Miseria

11 de agosto del 2011

Muchos en Colombia se vanaglorian de cambiar de televisor cada año. Se creen superiores a cualquier peruano, ecuatoriano, boliviano o cubano, y asumen que éstos son países en donde la miseria es palpable y creciente. Muchos en Colombia no perciben la miseria material, y menos cuando ésta no es un tema de interés para los […]

Muchos en Colombia se vanaglorian de cambiar de televisor cada año. Se creen superiores a cualquier peruano, ecuatoriano, boliviano o cubano, y asumen que éstos son países en donde la miseria es palpable y creciente.

Muchos en Colombia no perciben la miseria material, y menos cuando ésta no es un tema de interés para los noticieros ni tampoco algo que pareciera afectar al grueso de la sociedad colombiana. Son situaciones anecdóticas en las que un par de ratas devoran algún bebé, una mujer hace sopas de cartón, o en las que otra vende a sus hijos por no tener otra opción para poder comprar bazuco. Esa es la miseria que campea; un reciente informe señala que casi el 53% de la población urbana y casi el 89% de la rural vive por debajo de la línea de pobreza, datos que tienen sin cuidado a un país que vive más bien pendiente de unos cuantos partidos de fútbol.

En otros países latinoamericanos la situación puede ser similar. Corrupción creciente, índices de pobreza muy altos y violencia generalizada, pero en Ecuador, Perú o Bolivia la gente ha sido capaz de salir del letargo y decidir quiénes deben gobernarlos sin que medie la presión de grupos armados y tres o cuatro platos de lechona el domingo de elecciones.

Eso es Colombia, un país sumido en la miseria, pero no sólo en la miseria material sino en la miseria moral, espiritual o como quieran llamarla. Un país que prefiere que sus congresistas se enfrasquen en debates estériles sobre el futuro de un técnico de fútbol. Qué miseria de país.

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