Me fascina la coca: confesiones de un adicto

10 de junio del 2011

El día que conocí la coca pasó hace mucho tiempo, sin embargo sigue vivo en mi memoria cual si hubiera sido ayer. Ese día estaba con unos amigos que para todos los efectos, eran mi universo social. Ellos eran mi “parche”, mi “combo”, los “parceros”. Mirando hacia atrás con ojos de hoy, no queda más que decir, ellos eran unos adictos a la coca. Mis amigos se dedicaban exclusivamente a pegarle y yo, como no sabía nada, me sentía excluido.

Después de tener muchas dudas sobre la conveniencia de pegarle a la coca, llegué a una conclusión inevitable. Yo debía pegarle a la coca para convertirme en uno de ellos. Así que sin más, pedí una y me puse a pegarle como había visto a mis amigos hacerlo, con determinación, placer, seguridad. Mostrándome bastante pedante, pues quería parecer experto, me lancé al ruedo. Sin embargo al cabo de mi primiparada, era obvio que no tenía idea de lo que estaba haciendo. Fue un fracaso total, hubo bromas y burlas, pero ya no me sentía afuera. Después de mi primer cocazo ya era uno de ellos.

A pesar de mi y conmigo en mente, seguí haciéndolo. Aprendía cosas nuevas todos los días y era incomparable la sensación que experimentaba cuando lo hacía bien. Sin embargo como todas las cosas en ese tiempo, el interés en la coca se me acabó paulatinamente. Conocí a otras personas con otras mañas y como es natural, por presión grupal pasé a practicar esas otras mañas. En retrospectiva, ¡Que carácter tan debilucho! Debí haber seguido con la coca en vez de meterme en bobadas.

Pasó así mucho tiempo y como suele suceder se me olvidó completamente que alguna vez anduve con mis “parceros”, que eramos unos coqueros empedernidos y que habíamos hecho pactos y juramentos entorno a la coca, todos ellos obviamente incumplidos. ¡Que falta de carácter! Y la vida se volvió aburrida. Una incesante sucesión de minutos después de despertar, concluyendo únicamente por falta de energía más que por sensación de logro. A dormir y mañana será otro día. ¡Que jartera! No podía seguir viviendo así, sin emoción en mi vida.

Hace poco volví a mis sentidos casualmente, me encontré con mi dosis por esas cosas de la vida, en Monserrate. Dejé la vaina de andarme metiendo en cosas que no se comparaban, ni siquiera lejanamente, al efecto delicioso de un cocazo sobre mi cuerpo y mente, zambulléndome una vez más en la coca. El retorno no fue sencillo de ninguna forma, más bien diría que fue bastante complejo, pues el primer intento me desequilibró bastante. Ya no soy tan joven como antes, pero todavía me cae bien la coca. Seguí pegándole durante los días siguientes hasta que volví a sentir la satisfacción inmensa que sentía esas primeras veces.

Ahora no pasa un día sin que le pegue a la coca, la necesito presente en mi tiempo libre, requiero de su calmante naturaleza cada vez que siento que no puedo más. Cuando llega ese momento del día en que no quiero saber nada de nadie, le pego a la coca. No hay nada como el regocijo que experimento cada vez que le pego a la coca, el absoluto éxtasis al que me lleva la coca. Que experiencia tan deliciosa! La cadencia definida de una buena técnica y la satisfacción de pegarle a la coca. Definitivamente soy adicto a la coca.

Relájese y disfrute de un buen cocazo, seguro le sienta bien.

Varios amigos me miraron raro cuando les hice la misma recomendación, así que tuve que aclarar que la coca que a mí me gusta es la que se encholoca. Se dice así, del verbo encholocar. Gente rara.

Si se detuvo suficiente tiempo en la imagen merece algo. Qué? no sé.

Mi muy estimada coca.

@gustavoaguevara

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