Odios inútiles

6 de abril del 2015

Bien lo recordaba Daniel Samper en su columna del pasado domingo, cuando relataba cómo el presidente Juan Manuel Santos se convirtió en el judas del mesías. Llegó al poder con un proyecto de nación, basado en la sonada seguridad democrática, y unos años después le dejó de contestar el teléfono y de atender el whatsapp […]

Bien lo recordaba Daniel Samper en su columna del pasado domingo, cuando relataba cómo el presidente Juan Manuel Santos se convirtió en el judas del mesías. Llegó al poder con un proyecto de nación, basado en la sonada seguridad democrática, y unos años después le dejó de contestar el teléfono y de atender el whatsapp a su predecesor.

Hoy ya la guerra es declarada, y el orgullo a Uribe ni siquiera le permitió aceptar la invitación del inquisidor, perdón, del procurador Ordóñez para que hiciera parte de la comisión asesora.

Los diálogos de paz han sido un tema que si bien han logrado la unificación de un gran sector de colombianos, también han llevado a la polarización con respecto a ciertos puntos específicos de la agenda de conversaciones.

Hay quienes dicen que el anhelo de Santos es convertirse en nobel de paz a como de lugar, y que a eso se está dedicando de fondo, descuidando al país en materia de las reformas que supuestamente nos vienen aplazando desde hace más de 60 años con razón del conflicto armado. William Ospina ha criticado dichos anhelos de paz, argumentando que el único objetivo del gobierno es llevar a Vargas Lleras a la presidencia en el 2018, y hacer que el fin del conflicto se firme para consolidar a Santos como un ídolo mundial. Yo no estoy de acuerdo.

Si bien, son obvias las ambiciones de poder del vicepresidente actual, no podemos olvidar que la construcción de todas esas viviendas gratis, bien o mal, le ha significado un techo a familias que antes no lo tenían. Suene populista o no, hay personas en condiciones mucho más dignas hoy, gracias a un proyecto de Estado, que ha buscado la inclusión social.

En educación, el otorgamiento de las 10.000 becas tan criticadas por el movimiento estudiantil, son un avance histórico. Nunca antes en Colombia se le había dado la posibilidad a 10.000 jóvenes, de que eligieran estudiar en la Universidad que quisieran de manera gratuita. ¿La única condición? Tener mérito académico, una gran lección para los corruptos de las altas cortes.

Inclusive  Petro a quien tanto critico en mis columnas, ha hecho un papel fenomenal en el tema de la inclusión. Su propuesta de las viviendas para víctimas en zonas estrato 4 y 5 de Bogotá es revolucionaria, y hace algunos días el alcalde publicitaba la graduación de habitantes de la calle, en programas técnicos. Eso es hacer país. Eso es cambiar el paradigma que tan bien aprendido tenemos los colombianos, acerca de que aquí la cosa siempre será igual.

La paz, no es un capricho personal, no es un objetivo independiente, es algo que a todos los colombianos nos debe  cohesionar para buscar juntos una propuesta de país que se consolide a través de la historia y que perdure en la memoria de los futuros dueños de estas tierras para que nunca jamás los hechos de los que hoy nos lamentamos vuelvan a ocurrir. Ese es el verdadero sueño.

Nota: Senador Uribe, el país se está olvidando de usted y de su discurso trasnochado. Es mejor que la historia lo recuerde como un líder empedernido en pro del bienestar y del futuro de la sociedad colombiana, y no como un crítico molesto y envidioso de la paz colectiva. Tome ejemplo de Carlos Gaviria.

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