Ribéry, mi amor platónico

25 de mayo del 2013

A Ribéry lo abandonaron apenas nació, a los dos años estuvo involucrado en un accidente automovilístico y se destrozó la cara.

-¿Papá, quién es ese man?
-¿Cuál?
-Ese, el que la acaba de coger.
-¿Cuál?
-Ese, el medio rapado, el del medio campo.
-¿Cuál?
-Ese, el que la acaba de entregar.
-¿Cuál?
-Ese, el de la cicatriz en la cara.
-Ah, ese es Scarface.

“Ese es Scarface”, dijo mi papá y yo tuve que abrir Google para saber de quién hablaba, quería saber el nombre de ese francés que manejaba tan rico ese balón, lo encontré y me perdí en él.

‘K’ se ríe de mí mientras le cuento que Franck Ribéry era mi amor platónico de hace unos años y me dice “¿Le gustan los manes con cicatrices? ¿Le gusta que estén marcados permanentemente?”, yo lo miro a los ojos, le sonrío y le digo que ya escribiré al respecto, que me de la oportunidad de explicar.

Tengo dos tatuajes en mi espalda, una “B” en cada omoplato. No quieren decir Blackberry, ni Bebé, como se burlan constantemente mis compañeros de universidad. No. Eso también tiene una explicación. Alguna vez viví sola en Bogotá trabajando en bares cantando, era divertido, me pagaban por hacer el oso cada fin de semana y yo lo disfrutaba, porque cada nota era un acto de liberación. No siempre es fácil, a veces pasan semanas sin que te contraten, las universidades están en vacaciones, la gente sale a viajar, es navidad o año nuevo. En fin. Una vez duré con mi compañera de apartamento una semana entera alimentándonos con una bolsa llena de pan, una jarra de jugo y un paquete de cigarrillos. Creí que iba a morir de hambre, yo que debo comer cada tres horas y veo como un crimen de lesa humanidad a aquellos que se saltan las comidas por simple diversión o vanidad, sobreviviendo con un pan o dos. Ni se me pasaba por la cabeza llamar a mi casa porque el que quiere marrones aguanta tirones, yo me lo había buscado y estaba determinada a morir con las botas puestas si era necesario.

Franck Ribery, Kienyke

A Ribéry lo abandonaron apenas nació, a los dos años estuvo involucrado en un accidente automovilístico y se destrozó la cara, dicen varios expertos que es un milagro que esté vivo; gran parte de su niñez la pasó en un convento de monjas (ay), los niños se burlaban de él mientras se escondía en un rincón, luego fue albañil; siempre encontró en el fútbol su manera de escapar del mundo y hoy hace parte de uno de los mejores clubes del mundo.

El día en el que se acababa la bolsa de pan, llamaron de un bar, que trabajara esa noche, que había un evento, fui, canté y me deshice de la desesperación que alcancé a sentir. Esa misma noche me encontré a un amigo al que le conté toda la historia. Cuando terminé, me dijo “Eres bendecida con toda bendición, piensa que siempre hay personas que han pasado por un momento peor, que están pasando un momento peor y que no tienen forma de salir de ahí. Tú eres bendecida con toda bendición” repitió.

Ribéry se involucra en peleas y en controversias de las cuales prefiero no hablar, porque su mejor forma de enlazarse con el mundo la hace con el balón; cuando juega por el lado izquierdo logra conectarse tanto que, aunque uno quizás le esté haciendo fuerza al equipo contrario, consigue emanar esa magia que engancha.

Me enamoro de las historias de reconciliación con el mundo y con los demonios que a veces nos persiguen; me enamoro de esas personas que no logran conformarse con todas las circunstancias que les tocó vivir sin razón alguna, me enamoro de los que viven con cicatrices y logran levantar la cabeza mientras llevan el balón hasta el momento preciso del pase.

Espero que K lea esto y sepa que Ribéry y yo estamos marcados para siempre, no precisamente por las cicatrices que logran ver los demás y aunque todos se detengan en ellas, seguimos jugando con el fin de ganar.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO