Malicia indígena

22 de junio del 2018

La peor herencia que nos quedó de la colonización española es definitivamente lo que coloquialmente hemos decidido bautizar como “malicia indígena”, término mal empleado por que en lugar de haber sido los indígenas los que nos dejaron esa herencia, fueron realmente los españoles, quienes engañaron, saquearon y se aprovecharon de la inocencia del aborigen para […]

Malicia indígena

La peor herencia que nos quedó de la colonización española es definitivamente lo que coloquialmente hemos decidido bautizar como “malicia indígena”, término mal empleado por que en lugar de haber sido los indígenas los que nos dejaron esa herencia, fueron realmente los españoles, quienes engañaron, saquearon y se aprovecharon de la inocencia del aborigen para llevarse sus riquezas, abusar de sus mujeres y poblar una región rica en recursos y que a hoy, poco debemos agradecerles.

Sin embargo, esa “malicia” de la que tanto nos preciamos y enorgullecemos tener, es realmente nuestra peor desgracia, es la que nos ha llevado a pasar vergüenzas a nivel mundial, aunque eso al parecer no le preocupa a un importante número de compatriotas, quienes celebran cada vez que un colombiano, hace gala de su “astucia”, en otros países y muestra de que estamos hechos, pero tampoco es un tema que avergüenza a muchos que al ver algo como eso, en lugar de sancionarlo, lo celebran como una victoria más, agregándole adjetivos como “ingenio paisa” o frases como “el colombiano no se vara”, compartiéndolo y viralizandolo en redes como otra conquista nacional.

En las últimas semanas hemos visto como esa malicia indígena, de la que tanto nos preciamos tener, no es una virtud, sino que por el contrario, es nuestra mayor maldición, ya que gracias a esa capacidad para pasar por encima de las normas y de las personas, hemos quedado en evidencia a nivel mundial de qué es que estamos hechos.

Aunque no hace falta ver las imágenes de colombianos insultando a japonesas, aprovechándose de la diferencia idiomática o ver como otros colombianos, sacando a flote su “ingenio paisa”, violan la seguridad de un estadio en Rusia para meter licor o a una reconocida influencer, bañándose en la fuente del Louvre.

Aún cuando los medios y los ciudadanos de a pie, intentan minimizar estos eventos, calificándolos como hechos aislados o acciones de unos pocos que no representan a la mayoría de colombianos, si por el contrario, vemos que esta es una características que nos persigue y que aunque queramos ocultarla, como los del licor en los binoculares, es una realidad de a puño, no podemos entrar en los eufemismos de pensar que esto es propio de algunas personas sin educación, sin formación o como dicen los más creyentes “sin temor de Dios”.

Porque es algo que vemos a diario, que vivimos a diario, se nos ha enseñado por siglos, que el “vivo vive del bobo” y que en este país triunfa el “más avión”, eso nos ha llevado a que se nos vuelva común colarnos en los buses o en las filas, a dar vueltas con el billete falso, a quedarnos con las vueltas o a creer que si no nos ven, el delito es menor, por eso, tiramos basura a las calles, por eso algunos motociclistas ignoran la norma del casco, por eso muchas personas violan la norma del pico y placa y aunque hayan normas como la del cinturón de seguridad, muchos prefieren medio ponérselo o simplemente ponérselo cuando ve a un policía, porque eso es para los bobos.

Vivimos en una sociedad, donde se premia al “avispao”, a ese que saca provecho del otro y de cada situación y que además menosprecia al que cumple la norma, al que pone las luces direccionales cuando va a voltear, al que dice gracias o por favor, al que tira la basura en la caneca, no porque lo están viendo, sino porque entiende la importancia de cuidar el planeta.

Qué vergüenza con los indígenas atribuirles tan horrible característica, que pena con ellos, quienes sí entienden lo que es verdaderamente vivir en comunidad, respetar y entender que no se es mejor persona por pasar por encima de los demás o de la norma, se es mejor persona, cuando se entiende que justamente nos debemos a los demás.

Y sí, seguramente no somos todos los colombianos que ondeamos la bandera de la malicia indígena y seguramente hay muchos que han entendido que no es así como se convive y la mayoría de veces respetan a los demás, son cumplidores de la norma (aún cuando no los vean), el asunto con eso, es que, esos casos son justamente la excepción a la norma, por eso sacan en los noticieros al taxista que devolvió la plata que se encontró en su taxi, por eso en Colombia han sacado programas de televisión con secciones como “que buena onda” o la sección del noticiero de “gente que le pone el alma”, por que son casos excepcionales.

Ojalá las futuras generaciones lo entiendan y puedan desprenderse de semejante herencia tan abominable y sean ellos, quienes aplaudan al que respeta, al que orienta adecuadamente, al que entiende que este es un mundo de todos y para todos y que evolucionamos y crecemos como seres humanos, cuando reconocemos y respetamos al otro y no cuando pasamos por encima de él.

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