Milagro azul

5 de junio del 2011

Soy hincha azul y como tal, reconozco como un milagro que el Millonarios de hoy esté a 90 minutos de la final del Fútbol Profesional Colombiano. Aceptémoslo: la defensa no es la mejor, el medio campo depende de un solo jugador que cuando no está, como en los dos últimos partidos, pasa lo que pasó contra el Caldas en Palogrande, y ayer contra la Equidad. Y la delantera…A veces contundente, a veces errada, a veces con nada.

Pero la intención de este artículo no es despotricar de mi equipo. Al contrario, estoy orgullosa de él. Orgullosa de Robayo, de Ramos, de Domínguez, de Tolosa y hasta de Richard Páez. Orgullosa porque no entiendo cómo este equipo, con sus dificultades técnicas, tácticas, “técnico-tácticas” y demás, puede hoy estar a un solo partido de jugar la final, una final que nos ha sido esquiva desde hace muchos años, incluso con jugadores mejores que los que hoy tenemos. ¡Es un milagro!

Pero la verdad, yo no creo en los milagros, no creo en esas manifestaciones divinas surgidas de la nada, no creo en que las cosas se dan por “obra y gracia del Espíritu Santo”. Por el  contrario, creo en que si algún hecho increíble sucede es porque obligatoriamente, sin querer o queriendo, algún ser vivo y terrestre hizo algo para que así pasara, y por eso creo que el hecho de que Millonarios esté hoy en las semifinales se debe a un milagro, pero a un milagro azul, en el que ha intervenido desde el hincha hasta los directivos, hasta la misma Noemí.

Para los azules, este año ha sido completamente diferente a los anteriores, incluso, al que ganamos la última estrella. Ha sido limpio, transparente, sin corrupción, sin cheques Garcías ni estafas López. Ha sido impulsado por el corazón del hincha y por la buena fe de empresarios honestos que sé que sobran en este país. Hoy, a los jugadores les pagan a tiempo y las sucias deudas del pasado están a poco de saldarse. Y hoy, se está formando un equipo, al que por supuesto le falta, pero que ahí va, pero que nos tiene en semifinales.

Lo que ayer vi en el Campín, en el juego contra La Equidad, fue una fiesta sin precedentes. Una fiesta a la que le faltó una victoria pero que no terminó en una derrota. Una fiesta en la que hinchas y jugadores fueron los protagonistas. Y sí, el empate fue sufrido, La Equidad nos acorraló por momentos, nos salvamos de muchas y nos tocó remontar el marcador las dos veces. Pero Millos también hizo lo suyo cuando pudo y a pesar de que no hubo victoria, el sueño de la 14 continúa.

Sin embargo, y por sorpresa, me encontré con algunos “hinchas” decepcionados del equipo. Decían, con esa propiedad que los caracteriza, con ese delirio de jugador y de técnico frustrado que llevan por dentro, que ese equipo es muy malo, que cómo puede estar en la final, que qué tristeza pagar por venir a ver este circo.

Y a esos “hinchas”, que por fortuna son pocos, les digo lo siguiente: se necesitan pelotas para jugar un partido como esos, pelotas que a muchos de ellos les faltan. El equipo de hoy, al que juzgan sin propiedad, y apuesto que sin conocimiento, los tiene cantando en semifinales, situación que hace años no ocurría, y es ese mismo equipo el que se estaba disputando hace unos meses un cupo para entrar a los ocho, con sus mismas falencias, con sus mismas virtudes, con los mismos jugadores. Y entonces, de qué se sorprenden. De lo único que hay que sorprenderse es de su unión, de sus ganas, de su lucha, características también ausentes durante mucho tiempo. Y digo su unión, porque últimamente vemos cómo al final de cada partido se abrazan en círculo, como un equipo. Digo sus ganas, porque en los últimos partidos, Millonarios ha empatado o ganado al último minuto y eso demuestra una lucha y compromiso con la camiseta que llevan puesta.

Hoy Millonarios está a 90 minutos de la final, con un rival que no es superior, porque si lo fuera, ayer hubiese ganado y quizás por goleada. Pero si así no fue es porque Millonarios tiene con qué y lo demostró en la etapa de todos contra todos, lo demostró contra el Caldas, en el Campín y en Palogrande, y lo demostró ayer, cuando al último minuto, buscó un penalti tan polémico como el de su rival, que le dio el empate y que deja la serie 0-0 para el partido de vuelta de las semifinales. Algo tiene Millonarios que hoy no sé con certeza que es, pero que nos pone a soñar, incluso estando conscientes de sus limitaciones. Pero lo que sí sé que tiene Millonarios es una hinchada inmensa que tiene derecho a celebrar, a ilusionarse, y a preparar una fiesta que, si termina como miles de corazones azules queremos,  tendrá espacio para muchos, incluso para esos “hinchas” oportunistas, que yo pensaba, solo se veían en la política.

En Twitter: @linitaburgos

Imágenes tomadas de: http://gentepasionyfutbol.com.co/wp-content/uploads/2011/06/millonarios-vs-equidad-300×194.jpg;  http://www.eltiempo.com/deportes/futbol-colombiano/IMAGEN/IMAGEN-9136229-1.jpg

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