Mal trago a la colombiana

20 de junio del 2018

Fue muy duro.

Avianca

La madrugada del martes 19 de junio estuvo compuesta por una sensación triunfalista y un sueño de media semana: la Selección Colombia de Fútbol atendería, como Dios manda, a la de Japón y tendríamos un pie en la segunda vuelta del Mundial Rusia 2018.

Todo estuvo listo. Televisor nuevo, camiseta nueva, frazada de peluche para el frío, álbum del certamen para identificar a los innombrables orientales, control remoto con pilas nuevas y una veladora encendida al Divino Niño para que iluminara a los jugadores y para que no se fuera la luz.

A las siete de la mañana sonó el pitazo inicial. Tres minutos después todo se fue al carajo y, 87 posteriores, el pitazo final marcó la entrada al baño para acicalarse. Una ducha con agua fría para bajar “el piedronón” y para hacer el desayuno de mis hijas que, entre ronquidos y gritos espontáneos, me acompañaron a ver el partido jugado en Saranks.

La tusa futbolística es un hábito colombiano. Estamos adaptados a ilusionarnos, a soñar con ir a los estadios, a engrandecer a nuestros jugadores y a vapulearlos después de una derrota. Es típico.
Japón aprovechó la situación y nos ganó, en todos los aspectos.

La derrota de Colombia no fue solo en la cancha. A un espontáneo colombiano llamado Guillermo Morales Cárdenas se le ocurrió, después de ver el partido en el estadio, salir a grabar videos con mujeres japonesas. Hasta ahí, todo normal.

La fiesta da para tomar del pelo, gritar al unísono con hinchas del equipo rival y hasta para tomarse un par de cervezas. Pero a este personaje le pareció graciosísimo hacer “buen uso” de su desacertado humor y aprovecharse de un par de hinchas niponas, que no sabían ni papa de español, y manipularlas para que dijeran frases de grueso calibre. No contento con esto, grabó los mensajes que segundos después rodaron por cuanto teléfono con chat existe en Colombia y por cuanta red social está al alcance de los colombianos.

Las reacciones no se hicieron esperar. El hombre, víctima de su propio invento, logró que miles de personas lo desenmascararan y lo catalogaran de “indeseable”. La situación se puso color de hormiga y la Cancillería colombiana decidió intervenir. Creo que, hasta el momento de este escrito, el tipo debe estar pagando escondederos de a peso y tratando de que no lo deporten, para no perder la plata invertida en el viaje.

Con el video de la discordia fue publicado otro en el que se ven varios japoneses recogiendo en bolsas la basura que hicieron mientras alentaban a su selección. Una cachetada de guante blanco que nos dejó mal parados y que confirmó, así no lo queramos aceptar, que nos falta mucho para ser un país del primer mundo. Alguien, con razón, escribió que “por eso es que Japón se recupera de un Tsunami en 10 meses y Colombia no supera el asesinato de Gaitán en 70 años”.

Me dio pena ajena. Y me acordé de la época del colegio y de la adolescencia, cuando el objetivo de vida era tomar del pelo, “montársela” a los compañeros de clase y poner sobrenombres al que diera “papaya”.

Pero el video de Guillermo no fue el único. Al mejor estilo de videotienda de barrio, otro fue publicado y protagonizado por un par de connacionales que, violando todas las reglas, lograron ingresar aguardiente al estadio en unos supuestos binoculares. Conseguida la fechoría, brindaron con el elixir de anís y las carcajadas minimizaron el ruido de las bubucelas.

No contenta con la derrota, la malicia indígena nos jugó una mala pasada y nos hizo quedar como “un cuero” (palabras de madre avergonzada). Sería un mentiroso si negara que hice travesuras cuando joven, pero creo que he madurado. ¿Es mojigatería o es que estamos cansados del estigma?

Horas más tarde, Morales pidió disculpas por el tropezón y aseguró que “todo fue una broma y que nunca quiso que se hiciera viral”. La decepción de lo futbolístico fue engrosada con el bochorno.

Un compañero de trabajo, que viajó desde Moscú hacia Saransk en tren, contó que otro connacional casi agrede a un empleado que le reclamó por estar tomando alcohol en el vagón de transporte. Mi compañero y su papá decidieron seguir el recorrido, acompañados por peruanos y argentinos porque, según él, son muchos los compatriotas problemáticos.

Después no nos quejemos cuando los cineastas norteamericanos hagan series de narcos colombianos. A muchos les encanta la cultura “traqueta” que Colombia todavía conserva.

Entonces, ¿los japoneses nos ganaron en todos los aspectos o no? Pues, para mí, sí.

Esperemos que con Polonia sea la revancha; que los hinchas aprendan a comportarse; y que el cambio del televisor, la compra de la camiseta y la llenada del álbum hayan valido la pena.

¡Ánimo, onceno cafetero!, que pa’ lante es pa’ allá.

@HernanLopezAya

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO