No maten al mensajero

20 de noviembre del 2018

Por Roberto Reyes.

No maten al mensajero

Al mejor estilo de cualquier novela de crimen y misterio se ha convertido el caso de Jorge Enrique Pizano, ex controller de la concesión Ruta del Sol II y su hijo, quienes fallecieron en su propia residencia en circunstancias bastantes particulares por decir lo menos, recientemente se descubrió un frasco grande de cianuro, convenientemente colocado en uno de los baños auxiliares de la casa, casi puesto a propósito con un mensaje claro hacia los investigadores, ya que, el “mensajero” dejó la bolsa del sitio donde se compró, sitio en el que además, por declaraciones de los dueños del mismo, es el único de todas las tiendas del distribuidor, que no cuenta con cámaras de seguridad.

Para enredar mas el caso, encontramos a los protagonistas del caso; un fiscal general, quien fuese abogado del Grupo Aval, que es además, otro de los actores importantes de este caso.

Pero la historia se complejiza mucho más, cuando la investigación, hecha por la Fiscalía, que es dirigida por nuestro protagonista principal, “descubre” que el señor Jorge Enrique Pizano no murió envenenado por el cianuro, por el que si con toda certeza, murió infortunadamente su hijo, sino que murió de causas naturales, lo cual hace pensar en aquel famoso chascarrillo que reza que después de tomar veneno, cualquiera naturalmente muere.

Sin embargo, el debate se ha venido desviando, apuntando a los periodistas valientes que han venido contando todo lo sucedido en esta macabra historia; desde quienes lo han venido contando y sacando a la luz publica toda la evidencia dejada por la misma víctima, hasta quienes ferreamente han venido defendiendo a nuestro cada vez menos confiable Fiscal General y a quien esta detrás de él.

De este caso quedan tantas dudas como reflexiones, desde la pregunta que acompañará este caso hasta el final y es ¿Quién es el verdadero asesino del ex controller y por ende, de su hijo?, detrás de este importante cuestionamiento, es inevitable pensar, en quien está detrás de todo este entramado de muerte y dinero, nunca antes visto en nuestra sociedad violenta y acostumbrada a muertes menos glamurosas, pareciera como si Colombia, se acercara peligrosamente a lo que fuese la más grande red criminal del mundo, en un parangón con la famosa mafia siciliana, en la que ya tenemos identificados al consigliere, que en la mafia italiana de mediados del siglo XIX, era quien fungía como consejero del Capo di tutti i capi o el “Don”, este es diferente al avvocato, quien era, para la mafia siciliana, su abogado o asesor legal y que era el que resolvía los asuntos legales del Don.

Para este caso y ya identificados casi todos los personajes de la novela, nos sigue quedando pendiente descubrir nuestro propio “Don”, nuestro Capo di tutti i capi, la pregunta sería si como país estamos en capacidad de aceptar la verdad y no terminar justificándolo como hemos hecho en ocasiones anteriores.

Colombia ha aprendido muy bien de otras historias de crimen, ha aprendido de los grandes traficantes, ha aprendido de las grandes sociedades criminales secretas, pero todavía no ha aprendido como sociedad a que la justicia llegue a todos por igual, sin importar el lugar que ocupe en esta pirámide criminal, pareciera que nos hemos acostumbrado a que la dignidad y el respeto no se logran por haber logrado escalar en lo más alto de pirámide de honestidad, sino la que se logra cumpliendo con los principios básicos para ser colombianos, esos que nos enseñaron desde pequeños; el colombiano es vivo, avispao, tiene malicia indígena, acá es donde el vivo vive del bobo, el ingenio paisa y otros ejemplos más de lo que, al parecer, significa ser colombiano.

Algunos tenemos la esperanza de algún día borrar de nuestra genética ese rasgo heredado que tanto daño nos ha hecho, esta puede ser una buena oportunidad para empezar, mostremos que podemos exigir al “Don” en esta historia –sea quien sea–, que tiene que pagar a la justicia lo hecho, como cualquier otra persona, es tiempo de entender que la justicia, como el sol, nos debe llegar a todos por igual y que el debate no es sobre quienes han venido develando los crímenes y delitos cometidos, sino sobre quienes cometieron el delito.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO