Los políticos según el actor: Cuento de nunca acabar

25 de febrero del 2015

A todas estas, cuándo son las elecciones.

Fabio Restrepo es un actor paisa que, según señala Semana.com, “lanzó una andanada contra el sistema de salud”. Mentiritas políticamente incorrectas en el titulo con el que se presenta el video. Andanada contra los políticos, es la verdad verdadera.

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=bgSCft03yY8[/youtube[/youtube]

Corruptos, asesinos (más que desalmados, el de Caquetá, el que retrata las terrible maldad colombiana y la incapacidad estatal), inconscientes, animal, ladrón de la plata de la salud, malparidos

Los asesinos de cuello blanco matan sin piedad y lo más grave es que nosotros mismos les damos el poder”, es lo que escribió el actor en twitter al dar a conocer lo que grabó mientras narraba la triste historia de una pobre mujer enferma de cáncer y sometida a la tortura y el terror del Estado colombiano y sus secuaces, la tragedia de esa señora que se olvidará cuando el mismo estado le expida la de defunción y la despache para el otro lado.

¿Tiene razón Restrepo, el actor, cuando señala esos calificativos a los muchos políticos colombianos? (porque hay buenos –como señala, pero pocos, según afirma). Es la pregunta que podemos hacernos. Creo que sí, lo comparto, lo creo. Y si son muchos, muchísimos, como la legión demoniaca narrada en los evangelios. Es nuestro karma, pero con c para completar: ulo y aca y también olombia. Si miramos los grandes males del país y los paupérrimos avances hay siempre un concierto político para delinquir. Desde la violencia, hija mal habida de la confrontación partidista de medio siglo, pasando por el clientelismo frentenacionalista que se enquisto como garrapata, llegando a las mil y una formas de corrupción. La cual es también privada, de abajo y de arriba, cercana y lejana. Se viste de reinado de belleza y estirpe de sangre vernácula, como la repartida en España por el Embajador Carrillo en forma de real cuadernillo.

Esta es, sostengo, la peor delincuencia que tenemos. La cual (mejor terminar con la), aparece negando sus fechorías y disfrazada de títulos y sacolevas, pensando en el famoso orangután del maestro Echandía. Se disfraza de democracia, de Constitución, de esperanza benévola, es decir, de política para el bien común. Y como el perro colombiano es capado a la n potencia, les creemos y, como dice el actor, los empoderamos, les damos poder. Tan siquiera a los hampones hampones lo que nos queda de instituciones sabe que son maleantes, los persigue y que, bajo la idea moderna de la seguridad de la comunidad cedida a la ficción estatal, son objeto de las fuerzas militares o policiales. O se les arresta, se les somete a judicialización o se les da de baja. Por eso hasta recompensas, como en el oeste, se ofrecen o se muestran sus caras en dibujos atemorizantes. Pero a los políticos, una gran mayoría, que posan de buenos, no son políticos y, cuando se ven con las manos en la masa, lo sacan a relucir visiblemente: no sabe quién soy yo, llamen a mi papá, es un complot, yo no fui… Que negra peste, milenaria, peor que la de la Edad Media, que acabó con la tercera parte de Europa. Esta, la nuestra, transmitida por roedores, acabará con todos y todas y, mientras lo hace, sonreirá en una propaganda televisiva.

A todas estas, cuándo son las elecciones.

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