Objetos melancólicos

5 de septiembre del 2011

Los objetos melancólicos suelen ser más numerosos y queridos cuando son objetos musicales. El jazz y lo que éste implica, discos de 78 revoluciones y gramófonos, la música un tanto metálica y opaca. También el ruido de la aguja que raya y luego toca lo rayado. El mismo ruido, pero algo más sofisticado en los […]

In Rainbows rodando

In Rainbows rodando (AFH)

Los objetos melancólicos suelen ser más numerosos y queridos cuando son objetos musicales. El jazz y lo que éste implica, discos de 78 revoluciones y gramófonos, la música un tanto metálica y opaca. También el ruido de la aguja que raya y luego toca lo rayado. El mismo ruido, pero algo más sofisticado en los discos de los Beatles y de los Rolling Stones. El amor desmedido al primer walkman, con su diseño austero y fino. Amor por la música personal y los aparatos hechos en Japón. Los primeros CDs en los que las canciones eran impresas en la parte superior dejando ver aquellos arcoíris circulares. Los coleccionistas de salsa con cientos de discos en vinilo en casa. Películas de la segunda guerra mundial con nazis que ponen discos de Wagner en gramófonos de latón perfecto y brillante. Partituras en papel de algodón, con tinta y caligrafías perfectas. Las partituras de Mozart hechas en limpio de una sola vez. Instrumentos musicales con cientos de años de vida. Violines que entre más viejos suenan mejor. Luego, otra vez, los vinilos, sus agujas, su poca calidad apreciada ahora como algo perfecto. La era digital que se ejemplificaba en el láser del disco. Fidelidad completa, primero odiada por los melancólicos, ahora vuelta a amar por una nueva generación de melancólicos en la época del mp3.

Son todos objetos melancólicos, odiados en su tiempo por puristas, aceptados a pesar de todo y luego amados cuando son obsoletos. Son piezas de museos personales. Objetos melancólicos y en su mayoría musicales. Porque está en la música la capacidad hacernos recordar. De llevarnos al pasado casi sin quererlo. Si la literatura nos lleva a nuevos mundos, la música nos lleva a un mundo propio. Un mundo dignificado por la memoria. Glorificado. Canciones que nos llevan a la infancia, a la juventud y nos recuerdan un pasado que simple es mejor. Sin problemas, sin dolores o enfermedades. Imágenes filtradas por la memoria. Imágenes que encuentran sentido en estos objetos, en objetos melancólicos que las posibilitan y a la que están atados.

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