Otra base para no dejarse engañar

31 de mayo del 2018

Por Javier Giraldo.

Otra base para no dejarse engañar

Foto Javier Giraldo Acosta/Kienyke

Hay una norma que busca proteger a quienes compran por Internet e inclusive a quienes terminan adquiriendo productos o servicios por fuera de un mostrador tradicional de un almacén, sobre la cual quiero contarles en esta entrega, para seguir con las ideas para promover el consumo responsable.
Hablo del Decreto 1499 de 2014 que expidió el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, que en su artículo 3 considera escenarios no tradicionales al lugar de trabajo o de residencia del consumidor; cualquier sitio en donde el vendedor aborde al cliente  de forma intempestiva, por fuera de un local comercial; y los escenarios adonde el consumidor sea llevado para “aminorar su capacidad de discernimiento”.
La norma indica que a pesar de que el cliente sea abordado en la calle, en corredores o en cualquier otra parte, desde el principio, los vendedores deben aclarar su intención de venta, más aún si conducen al cliente a sitios en donde hayan organizado como estrategia de venta una jornada de recreación para hijos, de copas para él, de charlas masivas o individuales todo con el fin de ofrecer planes vacacionales, finca raíz, proyectos de tiempo compartido, cursos de idiomas, seguros de cualquier tipo, etc.
E insiste en que los vendedores deben conservar constancia de las condiciones que le presentaron al cliente, que se las deben entregar, que deben cumplir con los plazos de entrega pactados y, en todo caso, deben respetar el derecho de retracto que considera la Ley 1480 de 2011, conocida como Estatuto del Consumidor.
Hace varios años tuve oportunidad de conocer las técnicas de ventas que usan los vendedores de tiempos compartidos. Ellos saben cómo sentar a las parejas para que las señoras se ilusionen y convenzan a sus esposos para aceptar.
Han estudiado psicológicamente qué tan cercana es la relación de aquellos a quienes abordan, según la cercanía con que caminen. Saben qué música poner mientras hablan y cómo desvirtuar los argumentos que alguien esgrima para tratar de salirse de la conversación que los lleve al cierre de la venta. Es más, ni siquiera dicen el precio dimensión total del cobro, sino que escriben los miles (o los millones) de pesos en cifras sin tantos ceros. Algunos aprendieron a escribir al revés y sin mirar para que en un escritorio no pierdan segundos preciosos para concretar el negocio.
Son agresivas tácticas de venta bajo presión sobre las cuales debemos estar enterados para saber que retan en vivo o por teléfono el orgullo y la autoestima del interlocutor para que demuestre su autonomía o su capacidad con la compra. “No me interesa” y más: “no tengo dinero” son los más difíciles argumentos que protegen al consumidor, pero que por pena muchos no utilizan.
He de confesar que una vez, en Girardot, mientras esperaba la hora para poder acceder al hotel en donde había reservado, acepté ir a una sesión de estas que incluía bebidas para quien me acompañaba y para mí y como prometieron que solo me demorarían una hora, les hice la charla sobre mil experiencias relacionadas con el sueño de vacaciones que me propusieron y cumplido el tiempo les dije que me tenía que ir. Quedaron absortos, llamaron a toda la tropa e inclusive me argumentaron que al entrar yo había firmado un compromiso que decía que debía oír la propuesta, que aún no me habían hecho. Les subrayé otra parte del “acuerdo” que decía que era por 60 minutos y me fui a instalarme en mi hotel.
A muchos les puede parecer picardía mía, pero no es clara la estadística de cuántos compran cursos, seguros, planes de gimnasio, de copropiedades y demás que por incumplir en sus pagos o no asistir (porque no los necesitaban en serio) terminan siendo la causa para perder dinero. ¿Por qué no sacar una ventaja de quienes están necesitados por vender? Pero mejor: ¿por qué no tener claro que su compra se debe basar solo en su decisión, luego de comprobar su necesidad y de buscar una alternativa que de verdad le convenga?
PS/ Como reacción a mi texto anterior, recibí por Twitter un mensaje de Claro (empresa que no mencioné en mi texto) que me parece… mejor califíquenlo ustedes:
 El “DM” también habla de su problema cardíaco.

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