No quería tener blog

20 de junio del 2012

No quería tener blog.  Abrir uno es como tener un hijo o un tamagotchi; hay que alimentarlo, cuidarlo, estar pendiente cada determinado tiempo y hasta presentarlo con las amistades. Es una responsabilidad que uno mismo se echa encima porque en este mundo nos enseñaron que uno tiene que demostrar, mostrar y competir  o si no […]

No quería tener blog.  Abrir uno es como tener un hijo o un tamagotchi; hay que alimentarlo, cuidarlo, estar pendiente cada determinado tiempo y hasta presentarlo con las amistades. Es una responsabilidad que uno mismo se echa encima porque en este mundo nos enseñaron que uno tiene que demostrar, mostrar y competir  o si no uno no vende, no es nadie y por lo tanto no come. Y uno lo que necesita es comer.

No quería tener blog porque me daba infinita hartera tener que buscar y preparar tema, semana a semana, para demostrarle al lector que uno es inteligente, agudo, sabe de ortografía, está informado, analiza, es poético y hasta tiene posición política.

No quería tener blog porque uno está es acostumbrado a escuchar y creer en el presentador del noticiero del mediodía con pantalla touch, en el que publica en el periódico al lado de la caricatura o en el que tiene colgado el cartón de la maestría en la sala de su casa. No queremos leer a nadie que no tenga un mínimo de reconocimiento o un papel que certifique que pagó una millonada a crédito para tener derecho a opinar.

No quería tener blog porque, ¡caray! Internet está lleno de blogueros y blogs, algunos buenos y muchos muy malos, que echan su rollo en lindas prosas o parrafadas aburridoras que a la final sólo logran algunos likes y retweets en redes sociales y ninguna revolución, tal vez una que otra marcha, pero ningún cambio real. Ni siquiera descuentos en librerías, nada.

No quería tener blog porque la verdad no tengo nada diferente que decir. Lo mismo de todos: que Transmilenio es una mierda, que miembros de la Policía son pedidos en extradición por narcotráfico en lugar de estar evitando que maten gente en las calles por robarle un celular, que Petro qué carajos está haciendo, que el “Carrusel de la Contratación”, que quién mató a Colmenares (el novelón), que la nariz de Sigifredo López, que Justin Bieber y Álvaro Uribe son hashtag, que Álvaro Uribe sabe manejar webcam y sube videos caseros a YouTube (vea pues), que Dania en la revista Soho (y salió inmunda), que otra vez ese reality de pacotilla, que en qué país estará el presidente Santos, que no hay Director Técnico que salve a la Selección… En fin, lo mismo, lo de todos los días.

No quería tener blog porque escribir en la red sirve más como alimento para comentaristas carroñeros que esperan sigilosos a que el autor publique y ahí mismo caerle a punta de críticas, notas homofóbicas, maldiciones milenarias, propuestas indecentes y, sobretodo, madrazos. Pero eso sí, ninguno ayuda ni propone cosas mejores.

No quería tener blog porque tenía pereza y un poco de cobardía de decir lo que pienso, cómo lo pienso y de defenderlo, porque lamentablemente la sociedad es producto de un contexto radical, sectario y acusador que no le gusta la discrepancia, el libre pensamiento, la justicia ni la oposición. Juzga, ignora, rechaza y mata por un par de ideas, un par de palabras, un par de líneas. Y qué pereza.

No quería tener blog, pero ahora que tengo el espacio creo  que es peor no utilizarlo y seguir evitando la posibilidad de decir lo que otros no pueden (sea por la razón violenta o injusta que sea). Es peor dejar que otros sigan hablando por uno y seguir creyendo que ya no vale la pena decir nada en voz alta porque todo está perdido y todo está dicho.  Es peor quedarse viendo cómo los otros tratan de empujar mientras uno tiene las herramientas para ayudar. Así que ahora me aguantan.

@aspasiasegunda

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