Me dio la vida después de muerta

Me dio la vida después de muerta

18 de mayo del 2018

Salí de la habitación de la clínica a eso de las dos de la mañana, me recosté en una cama y como a las cinco recibí la noticia de su muerte, que dicho sea de paso, se esperaba, sin embargo, no podía racionalizar el hecho de que ella ya no estaba.

Mientras los demás hacían los trámites del hospital y los arreglos funerarios yo decidí quedarme en la morgue con ella, siempre le había tenido miedo a los muertos pero en esta ocasión me sentía en el lugar más seguro del mundo porque estaba con mi madre.

Cuando toqué sus manos se sentían como cubos de hielo con un caucho encima, era raro, pero a pesar de ello, le metí mis manos heladas en su barriguita para que me las calentara, así como lo hacía todas las madrugadas mientras me acompañaba a tomar el bus del colegio.

Su vientre a diferencia del resto de su cuerpo estaba tibio y suave, tal como lo recordaba, estuve allí poco más de dos horas hasta que llegó el galeno para pedirme que firmara el acta de defunción. Me preguntó qué hacía y yo le dije que me moría de frío y mi mamá siempre me calentaba las manos así y que aunque estuviera muerta lo seguía haciendo mientras la acompañaba en la morgue, me miró con cara de estás loca y me dijo que eso era imposible, porque ya su cuerpo presentaba el rigor mortis desde hacia 5 horas, él no entendía que una mamá no deja de ser mamá ni muerta.

Pero esa no fue la única señal de que seguía allí conmigo, ya en la funeraria cuando estaban arreglando el cuerpo me opuse a que fuera el personal quién le diera el último toque y la maquillara, les dije que yo lo haría a lo que respondieron que eso era imposible e iba contra las reglas, les aseguré que igual lo iba a hacer y no tenía inconveniente en sacar su cadaver a la calle y hacerlo afuera, ellos viendo mi determinación, accedieron.

Saqué mi carterita de maquillaje, lo primero que hice fue acariciar su rostro con una crema humectante, tenía una expresión triste con las comisuras de sus labios hacia abajo, no me gusto, no era ella, así que trate infructuosamente por todos los medios de cambiarla, masajee una y otra vez sus cacheticos y finalmente la maquille como si fuera a un evento especial, su último y gran evento especial.

Ya en sala de velación cuando la gente se acercaba, contaba que tan bella había quedado y hablaban de su sonrisa, pensé ¿sonrisa? ¿Cuál sonrisa? si ella tenía expresión de !tristeza!

Me acerqué al féretro y lo que vi me dejó atónita, mi madre estaba sonriendo, muerta pero con una expresión inequívoca de felicidad y paz.

Muerta pero con una expresión que hablaba por sí sola y me decía hija gracias por lo que hiciste.

Muerta, pero una vez más haciéndome sentir bien a pesar de no haber sido todo lo que debí para ella.

Ese día, mi madre hasta muerta, me volvió a dar la vida.

Feliz día mamá.

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