Nada

9 de septiembre del 2018

La naturaleza no acepta vacíos, los llena con hongos, agua o con el viento que arrastra lo que se encuentre hasta ese lugar. En el cuerpo humano un vacío se llena con líquidos. Suena un poco profundo reflexionar sobre aquello que no existe, de la nada, hasta que nos damos cuenta que de ahí sale […]

Nada

Foto: Shutterstock

La naturaleza no acepta vacíos, los llena con hongos, agua o con el viento que arrastra lo que se encuentre hasta ese lugar. En el cuerpo humano un vacío se llena con líquidos. Suena un poco profundo reflexionar sobre aquello que no existe, de la nada, hasta que nos damos cuenta que de ahí sale todo. Un pensamiento vacío es equivalente a no tener nada en mente. La máxima expresión de libertad que podemos experimentar es tener una idea.

Esa idea blindada por nuestra conciencia, está sujeta de ser expresada en un lenguaje que puede ser gráfico, verbal o escrito. Al hablar o escribir nos damos cuenta que estamos presos de no poder expresar todo lo que queremos con el idioma con el que nos comunicamos. Saber otras lenguas nos da una ventaja de relacionarnos con extranjeros. Sin embargo, lo ideal es, como Alicia en el país de las maravillas, saber el lenguaje de los perros.

Ese preciso momento, contenido en el espacio y el tiempo, es cuando ese vacío es ocupado por algo, ese algo normalmente es vida. Ver pasto en un bloque de cemento o a una pareja que no puede tener hijos y en el momento menos esperado la vida aparece, hace parte lo impredecible que somos.

Una gran idea o una mala idea se generan por la capacidad que tenemos de percibir lo que nos rodea. Todos percibimos de forma diferente. Nuestros sentidos reciben información todo el tiempo. Si no nos llega información, salimos a buscarla. Las ilusiones nacen por no procesar todo lo que abstraemos con nuestros sentidos.

El vacío se puede construir ignorando detalles. Hubo un experimento en el que un hombre se come un dulce de color azul y su compañero que estaba con él le pregunta, de qué color es el dulce, el muchacho, se pone el dulce debajo de la lengua y abre la boca. A pesar que la lengua estaba de color azul, su compañero no supo cuál era el color del dulce. Para Watson y Sherlock sería elemental, pero no es así. En el experimento nos damos cuenta que el compañero nunca supo el color del dulce. La realidad que se construyó fue falsa, sin embargo sus consecuencias no lo fueron. Con el poder sucede lo mismo, pero cuando no se sabe ejercer deja vacíos incompletos.

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