Y nuestra responsabilidad ecológica, ¿que?

Y nuestra responsabilidad ecológica, ¿que?

15 de febrero del 2017

Según el IDEAM, en lo que va corrido del año, se han alcanzado las mas altas temperaturas de las que se tiene registro en Colombia, sin embargo, este no es un fenómeno exclusivo de nuestro país, es una realidad mundial, de la cual, muchos actores a nivel mundial, ecologistas, ambientalistas y activistas en diferentes áreas relacionadas con el medio ambiente, nos han intentado advertir, sin embargo, pese a que ha habido algunos tímidos avances, las políticas ambientales, no dejan de ser escasas, e incluso, ineficaces en la práctica, ante la voracidad de la acción humana que cada día devora nuestro planeta.

En Colombia, aun persisten conductas sociales que se vuelven comunes pero que atentan de manera directa con el planeta y con el medio ambiente, sin que exista una verdadera sensibilización al respecto, conductas como los famosos “paseos de olla”, en los que familias enteras se reúnen alrededor de los ríos sin importar las consecuencias que esto trae para nuestro medio ambiente; basuras, desechos de todo tipo, contaminación auditiva, etc. Pero esta no es el único ejemplo, aun es común en algunos municipios ribereños, que las personas arrojen desechos a las corrientes de agua sin pensar que es de esa misma fuente de donde se extrae el agua para el consumo, riego de cultivos y demás, bajo la lógica de que lo que se arroja al rió, el rió se lo lleva y si no lo vemos, no existe, nada mas alejado de la realidad.

Ahora bien, existen otras fuentes contaminantes que se mantienen mas por la lógica Colombiana que por otras razones inmodificables, ejemplo de esto es la minería (legal e ilegal) o lo que ocurre con las industrias que vierten sus desechos sin ningún control a los ríos, quebradas y otras fuentes hídricas.

La constitución política de 1991 en Colombia, elevó a norma constitucional la conservación de nuestros recursos naturales y el medio ambiente, insistiendo en la comprensión del medio ambiente como un patrimonio común, esto se traduce, según el articulo 8, en una obligación ciudadana para la protección de las riquezas culturales y naturales, sin embargo, es inevitable preguntarnos, ¿que tan conscientes somos como colectivo de esta obligación?, ¿que necesitamos para cambiar esta realidad?, los cambios climáticos nos llevaran forzadamente a cambiar nuestras conductas contaminantes, pero también es imperativo que los gobiernos locales, regionales y nacional, así como las grandes industrias asuman este compromiso para el bien colectivo, no puede seguir tan bajo compromiso con nuestro país, por acción por parte de las empresas u omisión por parte de los gobiernos, que por diferentes intereses, su reacción ante estas acciones, termina volviéndose mas grave que la misma contaminación.

Ejemplos de esto son muchos, la contaminación del río Bogotá gracias a las curtiembres de los municipios cercanos, la desviación del río Ranchería en La Guajira o lo ocurrido con el Páramo de Santurban en Santander, son solo algunos de los mas sonados casos o por lo menos los que generaron algún despliegue de medios, sin embargo, en ninguno de estos casos ha habido acciones de fondo que eviten que el daño continúe o se proteja el medio.

Es imprescindible que como colectivo nos volvamos actores activos de protección de nuestro medio ambiente, si no queremos que sea nuestro planeta que nos recuerde que en este planeta somos invitados, somos solo habitantes transitorios de este territorio y que es nuestro deber protegerlo, para nosotros, por nuestros hijos y futuras generaciones.

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