Menos mal llega el tour

4 de julio del 2018

Por Hernán López Aya.

Menos mal llega el tour

Desde que mi novia de primaria me cambió por un pretendiente de más edad, no sentía una tusa tan brava.

Pero creo que esta tristeza actual es agridulce, me gusta sentirla y me sabe a limón o más bien a lemon. La Selección Colombia de fútbol nos volvió a ilusionar, como aquella pequeña novia, y nos dejó en el camino.

Pero no por culpa de ella, o tal vez sí. Pero no… es decir, a manera de reina, en sentido contrario, hombre con hombre y mujer con mujer. Va y viene, llega y se va, azúcar y sal, agua y aceite, frío y calor, mojado y seco, alegría, tristeza, felicidad y orgullo.

Me alcancé a ilusionar. Y me imaginé a Falcao García levantando la copa. Es quien, tal vez, se la merecía más que todos. Un tipo ‘berraco’ que nunca se rindió, supo esperar y logró su objetivo. Una persona seria que, como todo ser humano, ante las injusticias se descompone. No me imagino qué le dijo al juez del partido, cuando se le enfrentó.

Primero fueron 90 y punta de minutos haciendo fuerza. Hasta que llegaron los 194 centímetros más queridos de todo el país, a salvar la patria. Ese bendito negro de Guachené que pasó por encima de todos y metió la cabeza. Y le demostró al planeta que, con oportunidades, todos podemos salir adelante. Y más, cuando lo hacemos en grupo.

Aparecieron los penaltis y desaparecieron las alegrías (pero por muy poco tiempo). O si no pregúntenle al desconsolado ‘10’. Su cara, de frustración e impotencia, lo expresó todo.

Yo también perdí una final en esta instancia. En la gloriosa cancha del parque Los Tres Elefantes, del barrio Mandalay en Bogotá, con mis amigos de infancia nos la jugamos toda. Bueno, ellos más que yo porque hice honrosa parte de la banca. Un torneo de banquitas, disputado con grandes jugadores que también sintieron y vivieron la camiseta, patrocinada por padres de familia y amigos con plata.

Los lanzamientos fueron ejecutados desde mitad de cancha y sin arquero. Suena fácil, pero no. Fueron alentados por la barra de La Oficina, integrada por los demás compadres y las poquitas niñas que nos hicieron compañía en época de adolescencia (esto es otro tema…).

Sin empate no hay cobros. El marcador fue cero a cero. Los encargados de patear fueron Camilo Moreno, alias El Orejón, Carlos Aya, alias Gigio y Néstor Uribe, alias El Sopas (por su seseo al hablar). El resultado: desastroso.

Camilo y Gigio lo botaron, Néstor sí lo metió. La pena fue ahogada en eternas horas de reflexión acompañadas por Omacahtl, el dios de la fiesta azteca y por Baco, el dios del vino. Literalmente, ahogamos la tusa futbolera.

Al año siguiente la revancha fue en la misma cancha, de igual manera y con el triunfo a cuestas. Los penales fueron alegres, cobrados por El Zurdo, el Pollo y El Sopas. La barra alentó hasta el cansancio, celebró la copa y después fue recompensada con la compañía de Omacahtl, el dios de la fiesta azteca y por Baco, el dios del vino.

Literalmente, nos ahogamos en la rumba futbolera. Cerramos la alegría con sendas tandas de merengues armonizados por Wilfrido Vargas, Bonny Cepeda y Juan Luis Guerra; con vallenatos de Diomedes Díaz y la infaltable Salsa.

Muchos han relacionado al fútbol con ignorancia. Tal vez porque algunos atletas representaron mal al deporte y lo mancharon con escándalos, compras de partidos y de árbitros; y hasta drogas. Pero los 23 muchachos que estuvieron en Rusia 2018 y los que los antecedieron en Brasil 2014 se encargaron de demostrarle al país que 22 ‘empatalonetados’ que persiguen un balón en un campo de juego son capaces de unir a 50, 60 y 70 millones de personas, sin importar raza, color, nacionalidad o sexo.

Es una lástima que la Selección no haya logrado más camino. Quedan grandes recuerdos, grandes experiencias, una base futbolística seria y queda demostrado que a los árbitros ‘gringos’ les falta experiencia en este tipo de certámenes. Por favor, por la salud mental del fútbol, no los vuelvan a llamar.

De esta sensación agridulce, elemento principal de mi tusa, hace parte el Tour de Francia, que llega con el humilde Nairo, el deschavetado Rigo y el resto de escarabajos a hacernos las mañanas alegres. Ellos también merecen nuestro apoyo, nuestra celebración de sus triunfos y su esfuerzo.

La carrera nos ayudará a que la pena sea más llevadera y a que le hagamos duelo a la afortunada participación de Colombia en el mundial 2018.

La competencia consigue, en mi concepto, un tufillo de revancha. O qué mejor que Quintana atienda a Froome (nacionalizado británico) en la etapa a disputarse en los Pirineos, con solo 65 kilómetros de recorrido; o en el mítico Alpe d’Huez…

La conclusión: ¡a seguir haciendo fuerza!
Gracias, muchachos, por estas alegrías.

@HernanLopezAya

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