Los nietos de la dictadura argentina

Los nietos de la dictadura argentina

28 de mayo del 2013

Un sin sabor dejó la que se podría llamar la “muerte temprana” de uno de los dictadores más cruentos que tuvo la historia del Siglo XX en América Latina. Jorge Rafael Videla falleció el pasado 17 de mayo, dejando tras su desaparición una sombra de injusticia y cuentas pendientes en un país que aún llora sus más de 30 mil desaparecidos.

“Mis apropiadores eran unos asesinos. Eran cómplices de la dictadura”, dice Victoria Montenegro, una de las nietas restituidas por la organización ‘Abuelas de la Plaza de Mayo’,  que desde hace más de 30 años buscan a sus nietos desaparecidos.

Primer encuentro

“A 30 años de la dictadura militar y por los más de 30 mil muertos y desaparecidos. Ni Perdón ni olvido”. Esa fue una de las pancartas que más me impactó en una de las marchas que presencié en Buenos Aires en 2008 en el corazón de la Plaza de Mayo.

En esta imagen, uno de los monumentos construidos en honor a las víctimas de la dictadura argentina.

Cinco años después, a propósito de la muerte de Videla (sí, sin más tan simple como un apellido sin cargos ni nombres), retomé el contacto con esas historias que valían la pena recuperar: los nietos de la dictadura.

V de Victoria

Foto tomada de internet

Victoria Montenegro es la nieta recuperada No. 105 por la Organización de las Abuelas de Plaza de Mayo. Nació en 1976 y fue robada por la dictadura y entregada a una familia cómplice que la rebautizó como María Sol  Tetzlaff.

En una extensa conversación, Victoria relató cómo después de 32 años de una “vida falsa”, según ella, empezó un proceso lento y difícil de asimilar al tener que reconocer su identidad.

Durante toda su vida María Sol fue criada por sus “apropiadores”, una palabra usada para las familias adoptivas cómplices de la dictadura que recibieron a los hijos de los “rebeldes” para que no fueran igual a sus padres biológicos.

 “A nosotros nos adoctrinaron para que no fuéramos como nuestros verdaderos padres”, dice Victoria, quien lamenta lo sucedido: “Fue un crimen de lesa humanidad. Me duele. Entiendo que no está bien”.

Para María Sol (la persona que fue por 32 años, antes de recuperar su identidad)  no existían los desaparecidos, sino que, conforme a su educación ultra conservadora, era una “mentira política”.

Hernán, su apropiador, siempre le enseñó que hubo una guerra que fue ganada por “los buenos” y el tema de los perdidos se trataba netamente de una persecución política en contra de él, que fue militar en la época de la dictadura.

Siempre supe que Germán era militar y mataba gente“, dice Victoria con un aire de naturalidad difícil de entender.

Manifestación en el aniversario No. 30 de la dictadura militar en Plaza de Mayo, Buenos Aires.

Para ella, esos fantasmas sin nombres y apellidos y con una identidad desconocida, nunca tuvieron alma y no sentían dolor. En pocas palabras, desaparecieron y punto. No había más historia que contar.


  • De María Sol a Victoria: recuperación de la identidad

“Como una mentira” describe su vida esta nieta restituida. Su proceso de identidad nunca fue buscado sino que éste vino a ella.

En 1993 donó la primera muestra de sangre para cotejarlo con la información del Banco Nacional de datos genéticos en búsqueda de su identidad. Pero tan solo en 2000 su proceso de identificación empezó a dar resultados.

Al final de la causa (proceso de búsqueda) tenía miedo que fuera cierto, tenía miedo de aparecer”, dice Victoria quien en 2008 empezó a aceptar su proceso de transformación y cambió su nombre de María Sol Tetzlaff a Victoria Montenegro.

María Sol era una persona criada en una mentira, sin compromiso más que con lo propio, convencida de que nada se iba poder cambiar nunca, de que todo ya está decidido y que únicamente tenía que vivir para sus seres queridos porque todo lo que estaba mal nunca se iba a cambiar. “Fuí educada bajo el concepto de que las mujeres eran para la casa y para cuidar a sus maridos”. María Sol pensaba que lo que había hecho la fuerza estaba bien, “que el golpe de estado era necesario porque había habido una guerra”.

Cuando recuperó su identidad, su familia, entendió que quienes consideraba “la subversión”, era en realidad seres que, contrario a lo que creía, sí tenían alma, que eran seres humanos.

Antes de conocer la historia, dice que sentía mucha vergüenza por quienes eran sus padres biológicos, “porque eran subversivos” y cuenta cómo después de ser recuperada empezó a tener un proceso de reconocimiento con sus raíces y sus progenitores a quienes describe como luchadores, incansables y valientes.

Hilda Torres y Roque Orlando Montenegro, padres biológicos de Victoria

Hecho contrario, con sus padres adoptivos, asegura que lo que hicieron no puede ser considerado un acto de amor:

“No fue un acto de amor el de Hermán (su apropiador) hacia mi persona. No es que yo estaba sola en la vida y me crió como un papá. Mató a mis padres, mató un montón de personas, fue parte de un estado terrorista que decidió aniquilar a más de 30 mil personas y robarse a sus hijos”.

“Si no te metés no te va a pasar nada”

En una multitudinaria marcha  llevada a cabo en 2008, la solidaridad y la unión de esa sociedad casi diezmada, era la muestra de un compromiso ciudadano que crecía cada día más.

Los cómplices de la dictadura no daban pistas sobre los nietos robados siguiendo ese dicho tan popular de los años 80 y 90 en Argentina: “No te metás. Si no te metes no te va a pasar nada”, “por eso no querían hacer nada”, dice Victoria.

Sin embargo, en el último mes, el legislativo argentino aprobó una ley que pretende impulsar la colaboración de los ciudadanos para obtener información que permita dar con el paradero de los nietos robados. Son 20 mil dólares de recompensa por la información.

Sin tristeza

Los apropiadores de Victoria Montenegro fallecieron cómplices de la dictadura militar. El coronel del ejército Argentino, Hernán Antonio Tetzlaff, falleció en 2003, mientras que María del Carmen lo hizo el año pasado.

“No guardo ningún tipo de rencor, pero tengo muy claro que ellos no son mis verdaderos padres”. Entre tanto, Victoria, en búsqueda de su identidad recuperó los restos de su padre, quien fue asesinado a los 20 años; su madre biológica aún sigue desaparecida.

Desde que apareció su vida es como una escalera. Siempre hay algo que descubrir. Antes no podía ver más allá de lo inmediato y de lo propio, según cuenta; y luego del redescubrimiento empezó a caminar junto a otros que como ella están en la búsqueda de su identidad.

Hoy, esta mujer de 36 años, es secretaria de Derechos Humanos de una agrupación de gobierno en Argentina y tiene un rol activo en la búsqueda de la justicia y la verdad de su país. “Se acabó el miedo. El miedo se fue con María Sol. Yo soy Victoria”

@AlmendraNadaMás

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