Megacolegios de Valledupar: mitad ladrillos y mitad cartón

13 de agosto del 2011

Por: Gonzalo E. Quiroz Martínez En días pasados en cumplimiento de una auditoría de matrículas que se le deben hacer a los dos megacolegios de Valledupar, de los cuales uno es administrado por la Diócesis de Valledupar y otro por la Fundación Minuto de Dios, tuvimos la oportunidad de ver de cerca la realidad y […]

Por: Gonzalo E. Quiroz Martínez

En días pasados en cumplimiento de una auditoría de matrículas que se le deben hacer a los dos megacolegios de Valledupar, de los cuales uno es administrado por la Diócesis de Valledupar y otro por la Fundación Minuto de Dios, tuvimos la oportunidad de ver de cerca la realidad y calidad de la construcción de los mismos.

El Megacolegio de la Nevada, llamado Ricardo González, su construcción aún está a medias, el contratista constructor se declaró en quiebra y FONADE aún no ha resuelto con el Ministerio de Educación Nacional la situación, hoy los estudiantes están recibiendo clases hacinados y en aulas no optimizadas para la actividad escolar, sin embargo desde Bogotá no se dice cuándo van a terminarlo y hacerle entrega formal a la administración municipal de semejantes infraestructuras, entrega que debe ser objeto de miles de observaciones y necesidades que no se contemplan de acuerdo a la situación ecoclimática de la ciudad.

El hecho aquí no es ver el bosque, aquí la situación es ver cada árbol del bosque, y es ahí donde abundan las llamadas “cosas raras de la construcción”, donde el interventor que viene desde Bogotá, seleccionado por FONADE, al parecer está ciego, porque no hay glosas de ninguna clase en los informes de interventoría.

El otro megacolegio ubicado en el barrio Francisco de Paula, bautizado con el nombre de Cesar Pompeyo Mendoza, supuestamente está terminado, con características de acordeón y lleno de una cromatografía que produce una maravillosa ilusión óptica, pero al momento de verlo de cerca y tocarlo, se observa que las deficiencias en la construcción presagian que dentro de tres años tendrán que reconstruirlo casi que completamente.

Los falsos muros exteriores están revestidos de una lámina metálica bien pintada con colores casi fluorescentes y por dentro es un cartón de esos que utilizan ahora para interiores de oficinas. Pero para el clima de Valledupar y la manera de llover, puede durar más una colombina en una fiesta infantil que lo que va a durar este tipo de materiales en una zona donde el sol, calor y la lluvia son de por si enemigos naturales de la resistencia material en las construcciones.

Ya las aulas se inundan y aún no ha comenzado la temporada invernal, el “Cartón” ya se está englobando y las filtraciones de agua por las bases es una constante. Cuando llueve con brisa, que en Valledupar siempre es así, los pasillos son caudales, para lo cual los administradores tuvieron que abrir boquetes en las zonas más bajas para que el agua salga y pero de paso no se meta en todas las aulas.

Como al Gobierno Nacional le gusta inaugurar con bombos y platillos, ojalá la administración municipal no se vaya a dejar meter el dedo, porque entonces será la responsable de costear posteriormente todas las deficiencias que hoy tienen los Megacolegios.

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