“Me contaron los abuelos que hace tiempo…”

22 de octubre del 2019

Por: Rosa Chamorro.

“Me contaron los abuelos que hace tiempo…”

En las varias ocasiones en las que he ido a El Banco, Magdalena, he sentido su calor de bosque húmedo, aunque realmente de bosque no tenga más que unos árboles aledaños al río. Caminar por las calles banqueñas, disfrutar en el mercado del puerto de un viudo de pescado o sentarse en algún lugar en esas gradas de cemento que dan al río, me llevan a pensar en La Piragua de Guillermo Cubillos, en El Pescador o la Navidad Negra. Allí, todo parece haber sido conquistado por la cumbia, ese ritmo maravilloso del Caribe del que fue José Barros uno de los mejores exponentes, y en cuyo honor se celebra anualmente, desde hace treinta y cinco años, el Festival Nacional que lleva su nombre.

José Barros fue un hombre de río, lo dijo alguna vez Juan Gossain; en mí también hay río, así que a Barros lo puedo ver con la familiaridad con la que se tratan todos en un pueblo pequeño; inevitablemente va conmigo en la memoria, y lo llevo a otras regiones, como lo hago ahora en México, en donde pongo a sonar sus composiciones en las noches en las que me reúno a conversar con amigos en el departamento donde vivo. No sé si esto será la representación de una nostalgia de patria, como algunos me han dicho, o también pueda ser que, entre tantas circunstancias, somos hijos de la música y regresamos a ella como buscando el alma, y en el caso de la cumbia de Barros invocando, además, la alegría del alma.

Añoro volver a El Banco, para sentarme a la orilla del río y dejar que mis ojos zarpen siguiendo a los pescadores que, de pie en sus canoas, extienden la atarraya; o seguir también, durante un pequeño tramo, la corriente del agua, que habrá de pasar por la tierra del hombre caimán y continuará su rumbo al mar Caribe; no podría dejar de echar una mirada a las blancas garzas, que parecen posar como modelos al lado de alguna flor acuática; volver allí en las horas vespertinas cuando “el vaquero va cantando una tonada y la tarde va muriéndose en el río”; y en la noche, cuando en la oscuridad todo parece desaparecer, incluyendo el río, percibir la orilla contraria en las luces diminutas de otro pueblo, que se despiertan con las luciérnagas.

Aquí nació Barros el 21 de marzo de 1915, en este puerto sobre el Río Magdalena que fue durante más de cuatro siglos la principal vía de comunicación entre la Costa Atlántica y el interior del país. Nació junto al río y con el río se fue, a aventurar en otras tierras. Por eso no es raro que Barros, además de sus composiciones más conocidas de cumbia, porro, chandé y currulao, también escribiera tangos, boleros, valses, pasillos y rancheras.

Sin duda podemos afirmar que el maestro Barros es uno de los grandes compositores latinoamericanos. Dice el profesor de literatura Ariel Castillo que “de todas las letras de las canciones de José Barros, la que más me gusta, la más interesante es Navidad Negra donde con una gran intuición el maestro Barros crea el ambiente en que se mueven los personajes, y cuando vienes a ver, en el quinto verso ya estás metido en todas las sensaciones”

Otro aspecto que hay que destacar en la obra artística del maestro Barros es el contenido social de sus composiciones, que recogen experiencias propias y reflexiones sobre el quehacer cotidiano de la gente del común en un lenguaje sencillo pero bello, como lo hace, por ejemplo, en la cumbia “Violencia”.

Se quedan cortas las palabras para describir la importancia que tiene en la vida cultural de esta región y del país en su conjunto la extensa obra de José Benito Barros Palomino. Es uno de esos personajes que ha alcanzado algo que los hombres persiguen desde tiempos inmemoriales: la inmortalidad. Y con ella arrastró también a su pueblo natal, El Banco, en donde por fortuna se le seguirá rindiendo el homenaje del Festival Nacional de Cumbia, acertadamente dirigido por su hija, Veruschka Alexandra Barros.

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