Mendicidad

25 de agosto del 2018

Por Camilo Villegas

Mendicidad

Un amigo me dijo que lo primero que había notado al regresar de una larga temporada en otro país es que ha aumentado la mendicidad en Bogotá, y tiene razón. Lo percibes al regresar de unas vacaciones, en las calles, en los semáforos. En las puertas de las panaderías se amontonan, se desordenan, se les ve confundidos, generalmente vendiendo dulces, indiscriminados, faltos de individualidad, todas esas cosas, en fin, todo ese hacinamiento tan cruel como parece, es mera biología al servicio de una economía animalizada, en la que resultaría imposible hallar trazas de pensamiento racional.

Se ha elevado la mendicidad, te dices a ti mismo saliendo de una librería con las novedades literarias de septiembre. Ha aumentado la mendicidad, te repites calle arriba, hacia Chapinero. Cuatro palabras a las que das vueltas dentro de la boca, mezclandolas con la saliva, intentando extraer de ellas algún significado. Significan que hay más mendigos que cuando te fuiste, hasta ahí llegas. Hay más pobres que le sobran al Estado colombiano al modo en que le sobran los sirios al alemán. Sobran sus intestinos, sus caras, sus lenguas, sus bocas, sus pulmones, sus miradas extraviadas, sus palabras. Sencillamente sobran.

En el transporte urbano distingues claramente a los que sobran. Son cuatro y lo llevan escrito en la frente. Hay otros seis o siete a punto de sobrar. También lo llevan escrito. Los que no sobramos aún (pero que estamos a punto, casi a nada) nos alejamos de ellos por miedo al contagio.

Luego intentas refugiarte inútilmente en la lectura de las solapas del libro que acabas de comprar, pero te preguntas: ¿De quién son los mendigos? Tuyos no (¿por qué entonces esa incomodidad?). Ni de Peñalosa (de otro modo la alcaldía mayor de Bogotá no fabricaría bancos imposibles para impedir su descanso). ¿Pertenecen quizá al Ministerio de Justicia, al de Defensa, al de Trabajo, al de Ambiente y Desarrollo Sostenible, al de Minas, al de Cultura, al de Transporte, al de Hacienda? Mientras vas llegando a la cita con tu psicóloga, repasas ministerio a ministerio y compruebas que no pertenecen a ninguno, ni siquiera al de Justicia, que ya es decir. Tampoco al de la Solidaridad, que ni existe ni se le espera. Ha aumentado la mendicidad, una frase humilde, sencilla, impersonal, sin sujeto, como cuando decimos: llueve o hace calor. Un suceso atmosférico. La mendicidad como ese famoso fenómeno natural de variabilidad climática: El Niño.

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