Me acuerdo

30 de julio del 2011

Me acuerdo de la primera vez que tuvimos un computador con acceso a internet aquí en la casa. Yo tendría 9 o 10 años y me metía a la sala “adolescentes” de Latinchat a enamorar a cuanta niña me encontrara haciéndome pasar por un italiano de 16. Cuando me pedían foto yo les mandaba la […]

Me acuerdo de la primera vez que tuvimos un computador con acceso a internet aquí en la casa. Yo tendría 9 o 10 años y me metía a la sala “adolescentes” de Latinchat a enamorar a cuanta niña me encontrara haciéndome pasar por un italiano de 16. Cuando me pedían foto yo les mandaba la de los amigos de mi hermana –a quien supongo que enamoraban de la misma forma-. Mi mail por esa época era ellocojuli@latinmail.com

Me acuerdo que una vez le pregunté a mi abuelo Pacho que cómo hacían los cajeros automáticos para dar la plata. Él me dijo que en la mañana trabajaban niños ahí dentro, en la tarde unos adultos y en la noche les tocaba a un par de viejitos. Le creí. Hoy en día cuando voy a retirar plata hasta los saludo y me despido dependiendo de la hora, como regularmente es en la mañana yo llego y les digo: “gracias niños, recuerden tomarse la sopita”.

Me acuerdo cuando le casqué un rocazo en la cabeza a mi primo Miguel Ángel mientras jugábamos a tirarnos piedritas. Sin dar muestra alguna de dolor me dijo que le iba a decir a mi mamá. Me puse a llorar de inmediato, sabía que el regaño que me iban a pegar era monumental. Estábamos en Yumbo y cuando me vieron entrar a la casa envuelto en lágrimas todos pensaron que mi llanto era porque extrañaba a mi hermana a quien por esos días habían mandado de vacaciones a Disneylandia. Me preguntaron que si era por eso y yo no dije nada, mi mamá y sus primas confiaron en su hipótesis y a cambio me regalaron un maletín de Mickey Mouse que habían traído de Estados Unidos. Fui feliz.

Me acuerdo de Alba, la viejita que vivía al frente de donde Socorro, la mamá del Fi –se pronuncia “fay”-. Y a su vez mi segunda mamá. Desde chiquito yo jugaba futbol en la calle con César –el Fi- y cuando el balón caía en la casa de ella la muy perra lo cogía y nos lo pinchaba. Las puteadas que le pagaba Socorro a la malparida esa eran magistrales, inolvidables. Hoy en día debe estar ardiendo en el infierno. Vieja puta.

Me acuerdo un familiar que está próximo a morir, se llama Luis y desde que tengo uso de razón tiene una camioneta muy vieja y destartalada. En ella jugábamos todos los primos, por esa época salió al mercado la “Toyota Hilux” y alguien -no sé quien- le bautizó la camionetica como la “Hi-Luis”. Cuando me entere voy a hacerle un busto al creativo.

Me acuerdo de Graciela, nunca supe si pertenecía a la familia o no, el caso es que era una viejita y todos los primos la odiábamos por chismosa. Anteayer murió. Aun recuerdo cuando Miguel Ángel le decía “Graciela” a Viviana, su hermana, porque esta iba a ponerle quejas a la mamá.

Me acuerdo cuando me iban a meter a una academia militar, yo tenía 7 años, me hicieron mil exámenes y todos los pasé. Al final mi mamá desistió de esa idea porque alguien le dijo que en esos lugares maltrataban demasiado a los alumnos. No me quiero ni imaginar que hubiese sido de mí si me hubieran educado allá.

Me acuerdo que siempre envidié a mi hermana porque yo no tenía padrinos y en cambio ella tuvo tres –una madrina y dos padrinos-. Que injusta es la vida ¿no?

Me acuerdo cuando le vi las tetas a Jaidy, una de las primas más bellas de la familia. Ella se vestía en el cuarto de mi hermana, donde estaba el teléfono; yo tendría unos 12 años -ella 17- y necesitaba llamar porque iba a pedir unos CD´s de Play1 a domicilio. No le vi sus atributos de mala fe, sabía que acababa de salir del baño y calculé un tiempo considerable, al asomarme a lo lejos vi que la puerta estaba abierta y por eso entré así no más como si nada. De haber sabido que ella se cambiaba con la puerta abierta hubiera entrado muchísimo antes.

