Nunca hables con extraños, a menos que sean interesantes – I

6 de septiembre del 2012

Estaba yo vagando por la misma área de la ciudad que había recorrido varias veces los días anteriores y decidí cambiar de rumbo sin pensarlo. Tomaría un tren que no hubiera usado antes para ir a caminar por calles nuevas, el destino era lo de menos, podía volver cuando quisiera y ya sabía cómo hacerlo. […]

Estaba yo vagando por la misma área de la ciudad que había recorrido varias veces los días anteriores y decidí cambiar de rumbo sin pensarlo. Tomaría un tren que no hubiera usado antes para ir a caminar por calles nuevas, el destino era lo de menos, podía volver cuando quisiera y ya sabía cómo hacerlo.

Entré a la estación donde pasaba la línea que necesitaba, el cansancio de los días anteriores se manifestaba poco a poco en mi cuerpo así que me senté en una banca vacía a esperar el tren. Mientras observaba la poca gente que caminaba por la plataforma, algo inusual para ser la hora del día en que la gente abandona sus trabajos, mis ojos encontraron la figura de un hombre con atuendo deportivo y una cámara fotográfica en la mano. Estaba preguntándole a una joven mujer si le permitía tomarle una fotografía, ella se negó y se alejó rápidamente, justo después lo vi dirigirse a la silla donde yo estaba sentada y pensé que ahora querría fotografiarme a mí, mi reacción inicial fue que me negaría pero no hubo necesidad.

Tras estar sentado unos segundos a mi lado me preguntó de dónde era, le respondí y luego dijo que en ese caso no podría comentarme algo acerca de  literatura nacional. Noté que el libro que llevaba en las manos era usado y como en los próximos días quería ir a comprar algunos títulos me animé a continuar la conversación, quise saber si conocía alguna tienda interesante en donde pudiera encontrarlos, me habló de una donde se encontraban ejemplares nuevos y de segunda mano.

Después de hablar un poco más, el tren se demoraba, le pregunté si podría acompañarlo mientras llegaba a su destino, sólo quería caminar y conocer un poco más de la ciudad, aceptó, entramos juntos al vagón cuando finalmente apareció. En el camino me mostró algunas de las fotografías que toma, tanto de personas como de objetos, siempre en la calle.

Llevaba dos maletas enormes llenas de lentes y accesorios para su cámara, además me iba contando que estaba estudiando fotografía, pero que más que todo su día a día se trataba de eso, de caminar por la ciudad, hablar con la gente y retratarla cuando se lo permitía. Él también quiso saber de mí, le conté brevemente, me interesaba más lo que él tuviera para decir . Más adelante me propuso ir a ver el río y caminar por las calles de su barrio mientras llegaba a su casa, en donde se prepararía para ir al gimnasio donde practica boxeo, yo acepté y al llegar a su parada descendimos del tren, subimos unas escaleras y salimos a una zona de la ciudad que yo ya reconocía un poco, repetimos una parte del recorrido que había hecho con una amiga en días anteriores pero con otra luz, el sol se estaba yendo.

Tras tomar algunas fotos, volvimos a los alrededores de la estación y llegamos hasta un callejón a media cuadra de su edificio. Antes de despedirse me aclaró que no estaba buscando ningún tipo de relación romántica, que tenía muchos asuntos personales por resolver pero que si aún así quería su compañía para recorrer la ciudad con gusto me la ofrecía, después me entregó una tarjeta, la misma que le entrega a los extraños a quienes fotografía en caso de que quieran sus imágenes.

Esa noche me dejó sola y maravillada, la vista de la ciudad con sus luces nocturnas era conmovedora, me quedé unos minutos intentando lograr una buena imagen, una tipo postal de ese paisaje urbano que estaba frente a mí.

Publicaré la segunda parte el próximo jueves.

@licuc

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