¿Nos merecemos nuestra suerte?

12 de junio del 2013

Colombia, el menos querido país de Suramérica, el despreciado.  El de la revocatoria de Petro. El que cree que Mockus es un loco por intentar buscar un cambio desde el civismo de las Personas, desde la individualidad y el respeto. El que cree que Uribe es la solución a todos sus problemas. El país que […]

Colombia, el menos querido país de Suramérica, el despreciado.  El de la revocatoria de Petro. El que cree que Mockus es un loco por intentar buscar un cambio desde el civismo de las Personas, desde la individualidad y el respeto. El que cree que Uribe es la solución a todos sus problemas. El país que critica hechos sin pensar en circunstancias. El país de Manuel Teodoro, indignadísimo pero con memoria a corto plazo. Porque somos unos indignados, “¡Qué parranda de ladrones esos Congresistas!” por aquí, “¡Qué Presidente tan inservible!, ¡qué alcalde tan corrupto!” por allá. Pero seguimos reeligiendo. El país de Francisco Santos, que insulta un proceso de Paz sin seguir una línea de pensamiento propia, sino, como la mayoría de la acciones de un politiquero, por conveniencia, por masas, por mayorías, y además, olvidándose de sus propios pecados. Y hablando de pecados, el país de un procurador de las cavernas, increíblemente rígido con sus posiciones conservadoras, pero totalmente pecador dejando pasar por un lado el caos y la corrupción con el problema de Salud que envenena a Colombia. Un país que evita que los más pobres salgan de su miseria, pero que hace cada vez  más poderosos a los poderosos.  Hablo del país porque somos todos, hablo del país con cada uno de sus habitantes, de cada uno de los que ejercen la democracia absurda resumida al voto.

Se pueden hacer cosas distintas, se puede pensar diferente, pero se necesita quitar esa competencia estúpida que se hace a la hora de escoger candidatos, “porque si gana Juan Manuel Santos, entonces soy mejor, porque yo vote por él”. ¡No más!

Cuando los colombianos visitan la realeza

Es hora de sentarse a pensar que los problemas no se arreglan a los machetazos, que los problemas se solucionan mejor si se hace de raíz. Aún no es época de elecciones, pero siempre es época de Colombia. Si la suerte de este país es así, aparte de ser culpables aquellos a quienes con fe elegimos y se vuelven corruptos en el camino (O ya venían así, uno no sabe), somos culpables todos por no hacer un estudio juicioso de quienes van a ser nuestros gobernantes, de no hacer acciones propias para cambiar las cosas. Somos culpables por ser tan conformistas. “La gasolina sube, pero igual yo siempre le echo $20000 al carro, no me afecta”.

Hoy pueden sacar a Petro de la Alcaldía de Bogotá, mañana pueden reelegir a Juan Manuel Santos, poner en el poder a uno de los secuaces de Uribe o pueden seguir en el Congreso por los siglos de los siglos las mismas familias y los mismos que denominamos ladrones y corruptos. Y si eso pasa, ¿sabe quién los va a elegir y lo va a permitir? Nosotros, el país del “realismo mágico”, el de la hamburguesa con huevo de codorniz.

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