Oír y no escuchar...

Lun, 19/11/2012 - 04:05
[caption id="attachment_255592" align="alignright" width="300" caption="Tomada de dipity.com"]
[caption id="attachment_255592" align="alignright" width="300" caption="Tomada de dipity.com"][/caption]Recuerdo aquel día en que llegué a Bogotá: salía del terminal de transportes con mi caja de plátanos, mi gallina en un costal, mi bloque de queso crema, unas hojas de plátano que protegían un quesillo comprado en el camino, unas deliciosas cucas que mi abuela había preparado y por supuesto las achiras que desde esa vez nunca faltaron en mis viajes. Pero quizás lo que más recuerdo de ese día es la voz de un señor que con tono morboso, comentaba sin contenido crítico las noticias que iba leyendo en su laptop, mientras el taxista me decía: que inteligencia la de Darío, que don de gentes. Yo desde aquel momento me decidí a seguir escuchando esa "gran" voz –al fin y al cabo yo venía a Bogotá a culturizarme–. Así que mi vida transcurría entre mi universidad y los comentarios del instruido Darío. Pero el tiempo fue pasando y empecé a escucharlo con mi contenido crítico y no con el que él había creado en mí y escuché muchas incoherencias. No me olvido de aquella vez en que llamó a Uribe mientras éste era presidente y le dijo: –doctor Uribe, gracias: desde que usted llego al país Colombia es diferente, la pobreza ha disminuido, la guerra se está acabando, los colombianos ya podemos viajar a melgar, muchas gracias–, al día siguiente: –Colombia va por mal camino, camino que trazamos el día que permitimos que ignorantes colombianos votaran por Uribe, que pésimo presidente, que gran catástrofe–. Desde aquel día preferí vivir desinformado que era mejor que estar “informado” por gente como Arizmendi, a quien le había quedado grande hablar como lo recomendó Camus: con lucidez, rechazo, ironía y obstinación. Había decidido abandonar mi oficio de radioescucha por completo, hasta que, por esas cosas absurdas de la vida, habiéndome subido a un taxi escuché la voz de un señor que con hablado bogotano y acento inglés, realizaba entrevistas a grandes personalidades del país y del mundo, lo que llamó mi atención. Entonces, fue cuando le pregunté al conductor sobre quién era el poseedor de tan gran voz, y éste muy eufórico me dijo: –esa es la voz de julito, él es un duro, hasta habla inglés–. En ese momento pensé que me estaba perdiendo de algo muy importante, quizás, hasta de encontrar ese toque de cultura que no había encontrado con Darío. Mis mañanas pasaron de estar animadas con Joaquín Bedoya y Gildardo Montoya en caracol radio, al gran Paul Mccartney, Bob dylan, Sheryl Crow, Don Byas y el colombiano chabuco. Comencé de nuevo. Esa mezcla de radio BBC News y W radio era perfecta, garantizaban el toque internacional que deben tener los medios para una información global, sin embargo, iba pasando el tiempo y me empecé a dar cuenta de muchas cosas: me encontraba frente a una cadena radial de talla internacional que tenía un doble componente perjudicial para mi crítica, su morbosidad y su oportunismo. Mientras la mayor preocupación de los oyentes de la W era que Julio no les colgara el teléfono mientras estos llamaban, la mía giraba en torno a las consecuencias que podría traer el escuchar este tipo de emisoras. Hoy día mí preocupación sigue vigente, sin embargo, ya no puedo abandonar mi oficio de escuchar emisoras, que le vamos a hacer, el problema ya se creó y no se solucionó, quizás lo que debo hacer es dejar de escuchar y simplemente oír la radio, así sigan en ella “periodistas” como Julio y Darío, hombres tan dignos de oportunismo y publicidad como sus patrocinadores. Twitter:@davidleogo Blog:Locura Colombiana
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