Muertes de segunda

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Muertes de segunda

30 de octubre del 2017

El pasado 14 de octubre, se produjo en Somalia, este pequeño y muy sufrido país ubicado en el cuerno africano, uno de los peores atentados contra la población civil en la historia reciente, aunque en este atentado fallecieron 276 personas y más de 300 resultaron heridas, fueron muy pocos los medios de comunicación masivas que registraron el hecho.

No se vieron manifestaciones en redes sociales, ni frases de “yo soy somalia” o campañas similares, como las que invadieron las redes sociales cuando los atentados en Francia, los de Texas o contra los periodistas del semanario satírico Charlie Hebdo, no se vieron cambios en el perfil de las personas como solidaridad por los cientos de personas fallecidas en este infortunado atentado, propiciado presuntamente por el grupo terrorista Al Shabad.

Similar suerte se ha observado con otros eventos en los que personas pierden la vida pero que generan poca movilización social, una pobre respuesta en medios y una muy baja solidaridad, son contadas las voces que se levantan en contra de estos ataques a la humanidad de otras personas que, tienen los mismos derechos y que deberían contar en igualdad, con otras, en otras latitudes del planeta.

Pero, ¿qué hace que algunas muertes generen mayor rechazo que otras? ¿qué lleva a que los medios de comunicación, las redes sociales y las comunidades en todo el mundo se movilicen tan eficazmente con unas tragedias y no con otras de igual manera y con el mismo énfasis, pareciese que hubiese una categorización tácita de la importancia, según el lugar de procedencia, la raza, la religión o la ideología política.

Este mismo fenómeno que se presenta en todo el mundo, se puede observar de manera clara en nuestro país, mucho más últimamente, cuando se observa los innumerables casos de líderes sociales asesinados en lo que va corrido del año, los campesinos en Tumaco o los ex combatientes de las Farc asesinados con posterioridad a la desmovilización y que no han logrado el mismo despliegue periodístico o la movilización que si han generado otras muertes igual de lamentables.

A partir de este fenómeno, la preocupación se centra en el cómo despertar en la población mundial y en particular, la nuestra, la sensibilidad frente a los ataques a personas afectadas por cualquier ataque a su integridad, es necesario despertar en la sociedad la solidaridad por las vidas humanas, sin que los filtros para la movilización social sean de tipo político, religioso o cultural.

Cuando se politiza lo más fundamental; la humanidad, la esperanza de vida se reduce, nuestra sensibilidad humana se reduce a lo trivial y, por el contrario, lo fundamental como lo es la vida, desaparece por completo.

Pero esta no es una responsabilidad de los estados o los medios de comunicación, sino de nosotros como generación vigente, de promover el sentido crítico y la sensibilidad humana, para que las actuales y futuras generaciones, le den el valor que merece a cada vida, a cada persona, a cada ser humano.

Lo ideal es que no sigan las pérdidas humanas que la paz (o mejor, que los enemigos de la paz) han traído a nuestro país, lo ideal es que aprendamos a vivir en este mismo país, en este mundo, sin que nos matemos porque nuestro equipo de fútbol, nuestra religión o nuestro pensamiento es distinto al del otro.

Se hace necesario entender que las diferencias nos unen y que el hecho de que se es diferente al otro, no nos hace enemigos, se hace necesario retornar a nuestra humanidad más básica en la que haya las menores muertes posibles, pero que, de haberlas, sean vistas todas con la misma sensibilidad.

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