‘Memorias vividas en Cuadernos de Viaje’

13 de enero del 2016

“La memoria viva no nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia, pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron” Eduardo Galeano  Hace […]

“La memoria viva no nació para ancla. Tiene, más bien, vocación de catapulta. Quiere ser puerto de partida, no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia, pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron” Eduardo Galeano 

Hace un par de semanas se realizó en Bogotá el lanzamiento de un libro, que aunque no he leído por completo si ha llenado mis minutos de sentimientos encontrados, de alegrías, de sonrisas, de ilusión, de esperanza. El libro se llama ‘Memorias vividas en Cuadernos de Viaje’ una producción totalmente independiente.

Mi idea no es contarles en estas líneas un burdo resumen de este libro, que sé ha sido escrito con el corazón y vida de un amigo de camino, de un caminante de la vida, de un alegre en medio de tanta tristeza, de Erik Arellana, hijo de Nidya Erika Bautista. Mi idea es quizás antojarlos de comprar el libro pero también reconocer a esos y esas otras que ya no están con nosotros en presencia física, reconocer el trabajo que por medio del arte muchas personas, jóvenes y adultas han hecho por reivindicar a las miles de víctimas que nuestra Colombia lleva a cuestas.

Una mujer (Nidya) que según él mismo me contó (Erik) desde el exilio, fue una mujer aguerrida que quiso transformar la realidad de las mujeres, para que ellas, yo, nosotras, no estuviésemos más por debajo del dominio de estructuras patriarcales. Una mujer de paz. Una sindicalista, una militante. Una solidaria del menos favorecido.

Nydia Erika fue detenida, torturada y desaparecida un 30 de agosto de 1987. Tantos años después, Erik y su familia no han podido superar el dolor de la desaparición forzada, así el cuerpo de Nidya haya sido encontrado y exhumado.

Para mí es un gran reto escribir algo sobre Erik o sobre sus escritos, pues he visto en sus ojos, en sus sonrisas, las ganas que tiene de seguir adelante, las ganas con las que trabaja por los demás, con las víctimas. Como la poesía y la escritura se han convertido en su mejor instrumento para dar a conocer la historia de su mamá, la historia de miles más. En sus ojos, los de Erik y sin conocer más que por fotos y relatos de terceros a Nidya, puedo verla a ella.

Este libro estoy segura que es un homenaje, no solo a Nidya, a su familia, sino a cientos de familias, a cientos de detenidos, violentados, desaparecidos por un régimen que no soporta la diferencia, la crítica, la pluralidad.

Un escrito digno de recomendar, no solo por gusto, sino quizás también para que usted, querido lector, de ser así, lo critique. En eso está el placer del arte, en saberse diferente, pero en disfrutar desde el respeto cada producción.

Desde el exilio, Erik ha escrito poesía que sana, que reconstruye y que no permite el olvido. Así, que si desea, puede buscar este libro en Bogotá: ‘Memorias vividas en Cuadernos de Viaje’ de Erik Arellana Bautista.

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