Mi experiencia en meditación y salud

Mi experiencia en meditación y salud

8 de septiembre del 2017

No soy monja budista, no soy sufí ni yogui y mucho menos una experta en meditación. Pero como varios, pasé un periodo de enfermedad. Desde entonces una sola idea se instaló en mi cabeza para no salir jamás: VOY A ESTAR SANA, YO SOY SALUD.

En mi búsqueda por el bienestar me topé con un ‘librito’ en la biblioteca de mi tío (médico); “Meditación creativa . Ya antes había oído hablar de los beneficios de la meditación para la salud e incluso lo intenté sin mucho éxito.

Algunos dicen que las coincidencias no existen o como exclaman las mamás, ‘las cosas pasan por algo’. Así que decidí darle la oportunidad una vez más; empecé a leerlo con escepticismo –hay una delgada línea entre misticismo y superchería–  y esto fue lo que aprendí.

La mejor forma de meditar

La mejor forma de meditar no existe. Hay muchas técnicas de meditación y hay, aún más, ejercicios para meditar. Sin embargo, el modo perfecto de hacerlo es puro cuento. Todas las formas son correctas, la única manera de hacerlo mal es simplemente no hacerlo.

No sé si como yo, tienen en la mente la idea de la persona sentada en posición de loto, y que siempre debe hacerse en esa postura. La meditación obviamente puede hacerse en esa pose, muchos así lo prefieren, no obstante puede realizarse sentado en una silla o incluso acostado con las pierna dobladas (para no dormirse).

Otro mito que descubrí es que a veces le echamos la culpa al bullicio exterior. ¿Cómo puedo meditar con todo ese ruido? Necesito encontrar un lugar tranquilo o no podré hacerlo; el mundo no es silencioso y no podemos ponerle mute a voluntad.

Por ello es importante aprender a meditar con todas esas distracciones rodeándonos. Querer es poder; además hay un lugar al que vamos a entrar que es aún más ruidoso: NUESTRA MENTE.

La resistencia al cambio

 Nosotros lo llamamos distracciones, algunos meditadores lo llaman resistencia; a veces caemos en lo que conocemos como zona de confort. En ocasiones estar enfermos, vivir a las carreras, con estrés, tener mil preocupaciones en la cabeza, se vuelve tan normal para nosotros que sin darnos cuenta nos volvemos cómodos en ello.

Cuando empezamos a meditar también comenzamos a liberarnos de todos esos pesos y cargas que nos echamos al hombro cada día y nos enferman. Sin embargo, es posible que haya una reacción opuesta porque estamos tan acostumbrados, que el cambio nos puede dar miedo y el cuerpo se resiste.

¿Cómo notamos la resistencia? Hay varios niveles que van desde lo más físico hasta al subconsciente. Cuando nos sentamos e iniciamos la practica nos puede doler un poquito aquí, una parte allá; ese es el primero y es un nivel mas corporal.

En la medida que vamos continuando, la resistencia se hace más mental. Nos llega la duda si apagamos la estufa, por ejemplo. Si continuamos con la práctica se nos puede ocurrir una idea brillante que tenemos que escribir ya, pero todos ellos cuentan como distracciones.

Los efectos de la meditación

Cuando nos diagnostican un futuro poco prometedor, nos da ánimo para probar diferentes cosas; no tenemos nada que perder y a veces nos encontramos con gratas sorpresas. Somos un todo, estamos conectados de formas que no nos imaginamos.

El efecto de nuestra mente sobre el cuerpo esta ampliamente estudiado. No hablamos de sanaciones mágicas, se llaman efectos biopsicosociales. Son cambios que ocurren en el cuerpo a medida que practicamos la meditación.

Cuando calmamos la mente y la enfocamos en pensamientos positivos, cuando esos pensamientos positivos nos invaden y nos llenan de sentimientos felices, le abrimos la puerta a la sanación. La salud no es solo física también tiene un componente emocional; si tratamos los dos como un conjunto, cualquier enfermedad se hace más llevadera.

La meditación no debería ser un ritual místico sino una práctica diaria, un sencillo tiempo para conectar nuestra mente y cuerpo y mejorar nuestro bienestar. Sin pretensiones, ni miedo de hacerlo mal, sin juzgarnos si tuvimos demasiados pensamientos o nos distrajimos.

20 minutos de los 1.440 que tiene un día para estar con nosotros mismos.

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