teniendo en cuenta las personas, los seres humanos, bien dice el dicho “el papel aguanta todo” pero el ser humano no. Más aún los niños, la primera infancia que con la indiferencia frente a la Guajira lo único que demuestra es la ausencia de foco.
Que bueno sería un interés real en todo el país, en fortalecer la seguridad ciudadana que se hace una prioridad cada día más a la luz del fortalecimiento de bandas criminales, un plan de contingencia donde la infancia de todo el país sea prioritaria la de la Guajira, las zonas veredales y el resto del país donde abusan y matan niños cada día. Ya nos acostumbramos a la indiferencia y a no llamar las cosas por su nombre, antes de La Habana existía el terrorismo hoy son incidentes.

El país está desconcentrado, estamos fuera de foco, no se ve una línea clara para el desarrollo, ante la dedicación al proceso de paz se perdió el interés y el trabajo en el resto del país, y ni siquiera en las zonas veredales que son la evidencia del proceso de paz se preparó lo que se había pactado, esperemos que los que allí habitan no se cansen de esperar al gobierno y empiecen a cuestionarse ¿porque no volver a delinquir?.

Foco, atención, concentración es lo que se necesita, priorización estratégica, pero en todo el país.

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