Me acuerdo que al otro día ya les había contado mi hazaña a todos mis primos y amigos de la cuadra. Me idolatraron.

Me acuerdo del exquisito humor de mi papá.

Me acuerdo de La Lleva, Ponchado, Bobi, 18 pasos, Tintín-Correcorre, Stop y del “por mí y todos mis amigos” del escondite; no faltaba quien “quemara la olla”, claro.

Me acuerdo que mi muñeco favorito de toda la vida siempre fue el demonio de Tazmania. Que mi animal predilecto es el rey de la selva y que hace un par de años compré en Villa de Leyva un llavero en forma de León el cual nunca he usado. Pienso dárselo a mi esposa el día en que vaya a pedirle matrimonio.

Me acuerdo de todos los partidos del Cali en la Libertadores del 99. Ese año tuve la dicha de ver por primera vez en la vida un partido de mi segundo amor futbolero: el River Plate. En esa ocasión le ganamos 1-0 con un gol que el gran Martín Zapata hizo de penal.

Me acuerdo que a todo amigo de mi mamá que venía a la casa lo azaraba para que jugara conmigo un “campeonatico” de futbol en un pasillo grande que atraviesa un par de habitaciones. Eran varios los que accedían al reto, en este tema yo era el propio cólico.

Me acuerdo la vez que jugué en el Pascual Guerrero. Yo jugaba en el Cali y el estadio estaba lleno porque antes de un partido que de los profesionales tenían contra el Santa Fe nos programaron un enfrentamiento entre las divisiones menores. Ese día hice dos goles y todo el mundo los celebró como si fuera la final del mundial.

Me acuerdo cuando una vez le dije algo a mí ahijada de 4 años y ella me respondió de la misma forma como yo hubiera contestado. En ese momento confirmé la teoría de mi mamá que los ahijados salen muy parecidos a los padrinos en cuanto a la forma de ser. Desde ese día les pido a todos los Dioses habidos y por haber un futuro mejor para la niña.

Me acuerdo que la primera y única vez que he intentado irme a los golpes con alguien fue en el taller de Artes Gráficas de mi colegio. Fue por un juego chimbo, el man era un chiquitico ahí y me caía hasta bien, yo lo saludé con un puño suavecito en el brazo; él me dijo que no le había dolido, que le volviera a pegar, lo hice. La escena se repitió un par de veces más hasta que el pirobo ese de un momento a otro dijo que “ya le tocaba a él” y me lanzó un puño en la cara. Yo me lo esquivé y me le fui encima a darle duro pero me cogieron. Nos dejamos de hablar y solo interactuábamos cuando nos dábamos un par de buenas pataditas en los partidos de Educación Física.

Me acuerdo de los mejores apodos de mis compañeros del colegio: “El Pintoso”, “sobrado e´ tigre”, “gerardosaurio”, “pituche” (el man se enorgullecía de su apodo), “la care mapache”, “totoy”, “rocoto relleno”, “camello”, “el perro”, “moto ratón, “tratamiento”, “la moña”. Yo tenía el peor: “el farza”. Me lo pusieron por una estupidez que no vale la pena explicar ahora.

Me acuerdo que hace más de un año Valentina –a quien se le puede dar el rotulo de “primer amor”- y yo decidimos darnos una segunda oportunidad. Nadie tuvo tiempo ni de enterarse, a la semana de haber vuelto ella me dejó de la misma forma como yo la había dejado a ella 5 años atrás. Bastante justo me pareció. Jamás se lo reproché.

Me acuerdo que ya tengo imprimido el primer ejemplar de mi libro, es una recopilación de las mejores publicaciones de este blog. Ha sido de los mejores regalos que jamás me han dado en la vida.

Me acuerdo de todos los idiotas que creyéndose muy sabiondos me han dicho que “imprimido” está mal dicho.

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