Los colombianos que estamos en el exterior

29 de junio del 2012

Somos más de cuatro millones de colombianos los que estamos en el extranjero. Eso es lo más parecido a la suma de las poblaciones de Medellín y Cali, que también pueden ser equivalentes a la población desplazada dentro Colombia por causa del conflicto armado. Hasta aquí somos un número y a lo mejor en lista […]

Somos más de cuatro millones de colombianos los que estamos en el extranjero. Eso es lo más parecido a la suma de las poblaciones de Medellín y Cali, que también pueden ser equivalentes a la población desplazada dentro Colombia por causa del conflicto armado. Hasta aquí somos un número y a lo mejor en lista de espera, pero algo más importante que eso: seguimos siendo colombianos.

El hecho de estar en el extranjero no significa que lo único que nos interese sean asuntos en materia consular, también nos preocupa lo que sucede en Colombia y por supuesto queremos incidir en los temas propios de nuestro país. Tenemos un representante a la Cámara por los colombianos en el extranjero, pero eso no garantiza una defensa plena de lo que más nos ha costado conseguir hasta nuestros días: Derechos. Así es, derecho a lo mínimo y derecho a lo público. Las criticadas reformas que intentan hacerle a nuestros derechos en materia de educación, salud y últimamente justicia son algunos ejemplos.

Con más o menos lupa, desde afuera vemos lo que sucede en Colombia, país donde el arraigo familiar, social, cultural o económico persiste. Nos molesta lo cómodo que solo resulta quejarse e indignarse. Somos muchos los que pretendemos sentar un arraigo ciudadano que nos permita ser tenidos en cuenta por el gobierno colombiano a través de algún tipo de acción con incidencia institucional. Somos muchos los que estamos en el exterior y tenemos la capacidad, el talento y las ganas de cambiar la realidad, de proponer alternativas y de buscar soluciones para nuestro país.

Con el nefasto intento de reforma a la justicia quedó certificado el bajo perfil de nuestro gobierno y del Congreso de la República. ¿Cómo nos van responder? A nosotros no nos sirve que el Congreso esté en discordia con el poder Ejecutivo, ni que renuncie un ministro cuando quedan en evidencia negociaciones con privilegios políticos hechos por debajo de la mesa. Tampoco nos sirven responsabilidades compartidas porque existirá siempre el riesgo de no encontrar un destinatario preciso para intervenirlo y controlarlo democráticamente. Mucho menos queremos salirles a deber a aquellos que sabiendo lo que hacían hoy en día se presentan como mesías de la patria.

Si el responsable es el Presidente da la República, el Ministro, la mayoría de los congresistas o el Presidente de alguna Cámara, tienen que ir a juicio político. El caso es que no nos sirven disculpas, queremos que la responsabilidad política aparte de rendirle cuentas a los ciudadanos colombianos sea pagada con algún tipo de penalización o inhabilidad. Si no existen recursos legales para ello, los podemos encontrar a través de la democracia. Lo peor que le puede pasar a un político no es que lo castiguen en las urnas, sino que lo señalen en las calles, en las redes, en los círculos y en los medios por incapaz, por abusivo y por corrupto. No juzguemos a la clase política, imputemos directamente responsabilidades a los políticos con nombres y apellidos.

Es verdad que estamos cansados, pero nos agobia más la mediocridad y en especial ese famoso dicho de que “tenemos a los gobernantes que nos merecemos”. Que quede claro que no los merecemos: no merecemos ni un solo político corrupto en el Congreso, exigimos transparencia, rendición de cuentas y control. Para eso somos ciudadanos y conocemos los alcances de serlo. Es más, queremos lejos a esas personas que destruyen el futuro de Colombia. Los queremos lejos pero sin pasaportes diplomáticos como los secretarios del Senado y la Cámara de Representantes que aparte de vacas sagradas resultan intocables.

Estamos en el extranjero y somos consientes que las redes sociales sirven pero no son suficientes. Tenemos que aprovechar el reciente fenómeno de la ciberciudadanía y potenciar cualquier capacidad de acción y empoderamiento. Somos más, somos muchos y hay objetivos comunes estando dentro y fuera de Colombia. Todos queremos un Congreso limpio y transparente, son tan solo algunos políticos, jueces y lagartos los que no desean ese cambio; no obstante, los podemos contar, los podemos identificar, los podemos visualizar, los podemos recordar en las elecciones, los podemos juzgar en los estrados, en las calles y en las redes.

Es hora de despertar, somos una ciudadanía inteligente, exigente y con sed de verdadero cambio. Si no está en Colombia, utilice internet, use las redes sociales y profesionales, envíe mensajes, hágase sentir y exprese su opinión sobre lo que sucede en nuestro país. Infórmese, lea, discuta, pregunte y utilice todos los medios que una democracia le permite para cambiar y mejorar la situación de Colombia. Indígnese, luche por lo suyo. Nuestra marca de “Colombia es pasión” no sirve de nada sin una filosofía concreta, la del cambio. Se nos hace tarde, llegó la hora de pasar al “Colombia es acción”.

AVISO:
Póngase en contacto si está en el extranjero, o tiene algún vínculo con colombianos en el exterior, y quiere aportar en la transformación de la realidad de Colombia. Se reciben ideas. Correo electrónico: info.colombiaesaccion@gmail.com

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