¿Qué nos está pasando?

3 de febrero del 2016

Nada nos mueve, nada nos anima a sentar una voz de protesta en contra de la corrupción burocrática repudiable.

Escribo esta columna con una real indignación. No se qué es lo que está ocurriendo con nosotros los colombianos que solo nos movilizan los partidos políticos a su antojo, pero no tenemos el coraje como ciudadanos para protestar unificando fuerzas en contra de casos tan bárbaros, como el posible detrimento patrimonial de Reficar.

Nada nos mueve, nada nos anima a sentar una voz de protesta en contra de la corrupción burocrática repudiable y asquerosa, o de la poca virtud de las personas que eligen con arreglos políticos para altos cargos en el Estado.

En Argentina, al día siguiente de conocerse la intención de la Ley de Comunicación de Macri, las calles estaban rebosadas de personas haciéndose escuchar, en Francia un día después aún con el terror de otros posibles ataques, había personas en el centro de París abrazándose y honrando a las víctimas de la fatal masacre de noviembre.

Aquí por el contrario, ni siquiera sabiendo que de comprobarse el escándalo de Reficar, se convertiría este en el más grande caso de corrupción de la historia nacional con un fraude de 4.023 millones de dolares, nos atrevemos a hablar.

Según Semana, los sobre costos de la ampliación de esta filial de Ecopetrol, son más altos que lo que cuesta el Metro en Bogotá, incluso más altos que lo que costó la ampliación del Canal de Panamá.

Por otro lado, 20.000 millones de pesos tuvo que pagarle Peñalosa a la Superintendencia de Industria y Comercio como consecuencia de una multa interpuesta por esta entidad a la Administración Petro, por limitar la libre competencia en el caso del modelo de las basuras. ¿Quiere saber de dónde sale esa platica?

Realmente a veces me cuesta trabajo creer que hay esperanza. Alguna vez hablando con una amiga de Francia, ella me decía que en Europa habían logrado entender el valor de la libertad y de la vida, luego de tener que dormir cada noche con el miedo palpitante de que pudiese caer una bomba súbitamente para hacerlo todo añicos en la segunda guerra mundial.

Quizás algo así es lo que nos ha faltado en este país supuesto ejemplo para las democracias del mundo. Sí, tenemos un conflicto de más de 5 décadas que puede culminar este año, y en la época de los ochenta y noventa vivimos la demente catástrofe de las bombas del narcotráfico, pero tal parece que ni siquiera de eso quisimos aprender.

Se la hacemos fácil los ciudadanos a los políticos, aún con el papel fundamental que ha tenido el periodismo en el control del erario, y en investigaciones difíciles sobre temas como las chuzadas, o el mismo caso de Otálora. No convenimos en apoyar esas causas, y por el contrario dejamos que en el país ocurran cosas sin precedentes, porque nada nos interesa. Yo soy un amigo del deporte y de la cultura, pero seguiré creyendo que un país que demuestra más indignación en un caso como el del robo de la corona a la Señorita Colombia, que a un mega desfalco como el de Reficar, es un país en el que no hay fraternidad, ni unidad, ni sentido común.

Hace tiempo que la paz es un sinónimo de diferencia. Que si sí o si no, que terroristas, que bandidos, que uribistas, que santistas, y así pasan los días, mientras que los burócratas corruptos reparten contratos por doquier, y nadie se inmuta.

Algo pasa en este país, ¿qué será?

@santiangelro

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