Los controladores de buses bogotanos.

28 de marzo del 2011

Al parecer las recomendaciones de blogs de www.kienyke.com no tienen un criterio definido y aparecen reseñados textos de un párrafo, notas de viaje discontinuas y verdaderos discursos políticos, sin embargo, y aun cuando me gustaría seguir opinando de política exterior y política interna, creo que dejaré a un lado mis análisis (que al parecer no merecen recomendación) para adentrarme en situaciones más puntuales:

Los controladores de buses bogotanos

He notado que en Bogotá ha tomado auge un oficio (o trabajo informal diría el DANE de Uribe para no tomarlos como “desempleados”) que corresponde a unos personajes parados con un cuaderno y un reloj o cronometro tomando el tiempo de las rutas de buses.

Aunque no muy frecuentemente (afortunadamente) tomo un bus, si me he podido dar cuenta de que por lo general estos personajes o “controladores ad hoc” se paran en cualquier anden, esquina e incluso vía principal y toma datos, se acercan a la ventanilla del conductor, rápidamente dan números y tiempos y son recompensados por su oficio con algunas monedas.

Por supuesto que no quiero entrar en la dialéctica de si es preferible esto o que roben, pues me imagino que a algún extranjero o economista le parecerá formidable  la capacidad de rebusque del colombiano, que en realidad no es otra cosa que un mecanismo de defensa para no morirse de hambre, frente al ostracismo del Estado para generar empleos formales o fomentar la educación.

Me parece que estas personas están contribuyendo a la falta de movilidad y el caos vehicular en la ciudad de Bogotá. Existen algunas rutas criticas como la carrera 13 con calle 63, la carrera 5ª entre calles 10 y 12, la carrera 7ª entre calles 34 y 45, en donde, además de la usual delicadeza y civismo de los conductores de servicio público, ahora no solo hay que sortear peatones y motociclistas imprudentes – además de vendedores y mendigos -, sino que ahora hay que sumarle a los obstáculos diarios estos  “controladores” de buses que utilizan las vías a sus anchas y han institucionalizado un “oficio”, el cual, como el de los vendedores ambulantes, no tardará en convertirse – si es que no lo es ya – en otro dolor de cabeza para las autoridades distritales.

Como ya imagino las marchas y protestas en defensa del derecho al trabajo, el reclamo social por lo agradecidos que los usuarios del transporte público deberían estar con estas personas, y la posterior conformación de asociaciones y agremiaciones en torno al oficio – lanzar un candidato a algo no estaría demás -, espero que las autoridades de policía y distritales le pongan coto a esto y obliguen a las empresas de transporte (lo que jamás se ha podio en más de 50 años) a que se organicen y definan tiempos y rutas para evitar este oficio que me parece no contribuye y más bien si dificulta la trastocada movilidad.

En una ciudad con tantos problemas me pareció prudente dejar en paz un rato a los Nule y a los Moreno, y presentar este tema esperando alguien más lo haya notado y le parezca que merece atención.

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