Lo peor del caso Odebrecht

Lo peor del caso Odebrecht

15 de abril del 2018

La corrupta Odebrecht ha sido sancionada por el tribunal de Brooklyn y deberá pagar $2 mil 390 millones de dólares a Brasil, $93 millones a Estados Unidos y $116 millones a Suiza.

En Panamá se adelantan más de 43 juicios contra la compañía brasilera y ya fue condenada a pagar una sanción de 220 millones de dólares.

En cambio, en Colombia lo que actualmente se discute es cuánta plata de nuestros impuestos vamos a terminar pagándole los colombianos a Odebrecht y sus socios. El mundo al revés.

Así se evidencia de las graves denuncias hechas por el senador Robledo, quien en su reciente columna explica qué tanto Vargas Lleras como Duque han trabajado con empeño para favorecer, no a Colombia, sino a Odebrecht y a su socio Sarmiento Angulo.

Lo primero que resulta sospechoso es que en casos de menor envergadura, el Estado ha declarado la caducidad en contratos como el Túnel de La Línea, Navelena y el Ruta del Sol III, con las sanciones y las inhabilidades que ello implica. Pero aquí, como está Don Luis Carlos, hablar de caducidad quedó prohibido. Al punto que, cuando la ANI podía iniciar el proceso para declararla, salió el SuperIndustria, de la nada, a ordenar una terminación inmediata, salvando al grupo Aval del despeñadero que significa la caducidad.

Pero lo peor del ya escandaloso caso de corrupción de Odebrecht es la expedición de la Ley 1882, aprobada en conjunto por santistas y uribistas. La 1882 incluyó un orangután que permite de manera retroactiva que con recursos públicos se paguen las deudas de contratistas corruptos como Odebrecht. Ese sí es un Estado derrochón: tranquilos, corruptos, yo pago la cuenta.

Lo curioso es que Santos, que objetó leyes como la de las madres comunitarias o la ley que favorecía a los pensionados, no dijo nada y le dio vía libre a este cheque en blanco a favor de los bancos y de los corruptos. Para ellos sí hay plata.

La ley, que debe ser impersonal y abstracta, tiene en este caso nombre propio. Y tan descarado fue el asunto que el ministro de Transporte se comprometió a radicar un proyecto de ley que eliminará el articulito de la retroactividad. Como era de esperarse, nada ha pasado y el articulito sigue vivo.

Mientras tanto, Sarmiento Angulo está utilizando todo su poder para salir intacto del escándalo. Espera recuperar con recursos públicos toda la plata que, por su cuenta y riesgo,  prestaron sus bancos y que no le ha pagado el consorcio del que a su vez hace parte, así como la inversión que hizo como concesionario de la vía, que hoy sigue inconclusa. Y empleará todas sus fichas, empezando por el Fiscal, por Vargas, por Duque, por el director de la Agencia de la Defensa Jurídica del Estado, por el SuperIndustria y demás, no solo para recuperar hasta el último centavo, sino para obtener las utilidades futuras derivadas del contrato corrupto de la Ruta del Sol II. Esa precisamente es parte de su reclamación, que está por resolver un tribunal de arbitramento.

Como dijo José Roberto Acosta en su columna, “hicieron trampa para entrar y están haciendo trampa para salir”.

¿Qué hacer? La única manera de acabar con esta estructura organizada de corrupción es derrotar a los mismos con las mismas, quienes han montado el mecanismo corrupto y viven de él. Si cae uno de los de arriba, caen todos, y el primer paso para que esto ocurra es ganarles en las elecciones presidenciales. Ni un voto para los corruptos.

Andrés Pachón | @AndresPachonTor

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